viernes, 29 de abril de 2011

Trasladan los restos de Juan Pablo II


El féretro con los restos de Juan Pablo II fue sacado hoy de la tumba que ocupaba en las Grutas Vaticanas y colocado sobre un catafalco cubierto con una tela blanca delante de la monumental tumba de San Pedro.

El ataúd permanecerá en ese lugar hasta la mañana del 1 de mayo, cuando será trasladado ante el Altar de la Confesión de la basílica de San Pedro, para que los fieles puedan venerarlo una vez beatificado por Benedicto XVI.

La caja, informaron a Efe fuentes vaticanas, fue sacada pocos minutos después de las nueve de la mañana (07.00 GMT) por personal del Vaticano.

Las Grutas Vaticanas (cripta de la basílica de San Pedro) permanecerán cerradas al público desde hoy hasta primeras horas de la tarde del 1 de mayo.

El féretro con los restos del papa Wojtyla, fallecido el 2 de abril de 2005 a los casi 85 años (los habría cumplido el 20 de mayo) no será abierto, ni el cadáver exhumado, debido al corto espacio de tiempo que hace desde su fallecimiento.

Una vez que Benedicto XVI lo haya proclamado beato, en una ceremonia que comenzará a las nueve de la mañana del primero de mayo, el papa Ratzinger y los cardenales con los que concelebrará la misa irán en procesión desde la Plaza de San Pedro hasta el interior de la basílica, donde se postrarán ante el féretro y rezarán.

Después, todos los fieles que lo deseen podrán acercarse hasta el féretro para rendir homenaje al papa que guió a la Iglesia durante casi 27 años (1978-2005) y la introdujo en el tercer milenio.

La basílica de San Pedro estará abierta mientras dure el flujo de fieles para permitir que los cientos de miles que se esperan puedan rezar ante el primer pontífice polaco de la historia.

Una vez concluida las celebraciones, el féretro será trasladado a la capilla de San Sebastián del templo vaticano, para permitir una mayor afluencia de fieles en el futuro.

Esta capilla, situada entre la que acoge a la "Piedad", de Miguel Ángel, y la Capilla del Santísimo, ha sido restaurada, con nueva iluminación y sonido, y guarda actualmente los restos del papa Inocencio XI (1611-1689).

Precisiones.

Los restos de Juan Pablo II han reposado desde el 8 de abril de 2005, fecha del funeral, en las Grutas Vaticanas, en la que fue tumba del beato papa Juan XXIII y a pocos metros de la tumba de San Pedro.

Juan Pablo II era el único papa enterrado entre dos reinas, Cristina de Suecia y Carlota de Chipre.

Hasta ahora, una sencilla lápida de mármol blanco jaspeado cubría la tumba del papa polaco, que se convirtió en lugar de peregrinación de fieles de todo el mundo.

Según datos del Vaticano, una media de más de 20.000 personas la visitaban a diario.

"Ioannes Pavlvs PP II. 16.X.1978-2.IV.2005" eran las únicas letras y números grabados en la losa de mármol, proveniente de la famosa montaña de mármol de Carrara, en el noroeste italiano.

Agencia EFE

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Programa de celebraciones por la Beatificación de Juan Pablo II



VATICANO, 29 Abr. 11 / 09:59 am

La protagonista del milagro que permitirá la beatificación del Papa Juan Pablo II, la religiosa francesa Marie Simon Pierre que fue curada del Parkinson, dará su testimonio personal el sábado 30 de abril en la vigilia que se celebrará en el Circo Massimo en Roma en la víspera de la beatificación del Pontífice polaco.

En esta vigilia también darán su testimonio el ex Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls y del Cardenal Stanislaw Dziwisz, quien fuera secretario personal de Juan Pablo II por más de 40 años.

Esta vigilia contará además con la participación del Coro de la diócesis de Roma y la Orquesta del Conservatorio de S. Cecilia. El coro de la comunidad filipina de Roma y el coro Gaudium Poloniae interpretarán dos pieza tradicionales.

Antes de los testimonios, en la primera parte de la vigilia se ha previsto una celebración de la memoria, en recuerdo de las palabras y los gestos de Juan Pablo II: "en el palco –dijo Mons. Frisina– habrá una gran reproducción de la imagen de María Salus Populi Romani, patrona de la ciudad de Roma. También reviviremos –con imágenes- los últimos meses del pontificado de Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento".

Al final de los testimonios, en los que hablarán también algunos jóvenes romanos, se cantará el himno "Totus tuus", compuesto en el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II (1996).

Mons. Frisina señaló que la segunda parte comenzará con unas palabras del cardenal Agostino Vallini, vicario general para la diócesis de Roma, que "presentará en modo sintético la personalidad espiritual y pastoral del beato".

Después se rezarán los Misterios de la Luz del Santo Rosario, creados por Juan Pablo II, y se hará en conexión directa con cinco santuarios marianos.

Cada uno de los Misterios estará ligado a una intención de Juan Pablo II: en el santuario Łagiewniki, en Cracovia, la intención será la juventud; en el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania), la familia; en el santuario de Nuestra Señora del Líbano - Harissa (Líbano), la evangelización; en la basílica de Santa María de Guadalupe, de Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima, la Iglesia.

Al final, el Papa Benedicto XVI en conexión desde el Vaticano, rezará la oración final e impartirá la bendición apostólica a todos los participantes.

Antes de la Eucaristía de beatificación del domingo 1 de mayo, habrá una hora de preparación que comenzará a las 09:00 a.m. en la que se rezará la Coronilla de la Divina Misericordia, devoción introducida por Santa Faustina Kowalska, y muy apreciada por Juan Pablo II. Acabará con una Invocación a la Misericordia de Dios en el mundo, con el canto "Jezu ufam Tobie" (Jesús, confío en ti).

Luego de la Misa, tras la fórmula de beatificación, se descubrirá un tapiz con la imagen del nuevo beato y se cantará su himno en latín. Al final de la Misa se llevará al altar una reliquia de Juan Pablo II para la veneración de todos los fieles.

El lunes 2 de mayo, la Misa de acción de gracias que presidirá el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, será precedida por una hora de preparación en la que se escuchará algunas poesías del Papa Juan Pablo II recitadas por dos actores, uno polaco y otro italiano.

La Misa contará con la participación del Coro de la diócesis de Roma, con la participación del Coro de Varsovia y de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Katowice (Polonia). Los textos serán los de la Misa del nuevo Beato.

Por su parte, Walter Insero, responsable de la Oficina de Comunicaciones del Vicariato de Roma, explicó que de sábado para domingo se vivirá en la Ciudad Eterna, la llamada "Noche Blanca" de oración.

"Después de la vigilia en el Circo Massimo y a partir de las 23:00 será posible seguir rezando hasta el amanecer en ocho iglesias del centro que se encuentran a lo largo del recorrido que desde el Circo Massimo lleva a la basílica de San Pedro: Santa Anastasia, San Bartolomeo allIsola, Santa Agnese in Agone (en Plaza Navona con un grupo de jóvenes polacos), San Marco al Campidoglio, Santissimo Nome di Gesú allArgentina, Santa Maria in Vallicella, San Andrea della Valle y San Giovanni dei Fiorentini".

"Los jóvenes romanos, animadores de esta noche de fe, acogerán a los peregrinos invitándolos a entrar en la iglesia y a unirse a la oración".

A lo largo de la noche, explico Insero, "y siguiendo un esquema común adoptado en las iglesias que participan en la iniciativa, habrá lectura y meditación de la Palabra de Dios, silencio y adoración eucarística; lectura de algunos textos de Juan Pablo II dirigidos a los jóvenes, testimonios y cantos de algunos jóvenes, rezo del Rosario y de la corona de la Divina Misericordia. En estas ocho iglesias numerosos sacerdotes estarán disponibles para las confesiones".

Walter Insero explicó finalmente que el comedor para los pobres y el centro de escucha de la Caritas de Roma en la estación Termini se dedicarán a Juan Pablo II, como "señal de la caridad que la diócesis de Roma promueve en recuerdo de su amado obispo, para recordar su solicitud pastoral hacia los más pobres".


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jueves, 28 de abril de 2011

Karol, el hombre que se convirtió en Papa

- Una hermosa película en dos partes -


Primera Parte (82 minutos)




Segunda Parte (104 minutos)



Título: Karol, el hombre que se convirtió en Papa
Género: Drama
País: Italia
Duración total: 186 minutos
Calificación: Todo Público
Año: 2005
Música: Ennio Morricone
Productor: Pietro Valsecchi
Guión: Giacomo Battiato, Gianfranco Svidercoschi
Fotografía: Giovanni Mammolotti
Actores: Raoul Bova, Piotr Adamczyk, Toni Bertorelli, Szymon Bobrowski

Sinopsis: Polonia, década de 1930. Karol Wojtyla, de 10 años, tiene sueños, muchos sueños. Uno detrás de otro van haciéndose añicos. Primero por la pérdida de su querida madre y de su hermano. A continuación, por el estallido de la guerra seguido del éxodo de quiénes huían de la muerte. Y por último, por los primeros indicios de persecusión de los judíos. Estos acontecimientos marcarán el inicio de la larga odisea de Karol, de obrero a poeta y profesor. Una odisea llena de encuentros que acabarán llevándole al sacerdocio y, al cabo, en 1978, a convertirse en el hombre que todos conocemos ahora: un hombre que ha marcado una época y que ha hecho historia. Con una extraordinaria banda sonora del repetidamente laureado Ennio Morricone.

Gentileza:
Web Católico de Javier

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Testamento de Juan Pablo II


No sé cuando sucederá, pero como todo, también este momento lo dejo en manos de la Madre de mi Maestro: 'Totus Tuus'.

Doy gracias a todos. A todos pido perdón.

Pido también la oración, para que la Misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad.

No dejo tras de mí propiedad alguna de la que haya que disponer.

En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que sean distribuidas como sea oportuno.

Que los apuntes personales sean quemados. Pido que de esto se ocupe don Stanislao, a quien agradezco su colaboración y su ayuda tan prolongada y compresiva.

Todos los otros agradecimientos, en cambio, los dejo en el corazón delante de Dios mismo, porque es difícil expresarlos.

(6.III.1979)

…ahora, en el año en el que la edad de mi vida alcanza los ochenta años ('octogesima adveniens'), es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el bíblico Simeón 'Nunc dimittis'.

El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa (…), la Divina Providencia me ha salvado en un modo milagroso de la muerte. (…) Desde este momento -mi vida- le pertenece aún más a Él. Espero que Él me ayude a reconocer hasta cuándo debo continuar este servicio…

En la medida en que se acerca el límite de mi vida terrena regreso con la memoria al principio…

a mis Padres, al Hermano y a la Hermana (que no he conocido, porque murió antes de mi nacimiento), a la parroquia de Wadowice, donde he sido bautizado, a aquella ciudad de mi amor…

...a los coetáneos, compañeros y compañeras de la escuela elemental, del gimnasio, de la Universidad, hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero…

…y en seguida a la parroquia de Niegowie, a aquella Cracoviana de San Floriano, a la pastoral de los académicos, al ambiente... a todos los ambientes... a Cracovia y a Roma...

…a las personas que en modo especial me han sido confiadas en el Señor.

Por lo que se refiere al funeral, repito las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI (el sepulcro en la tierra, no en un sarcófago).

Después de la muerte pido la Santa Misa y la oración.

Aceptando ya desde ahora esta muerte, espero que el Cristo me dé la gracia para el último pasaje, es decir (mi) Pascua.

(7.III.2000)


Juan Pablo II

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miércoles, 27 de abril de 2011

En Roma todo evoca ya a Juan Pablo II


A cuatro días de que Juan Pablo II sea beatificado por el papa Benedicto XVI, el recuerdo de este carismático Pontífice, fallecido en 2005, ya se ha apoderado de las calles de Roma, donde los grandes monumentos y las ruinas comparten protagonismo con Karol Wojtyla.

Imágenes enormes que muestran al papa polaco oficiando misa y otras más humanas, tomando a un niño en sus brazos pueblan desde hace unos días las estaciones de subterráneo de la Ciudad Eterna, las paradas de colectivos e, incluso, las farolas de las calles más céntricas.

“ Damose da fà. Semo romani (Pongámonos en marcha. Somos romanos)”, es el mensaje que se puede leer en la mayor parte de los carteles.

Está escrito en el dialecto romano porque Juan Pablo II lo pronunció así, en una frase que han querido recordar las autoridades de Roma para participar en un momento histórico y sin precedentes como éste, ya que en los últimos 10 siglos de la Iglesia Católica ningún papa proclamó beato a su predecesor inmediato.

A medida que uno se va a acercando a la Ciudad del Vaticano, donde Juan Pablo II se convertirá en beato el próximo domingo, la presencia del que fuera pontífice se acentúa cada vez más, ya que todas las tiendas de recuerdos de la zona han querido rendirle su particular homenaje con un sinfín de objetos diseñados para la ocasión.


Agencia EFE

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martes, 26 de abril de 2011

Juan Pablo II . El Paraíso


Entrevista a Mons. Slawomir Oder, sacerdote polaco y postulador de la causa de beatificación de Juan Pablo II. Con diversas anécdotas explica la impresión que le ha causado investigar la vida del futuro beato.

. Mons. Oder, la Iglesia le ha encargado una tarea de mucha responsabilidad…

Ser postulador de la causa de Juan Pablo II es un regalo que me ha hecho la Providencia, no encuentro otros motivos.

. ¿Conoció a Juan Pablo II?

Pude saludarle, como tantos otros miles de sacerdotes, en diferentes encuentros. En especial recuerdo una ocasión, cuando yo era un joven sacerdote, en que me llamó el Secretario para invitarme a cenar con el Santo Padre, que en breve viajaría a Polonia. No supe nunca el motivo de la invitación, y sigo sin saberlo. Al finalizar la cena, cuando nos dirigíamos hacia la cocina –porque Juan Pablo II siempre pasaba por allí para agradecer el trabajo a los cocineros– me manifestó su inquietud porque la situación política en Polonia había empeorado justo antes de su visita. Yo, joven sacerdote, le dije: “Santo Padre, hay que leer esa contrariedad a la luz de la Providencia”. Él se paró, me miró divertido, y me dijo: “Bueno, pienso que de la Providencia creo saber algo...”.

. Pero tras estos años, sus vidas están en cierto modo entrelazadas.

Puedo decir que aunque estos han sido los seis años más importantes de mi vida, mi biografía ha estado en cierto modo siempre unida a la del Papa. Poco antes de que yo iniciase la Universidad, el Cardenal Wojtyla fue elegido Pontífice. Polonia estaba atravesando una época triste, por lo que la noticia nos llenó a todos de esperanza. Yo dudaba sobre si entrar o no en el seminario, pero aquella ilusión general terminó por decidirme. Así que, primero hice mis estudios universitarios y luego inicié el camino al sacerdocio.

. Y vivió su fallecimiento desde la Plaza…

La noche en que murió me encontraba en la Plaza de San Pedro rezando y esperando noticias, como miles y miles de romanos. Cuando nos dijeron que Juan Pablo II “había pasado a la casa del Padre” me vino a la cabeza la muerte del santo a la que está encomendada mi parroquia, San Benedetto Giuseppe Labre. Le llamaban “el vagabundo de Dios”, y cuentan que, a su muerte, los niños de Roma comenzaron a correr por las calles difundiendo la noticia: “¡Ha muerto un santo!, ¡ha muerto un santo!”. ¡Yo también tenía ese deseo! Aquella noche hubiera deseado correr por las calles gritando: ¡Ha muerto Juan Pablo II, ha muerto un santo!

. Su santidad era algo en lo que todos estaban de acuerdo.

Especialmente durante los primeros meses del proceso recibimos muchas cartas de protesta. Decían: “Es inútil, están ustedes perdiendo el tiempo, ¡es santo, lo saben todos!”. Pero el proceso ha valido la pena, porque no lo hemos hecho por nosotros, sino pensando en las generaciones futuras. Nosotros tenemos bien impresa en el corazón la certeza de su vida santa, pero cuando pasen los años muchos nos preguntarán: “¿Cómo fue ese Papa? ¿Qué os llevó a creer en su santidad? ¿Por qué tuvisteis tanto entusiasmo?”. Además, él mismo dijo: “Yo no puedo ser entendido si no es desde dentro”. Ahora podemos decir que lo conocemos mejor.

. ¿Qué le ha llamado la atención de la vida de Juan Pablo II?

Una de las cosas que más me ha sorprendido es que no me ha sorprendido casi nada. Es decir, Juan Pablo II fue transparente con su vida. No escondía nada: tal y como le veíamos, así era. No existió un “Wojtyla mediático” y un “Wojtyla privado”, sino que fue un sacerdote coherente. Y debo decir que la investigación nos ha llevado a descubrir lo que todos veían: un hombre que sufría, sí, pero que aun así era feliz, realizado, contento... santo.

. ¿Para qué sirven los santos?

Él lo explicó en una ocasión: “Los santos sirven para avergonzarnos y para darnos esperanza”. La santidad es un proceso que exige mejora, pero es Dios quien continuamente nos va buscando.

. ¿Se ha extendido mucho la devoción al futuro beato?

Hemos recibido muchas cartas de todas partes del mundo. En algunas ponen solamente: “A Juan Pablo II, Roma”. Aunque la mejor ha sido la de un niño que escribió: “Juan Pablo II. El Paraíso”. Evidentemente, llegó a mi mesa. También hemos recibido muchas de no cristianos, que percibían la santidad del Papa.

. ¿Alguna impresión de los testimonios?

En un cierto momento del proceso, me llamó la atención una frase de las personas que acudían a declarar, porque se repetía con mucha frecuencia. Repetían la expresión: “Él me miró de una manera especial”. Será porque Juan Pablo II veía en cada persona la imagen de Dios.

. Un Papa tan bueno, ¿tenía defectos?

¿Defectos? Bueno, imagino que sí, como todos. Algunos dicen que era demasiado transparente. Recuerdo el problema que se creó cuando una periodista logró fotografiarlo mientras se lanzaba a la piscina de Castel Gandolfo. Cuando le informaron, dijo: “¿De verdad? ¿Y dónde lo podré ver publicado?”. Y es que le daba igual. Otros sostienen que podía parecer que daba signos de inquietarse, pero era evidente que tenía un gran dominio de sí. Siendo Cardenal de Cracovia le informaron de que un sacerdote de la diócesis recibía muchas multas porque conducía mal. Así que le llamó, le regañó amablemente y le pidió que dejase allí su carnet de conducir. Pero en cuanto aquel pobre sacerdote abandonó arrepentido el despacho, Wojtyla reflexionó: “¿Y cómo llegará este hombre a todas las parroquias que tiene que atender?”. Así que enseguida le llamaron y le entregó de nuevo su carnet. Y..., bueno, le gustaban mucho los dulces, ¡pero no pienso que sea un defecto!

. ¿Hay un hilo que une el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI?

Benedicto XVI ha trabajado 25 años al lado de Juan Pablo II. Así que, si no hubiera sido elegido Papa, sería sin duda el testigo más importante del proceso. Él, evidentemente, no se ha pronunciado, pero si se leen sus homilías de las misas de aniversario por el fallecimiento de su predecesor, son textos que podrían aplicarse perfectamente en una misa de beatificación... Cuando en alguna ocasión le he podido saludar, siempre me ha dicho refiriéndose al proceso: “Trabajad rápido, pero sobre todo... ¡trabajad bien!”.

 
Fuente:

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sábado, 23 de abril de 2011

María Santísima y la Resurrección de Cristo


Después de que Jesús es colocado en el Sepulcro, María «es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección». La espera que vive la Madre del Señor el Sábado Santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, Ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.

Los Evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su Madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su Resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.

¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (ver Hch 1,14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su Divino Hijo Resucitado de entre los muertos?

Más aún, es legítimo pensar que verosímilmente Jesús Resucitado se apareció a su Madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (ver Mc 16,1; Mt 28,1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de que Ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que las primeras testigos de la Resurrección, por Voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe.

En efecto, a una de ellas, María Magdalena, el Resucitado le encomienda el mensaje que debía transmitir a los Apóstoles (ver Jn 20,17-18). Tal vez, también este dato permite pensar que Jesús se apareció primero a su Madre, pues Ella fue la más fiel y en la prueba conservó íntegra su fe.

Por último, el carácter único y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta unión con su Hijo en el sufrimiento de la Cruz, parecen postular su participación particularísima en el misterio de la Resurrección.

Un autor del siglo V, Sedulio, sostiene que Cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su Madre. En efecto, Ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la Resurrección, para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del Resucitado, Ella anticipa el «resplandor» de la Iglesia.

Por ser imagen y modelo de la Iglesia, que espera al Resucitado y que en el grupo de los discípulos se encuentra con Él durante las apariciones pascuales, parece razonable pensar que María mantuvo un contacto personal con su Hijo Resucitado, para gozar también Ella de la plenitud de la alegría pascual.

La Virgen Santísima, presente en el Calvario durante el Viernes Santo (ver Jn 19,25) y en el Cenáculo en Pentecostés (ver Hch 1,14)fue probablemente Testigo privilegiada también de la Resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo Resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.

En el Tiempo Pascual la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: «Regina caeli, laetare. Alleluia». «¡Reina del Cielo, alégrate. Aleluya!». Así recuerda el gozo de María por la Resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el «¡Alégrate!» que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en «Causa de alegría» para la humanidad entera.


Juan Pablo II
Audiencia 21 de mayo de 1997
Fuente: "El Camino de María"
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miércoles, 20 de abril de 2011

El misterio del amor de Dios sin límites


Estamos en la víspera el Triduo Pascual, ya inmersos en el clima espiritual de la Semana Santa. Desde mañana hasta el Domingo viviremos los días centrales de la liturgia, que nos vuelven a proponer el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

En el centro de este Triduo Sacro se encuentra el "misterio de un Amor sin límites", es decir, el misterio de Jesús que "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1). He vuelto a proponer este conmovedor y dulce misterio a los sacerdotes en la Carta que, como todos los años, les he enviado con ocasión del Jueves Santo.

Sobre este mismo amor os invito a reflexionar también a vosotros, a fin de que os preparéis dignamente a revivir las últimas etapas de la vida terrena de Jesús. Mañana entraremos en el Cenáculo para acoger el don extraordinario de la Eucaristía, del sacerdocio y del mandamiento nuevo. El Viernes Santo recorreremos el camino doloroso que lleva al Calvario, donde Cristo consumará su sacrificio. El Sábado Santo esperaremos en silencio introducirnos en la solemne Vigilia Pascual.

"Los amó hasta el extremo". Estas palabras del evangelista San Juan expresan y definen de modo peculiar la liturgia de mañana, Jueves Santo, contenida en la celebración de la Misa Crismal de la mañana y de la Misa vespertina in Cena Domini, con la que se inaugura el Triduo Pascual.

La Eucaristía es signo elocuente de este amor total, libre y gratuito, y ofrece a cada uno la alegría de la presencia de Cristo, que también a nosotros nos hace capaces de amar, como Él, "hasta el extremo". El Amor que Jesús propone a sus discípulos es un amor exigente.

"Los amó hasta el extremo". Desde el Cenáculo hasta el Gólgota: nuestra reflexión nos lleva al Calvario, donde contemplamos un Amor cuya coronación plena es el don de la vida. La Cruz es un signo claro de este misterio, pero, al mismo tiempo, precisamente por eso, se convierte en símbolo que interpela y sacude las conciencias. Cuando, el Viernes, celebremos la Pasión del Señor y participemos en el Vía Crucis, no podremos olvidar la fuerza de este amor que se entrega sin medida.

"Los amó hasta el extremo". Jesús, después de sacrificarse por nosotros en la Cruz, resucita y se convierte en primicia de la nueva creación. Pasaremos el Sábado Santo en silenciosa espera del encuentro con el Resucitado, meditando en las palabras del apóstol San Pablo: "Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras" (1 Co 15, 3-4).

De ese modo podremos prepararnos mejor para la solemne Vigilia Pascual, cuando irrumpa en el corazón de la noche la deslumbrante Luz de Cristo Resucitado. Que en este último tramo del camino penitencial nos acompañe María Santísima, la Virgen que permaneció siempre fiel al lado de su Hijo, sobre todo en los días de la Pasión. Que Ella nos enseñe a "amar hasta el extremo", siguiendo el ejemplo de Jesús, que con su Muerte y su Resurrección ha salvado al mundo.


Juan Pablo II
Semana Santa 2001

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa


Cristo, junto con sus discípulos, se acerca a Jerusalén. Lo hace como los demás peregrinos, hijos e hijas de Israel; que en esta semana precedente a la Pascua, van a Jerusalén. Jesús es uno de tantos.

Este acontecimiento, en su desarrollo externo, se puede considerar, pues, normal. Así, pues, sentado sobre un borrico, Jesús realiza el último trecho del camino hacia Jerusalén. Sin embargo, desde cierto momento, este viaje, que en sí nada tenía de extraordinario, se cambia en una verdadera "entrada solemne en Jerusalén".

Hoy celebramos el Domingo de Ramos, que nos recuerda y hace presente esta "entrada". En un especial rito litúrgico repetimos y reproducimos todo lo que hicieron y dijeron los discípulos de Jesús —tanto los cercanos como los más lejanos en el tiempo— en ese camino, que llevaba a Jerusalén. Igual que ellos, tenemos en las manos los ramos de olivo y decimos —o mejor, cantamos— las palabras de veneración que ellos pronunciaron. Estas palabras, según la redacción del Evangelio de Lucas, dicen así: "Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor. Paz en el Cielo y gloria en las alturas" (Lc 19, 38).

El Domingo de Ramos abre la Semana Santa de la Pasión del Señor; de la que ya lleva en sí la dimensión más profunda. Por este motivo, leemos toda la descripción de la Pasión del Señor.

Jesús, al subir en ese momento hacia Jerusalén, se revela a Sí mismo completamente ante aquellos que preparan el atentado contra su vida. Por lo demás, se había revelado desde ya hacía tiempo, al confirmar con los milagros todo lo que proclamaba y al enseñar, como doctrina de su Padre, todo lo que enseñaba.

El Maestro es plenamente consciente de esto. Todo cuanto hace, lo hace con esta conciencia, siguiendo las palabras de la Escritura, que ha previsto cada uno de los momentos de su Pascua. La entrada en Jerusalén fue el cumplimiento de la Escritura.

He aquí la liturgia del Domingo de Ramos: en medio de las exclamaciones de la muchedumbre, del entusiasmo de los discípulos que, con las palabras de los Profetas, proclaman y confiesan en Él al Mesías, sólo Él, Cristo, conoce hasta el fondo la verdad de su Misión; sólo Él, Cristo, lee hasta el fondo lo que sobre Él han escrito los Profetas.

Y todo lo que han dicho y escrito se cumple en Él con la verdad interior de su alma. Él, con la voluntad y el corazón, está ya en todo lo que, según las dimensiones externas del tiempo, le queda todavía por delante. Ya en este cortejo triunfal, en su "entrada en Jerusalén", Él es "obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp 2, 8).

En cierto momento, se le acercan los fariseos que no pueden soportar más las exclamaciones de la muchedumbre en honor de Cristo, que hace su entrada en Jerusalén, y dicen: "Maestro, reprende a tus discípulos"; Jesús contestó: "Os digo que si ellos callasen, gritarían las piedras" (Lc 19, 39-40).

Comenzamos hoy la Semana Santa de la Pasión del Señor. Que nuestros corazones y nuestras conciencias griten más fuerte que las piedras.

Juan Pablo II
Homilía del Domingo de Ramos
30 de marzo de 1980 (extracto)

Texto completo de la homilía acá


martes, 12 de abril de 2011

El 22 de octubre, fiesta litúrgica del beato Juan Pablo II

Estampa de Juan Pablo II


Ciudad del Vaticano, 12-Abr-11 (AICA)

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos dio a conocer hoy el decreto en el que establece que en el calendario de la diócesis de Roma y de las diócesis de Polonia, la celebración del Beato Juan Pablo II, papa, se inscriba el 22 de octubre, y se celebre cada año como memoria.

El decreto, firmado por el cardenal Antonio Cañizares Llovera y el arzobispo Giuseppe Agostino Di Noia, O.P., respectivamente prefecto y secretario del dicasterio, establece que "en el arco del año sucesivo a la beatificación de Juan Pablo II, o sea, hasta el 1 de mayo de 2012, es posible celebrar una santa Misa de acción de gracias a Dios en lugares y días definidos especialmente.”

“La responsabilidad de establecer el día o los días, así como también el lugar o lugares de congregación del pueblo de Dios, compete al obispo diocesano para su diócesis. Consideradas las exigencias locales y las conveniencias pastorales, se concede que se pueda celebrar una santa Misa en honor del nuevo Beato en un domingo durante el año como, también, en un día comprendido entre los números 10-13 de la Tabla de los días litúrgicos".

"Análogamente, para las familias religiosas, compete al Superior General ofrecer indicaciones sobre los días y lugares significativos para toda la familia religiosa".

Por otra parte, continúa el decreto, "en cuanto a los demás calendarios propios, la petición de inscripción de la memoria facultativa del Beato Juan Pablo II podrá ser presentada a esta Congregación por las Conferencias Episcopales para su territorio, por el obispo diocesano para su diócesis, por el Superior General para su familia religiosa.

"La elección del Beato Juan Pablo II como titular de una iglesia prevé el indulto de la Sede Apostólica (cfr. Ordo dedicationis ecclesiae, Praenotanda n. 4), excepto cuando su celebración esté ya inscrita en el Calendario particular: en este caso no se requiere el indulto y al Beato, en la iglesia de la que es titular, se le reserva el grado de fiesta”.

Fuente: AICA on line

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sábado, 9 de abril de 2011

Los milagros: Un llamado a la fe en Cristo


Los "milagros y los signos" que Jesús realizaba para confirmar su misión mesiánica y la venida del Reino de Dios, están ordenados y estrechamente ligados a la llamada a la fe. Jesús subraya más de una vez que los milagros que El realiza están vinculados a la fe. 
 
"Tu fe te ha curado", dice a la mujer que padecía hemorragias desde hacia doce años y que, acercándose por detrás le había tocado el borde de su manto, quedando sana (cfr. Mt 9, 20-22; Lc 8, 48; Mc 5, 34). Palabras semejantes pronuncia Jesús mientras cura al ciego Bartimeo, que, a la salida de Jericó, pedía con insistencia su ayuda gritando: "¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mi!" (cfr. Mc 10, 46-52). Según Marcos: "Anda, tu fe te ha salvado" le responde Jesús. Y Lucas precisa la respuesta: "Ve, tu fe te ha hecho salvo" (Lc 18,42).

Una declaración idéntica hace al Samaritano curado de la lepra (Lc 17, 19). Mientras a los otros dos ciegos que invocan a volver a ver, Jesús les pregunta: "«¿Creéis que puedo yo hacer esto?». «Sí, Señor»... «Hágase en vosotros, según vuestra fe»" (Mt 9, 28-29).

Impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir a ayuda de Jesús para su hija "atormentada cruelmente por un demonio". Cuando la cananea se postró delante de Jesús para implorar su ayuda, El le respondió: "No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos." (Era una referencia a la diversidad étnica entre israelitas y Cananeos que Jesús, Hijo de David, no podía ignorar en su comportamiento práctico, pero a la que alude con finalidad metodológica para provocar la fe). Y he aquí que la mujer llega intuitivamente a un acto insólito de fe y de humildad. Y dice: "Cierto, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores". Ante esta respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replica: "¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como tú quieres" (cfr. Mt 15, 21-28).

Es un suceso difícil de olvidar, sobre todo si se piensa en los innumerables "cananeos" de todo tiempo, país, color y condición social que tienden su mano para pedir comprensión y ayuda en sus necesidades!

Nótese cómo en la narración evangélica se pone continuamente de relieve el hecho de que Jesús, cuando "ve la fe", realiza el milagro. Esto se dice expresamente en el caso del paralítico que pusieron a sus pies desde un agujero abierto en el techo (cfr. Mc 2, 5; Mt 9, 2; Lc 5, 20). Pero la observación se puede hacer en tantos otros casos que los evangelistas nos presentan. El factor fe es indispensable; pero, apenas se verifica, el corazón de Jesús se proyecta a satisfacer las demandas de los necesitados que se dirigen a El para que los socorra con su poder divino.

Una vez más constatamos que, como hemos dicho al principio, el milagro es un "signo" del poder y del amor de Dios que salvan al hombre en Cristo. Pero, precisamente por esto es al mismo tiempo una llamada del hombre a la fe. Debe llevar a creer sea al destinatario del milagro sea a los testigos del mismo.

Esto vale para los mismos Apóstoles, desde el primer "signo" realizado por Jesús en Caná de Galilea; fue entonces cuando "creyeron en El" (Jn 2, 11). Cuando, más tarde, tiene lugar la multiplicación milagrosa de los panes cerca de Cafarnaum, con la que está unido el pre-anuncio de la Eucaristía, el evangelista hace notar que "desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían", porque no estaban en condiciones de acoger un lenguaje que les parecía demasiado "duro". Entonces Jesús preguntó a los Doce: '¿Queréis iros vosotros también?'. Respondió Pedro: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (cfr. Jn 6, 66-69).

Así, pues, el principio de la fe es fundamental en la relación con Cristo, ya como condición para obtener el milagro, ya como fin por el que el milagro se ha realizado. Esto queda bien claro al final del Evangelio de Juan donde leemos: "Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (Jn 20, 30-31).

Juan Pablo II

Audiencia general . Miércoles 16 de diciembre de 198
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jueves, 7 de abril de 2011

En Cuaresma rogar a Cristo con María


Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza para ser escuchados: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7, 7). El fundamento de esta eficacia de la oración es la bondad del Padre, pero también la mediación de Cristo ante Él (cf. 1 Jn 2, 1) y la acción del Espíritu Santo, que «intercede por nosotros» (Rm 8, 26-27) según los designios de Dios. En efecto, nosotros «no sabemos cómo pedir» (Rm 8, 26) y a veces no somos escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3).

Para apoyar la oración, que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón, interviene María con su intercesión materna. «La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María». (Catecismo de la Iglesia Católica, 2679.)
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Efectivamente, si Jesús, único Mediador, es el Camino de nuestra oración, María, pura transparencia de Él, muestra el Camino, y «a partir de esta cooperación singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios». (Ibíd., 2675.)
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En las bodas de Caná, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesión de María, que se hace portavoz ante Jesús de las necesidades humanas: «No tienen vino» (Jn 2, 3). (Rosarium Virginis Mariae, 16)

Juan Pablo II


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domingo, 3 de abril de 2011

El Papa recordó a Juan Pablo II a seis años de su muerte


El papa Benedicto XVI recordó hoy a su predecesor, Juan Pablo II, que será beatificado el próximo 1º de mayo y de cuya muerte se cumplieron este sábado seis años.

"Ayer fue el sexto aniversario de la muerte de mi amado predecesor, el venerable Juan Pablo II", dijo el Papa ante los miles de fieles congregados en una soleada plaza de San Pedro para asistir al rezo del Ángelus.

Benedicto XVI añadió: "Con motivo de su próxima beatificación no he celebrado la tradicional misa de sufragio pero lo he recordado con afecto durante la oración, como creo que habréis hecho todos vosotros".

"Mientras a través del camino de la Cuaresma nos preparamos para la fiesta de la Pascua, nos acercamos con alegría también al día en el que podremos venerar como beato a este gran Pontífice y testimonio de Cristo, y encomendarnos aún más a su intercesión", manifestó.

El papa saludó a los peregrinos en lengua española, a los que recordó que "Jesucristo es la luz del mundo" y añadió: "De su mano podemos afrontar la vida y vencer todo lo que oscurece la conciencia y nos impide distinguir el bien del mal".

"Como hizo el siervo de Dios Juan Pablo II, del que ayer recordamos el sexto aniversario de su fallecimiento, os invito a identificaros cada vez más con el Señor y de este modo avanzar siempre por el camino de la verdad y de la auténtica alegría", dijo.

Benedicto XVI aseguró que este tiempo de Cuaresma "es un período de gracia especial", en el que, dijo: Podemos experimentar el don de la benevolencia del Señor hacia nosotros".

El Papa, comentó la liturgia de este domingo y reiteró que es a través de la fe cómo se recibe la fuerza para vencer el mal. "El pecado hirió a la humanidad destinándola a la oscuridad de la muerte pero en Cristo resplandece la novedad de la vida y la meta a la que hemos sido llamados. En él recibimos la fuerza para vencer el mal y hacer el bien", añadió.

 
Agencia AP - 03-Abr-11
 
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viernes, 1 de abril de 2011

Recordando a Juan Pablo II : Aquella elección inesperada

La indecisión de los señores Cardenales entre Siri y Benelli llevó al pontificado a Wojtyla. Con la ayuda del Espíritu Santo, claro está. Nos lo cuenta George Weigel en su biografía sobre el Papa Juan Pablo II, el cual ofrece algunos detalles de gran interés sobre el cónclave que condujo a la elección del primer Papa polaco de la historia.
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Dicho cónclave se debe entender a la luz del celebrado pocos meses antes y en el que fue elegido Juan Pablo I. ¿En qué sentido se debe entender esta afirmación? Sea en lo que se refiere a las candidaturas posibles, sea en lo que se refiere a las filtraciones que hubo después del cónclave. El cardenal Jean Villot, el camarlengo responsable de guiar un interregno papal más, no había quedado muy satisfecho con las filtraciones que se habían producido en el Cónclave de agosto. Después de dicha reunión algunos cardenales no votantes, quizás por no haber comprendido bien la nueva legislación promulgada por Pablo VI, se creyeron eximidos de la obligación de confidencialidad y contaron detalles de lo sucedido en la Capilla Sextina. Antes de este segundo Cónclave, Villot les reprochó a los cardenales su actitud, recordándoles el juramento de confidencialidad que habían hecho. Consecuentemente, bien pocos detalles sobre el extraordinario proceso que produjo el primer Papa no italiano en 455 años y el primer Papa eslavo de la historia han salido jamás a la luz pública.
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Se sabe que Wojtyla ocupó la celda 91 del Palacio Apostólico, y que se llevó un periódico filosófico de orientación marxista a la Capilla Sixtina para leer durante el largo proceso del recuento de votos; cuando un colega algo bromista le preguntó si aquello era un poco escandaloso, Wojtyla sonrió y replicó que tenía la conciencia limpia. El propio papa Juan Pablo II ha revelado un pequeño detalle acerca del cónclave. En cierto punto durante los procedimientos, su antiguo rector en el Colegio Belga, el cardenal Maximilian De Fürstenberg, se acercó a él para preguntarle, con palabras que recordaban la liturgia de la ordenación de un sacerdote, “Deus adest et vocat te?” (“¿Dios está aquí y te está llamando?”).

Según la visión de consenso que se ha formado con los años, la pregunta de De Fürstenberg sería plausible porque, en el primer día de votación, el 15 de octubre, se produjo un empate entre los dos principales candidatos italianos, el cardenal Giuseppe Siri de Génova y el gran elector del Cónclave de agosto, el cardenal Giovanni Benelli. Incapaz de encontrar una alternativa italiana, el cónclave se desvió entonces con presteza para elegir a Karol Wojtyla, quien, según el cardenal Carlo Confalonieri, ya recibiera algunos votos en el Cónclave anterior, y que resultó elegido en la octava votación, a la conclusión de la segunda jornada del Cónclave II, el 16 de octubre. No se ha propuesto ninguna otra explicación política plausible de la elección del papa Juan Pablo II. Mediante ese procedimiento de tamizar los rumores y las pistas relativas a la política del cónclave no se llega, sin embargo, a la cuestión más interesante, y de hecho previa: ¿Por qué estarían los cardenales deseosos de romper con siglos de tradición, y de una forma tan dramática?

En términos humanos, la elección de un Papa no italiano y polaco fue posible porque muchos miembros del Colegio Cardenalicio se hallaban en un estado de shock espiritual tras la muerte de Juan Pablo I. Que hubieran considerado, como muchos evidentemente hicieron, que el cardenal Luciani era «el candidato de Dios» (según expresión del cardenal Basil Hume tras el primer cónclave), para ser de súbito apartado de la escena, no hacía sino plantear la cuestión: “¿Qué trata de decirnos Dios con ello?” Según recordaba el cardenal Joseph Ratzinger, la muerte de Juan Pablo I condujo al Colegio Cardenalicio a un análisis de conciencia: “¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a nosotros en este momento? Estábamos convencidos de que la elección [de Luciani] se había hecho en correspondencia con la voluntad de Dios, no simplemente de una forma humana... y si había muerto después de un mes de resultar elegido de acuerdo con la voluntad de Dios, era que Dios tenía algo que decirnos.” El cardenal William Baum recordaba la muerte de Juan Pablo I como «un mensaje del Señor para enseñarnos algo». Aquella sensación de shock daría lugar a la experiencia de un cónclave que Baum definió como «intensamente devoto» e incluso «más profundamente espiritual» que el primer cónclave de agosto, en el que tanto se hablara de captar la voluntad de Dios en la rápida y fácil elección de Albino Luciani. La impresión causada por el «papado de septiembre», que finalizara de forma tan abrupta e inesperada, crearía las condiciones humanas para «la posibilidad de llevar a cabo algo nuevo», opinaría el cardenal Ratzinger.

El empate entre los candidatos italianos sería la ocasión inmediata de hacer lo que hasta entonces parecía impensable. El hecho crucial que contribuye a explicar el resultado final fue que el segundo cónclave de 1978 se llevó a cabo en la estela de lo que el Colegio Cardenalicio debió de considerar una señal ambigua de que algo más se requería de ellos, algo diferente y osado. Así pues, la siguiente cuestión que cabe plantearse es: ¿por qué Karol Wojtyla.

El cardenal Franz Kónig llegaría al segundo cónclave más determinado que nunca a hacer presión para la elección de un Papa no italiano. El día anterior al inicio del cónclave le diría a su viejo amigo, el cardenal Wyszynski: “El cónclave se abre mañana; ¿cuál es tu candidato?” El primado respondió que él no tenía un candidato, a lo que Kónig replicó: “Bueno, quizá Polonia podría presentar un candidato, ¿no?” Wyszynski le dijo: “Dios santo, ¿te parece que yo debería acabar en Roma? Desde luego supondría un triunfo sobre los comunistas.” Konig respondió entonces: “No, no me refiero a ti, pero hay un segundo hombre...” A lo que el primado replicó: “No, es demasiado joven, y desconocido; nunca podría ser Papa…”

Konig no quedaría convencido. Era evidente que Wyszynski no había juzgado bien hasta qué punto Wojtyla se había convertido en una importante figura católica internacional. Kónig creía que un Papa de detrás del Telón de Acero contribuiría a acabar con la «mentalidad de división» que imperaba desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que se dispuso a convencer a otros. La respuesta inicial que obtuvo fue bastante fría, pero la propuesta empezó a parecer menos amenazadora tras el punto muerto al que llegaron los italianos. Pese a la reacción inicial del primado, Wojtyla estaba lejos de ser desconocido. Varios cardenales habían leído sus meditaciones del retiro papal de 1976, “Signo de contradicción”, y habían quedado impresionados. Los africanos, preocupados por la claridad doctrinal, sabían que era un hombre profundamente evangélico y un hombre del Concilio. No era un cardenal curial, lo cual resultaba atractivo a aquellos que consideraban esencial romper con las pautas tradiciones en el gobierno de la Iglesia. Wojtyla tenía una poderosa personalidad pública, lo cual era importante bajo el prisma de una respuesta pública positiva al breve pontificado de Juan Pablo I. Y luego estaba la ostpolitik de Pablo VI. Sus logros diplomáticos eran escasos, y el arzobispo de Cracovia abrigaba dudas con respecto a la estrategia que expresaba. Pero al desligar a la Santa Sede del alineamiento de posguerra con Occidente, la ostpolitik había hecho posible la elección de un Papa de detrás del Telón de Acero.

El aspecto más persuasivo de la candidatura de Wojtyla, sin embargo, residía en sus antecedentes como obispo diocesano. Una vez que la ruptura psicológica con la supuesta inevitabilidad de un papado italiano había tenido lugar, ese historial debió de constituir un factor crucial (quizá el único tan importante), en el rápido surgimiento de Karol Wojtyla como candidato del segundo cónclave. Había mostrado que aún era posible el liderazgo en medio de la tensión y la confusión posconciliares y en contra de presiones externas. Según el cardenal Kónig, que Wojtyla hubierab«tenido experiencias pastorales reales», que hubiera mostrado cómo ser obispo en la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II, era lo que le había hecho papable.

Una vez llevada a cabo la «ruptura» a causa del empate italiano, todo sucedió muy deprisa. El primado Wyszynski, ahora plenamente convencido, le recordó a su colega más joven el desafío de Cristo a Pedro en su huida de Roma en la obra “Quo vadis” de Sienkiewicz, y le dijo simplemente a Wojtyla: “Acéptalo.” La candidatura de Wojtyla se volvió irresistible en la cuarta y última votación del 16 de octubre.

Aproximadamente a las 17.15 se les dijo formalmente a los cardenales, que habían llevado su propia cuenta, lo que ya sabían: que el cardenal Wojtyla había reunido los votos necesarios para ser elegido Papa. En cierto punto del recuento, Wojtyla se llevó las manos a la cabeza. El cardenal Hume recuerda haber sentido “una desesperada tristeza por aquel hombre”. Jerzy Turowicz escribiría más tarde que, en el momento de la elección, Karol Wojtyla estaba tan solo como pueda estarlo un hombre. Pues ser elegido Papa significaba una clara ruptura con la vida anterior de uno, sin posibilidad de retorno. El cardenal Konig, máximo responsable de promover la candidatura de Wojtyla, se sintió muy ansioso por saber si aceptaría o no.

Cuando el cardenal jean Villot, quien en su sermón pro elegendo pontifice había dicho a los cardenales que “debían elegir un novio para la Iglesia”, se plantó ante el estrado de Wojtyla para preguntarle “¿Acceptasne electionem?”, éste no titubeó. Karol Wojtyla estaba al tanto de la relevancia de aquellos tiempos y del peso de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros, pera vio en el voto de sus hermanos la voluntad de Dios. Y por tanto, “en la obediencia de la fe ante Cristo mi Señor, abandonándome a la Madre de Cristo y a la Iglesia, y consciente de las grandes dificultades, acepto”. Entonces, a la segunda pregunta ritual de por qué nombre se le conocería, respondió que, debido a su devoción a Pablo VI y su afecto por Juan Pablo I, se le conocería como Juan Pablo II.


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