martes, 23 de noviembre de 2010

Juan Pablo II en Argentina - Segunda visita

Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987

En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.

Lunes 6 de abril de 1987

En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».

Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la Catedral metropolitana, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.

Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.

Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.

Martes 7 de abril de 1987

Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.

El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo carácter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».

Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Cándido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 725 kilómetros, donde pasó la noche.

Miércoles 8 de abril de 1987

En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la Catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.

Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.

Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.

Jueves 9 de abril de 1987

Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la Catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.

Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».

Por la tarde viajó a Paraná. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.

Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.

Viernes 10 de abril de 1987

El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.

Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la Catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.

Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su visita, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.

Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.

Sábado 11 de abril de 1987

A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 304 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dio la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.

Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.

Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Ítalo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.

A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.

Domingo 12 de abril de 1987

El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.

Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.

El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa «envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.

Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Ángelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.

Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.

Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.

Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

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sábado, 20 de noviembre de 2010

Juan Pablo II en Argentina - Primera visita

Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982

El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada.

Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».

Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país».

Viernes 11 de junio de 1982

A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.

En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció una alocución e impartió la bendición a los presentes.

En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.

Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.


Sábado 12 de junio de 1982

El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que les dirigió un mensaje a puertas cerradas.

Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.

Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».

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martes, 16 de noviembre de 2010

Oración a Nuestra Señora de Kalwaria


“Dirige, oh Señora de las gracias, tu mirada a este pueblo que desde hace siglos permanece fiel a ti y a tu hijo. Dirige la mirada a esta nación, que siempre ha puesto su esperanza en tu amor de Madre. Dirige a nosotros la mirada, de esos tus ojos misericordiosos, y obtennos lo que tus hijos más necesitan. Abre el corazón de los ricos a las necesidades de los pobres y de los que sufren. Haz que los desempleados encuentren trabajo. Ayuda a los que se han quedado en la calle a encontrar una vivienda. Dona a las familias el amor que les permite superar todas las dificultades. Indica a los jóvenes el camino y las perspectivas para el futuro. Envuelve a los niños con el manto de tu protección, para que no sufran. Anima a las comunidades religiosas con la gracia de la fe, la esperanza y la caridad. Haz que los sacerdotes sigan las huellas de tu Hijo dando cada día la vida por las ovejas. Obtén para los obispos la luz del Espíritu Santo, para que guíen a la Iglesia en estas tierras hacia el Reino de tu Hijo por un camino único y recto.
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Madre Santísima, nuestra Señora de Kalwaria, obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado. En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia, a ti entrego mi nación; en ti confío y te declaro una vez más: Totus Tuus, María! Totus Tuus! Amén”.
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SS Juan Pablo II (Julio 2002)

El santuario de Kalwaria Zebrzydowska está situado en Polonia, a una distancia de unos 40 km al suroeste de Cracovia y 15 km al este de Wadowice. El santuario se compone de una basílica barroca dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles, un convento de los Frailes Menores, y una serie de capillas, manieristas y barrocas distribuidas a lo largo de seis kilómetros y dedicadas a la Pasión de Jesús y a la vida de la Virgen. En 1999, el santuario de la Pasión y de la Virgen de Kalwaria Zebrzydowska fue inscrito en la UNESCO en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

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sábado, 13 de noviembre de 2010

El Ave María


"...La primera parte del Ave María, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por Santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del Cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra –la Encarnación del Hijo en el Seno virginal de María–, análogamente a la mirada de aprobación del Génesis (cf. Gn 1, 31), aquel «pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos». Repetir el Ave María nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia. Es el cumplimiento de la profecía de María: «Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc1, 48).

El centro del Ave María, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el Nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al Nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Santo Rosario (...) Expresa con intensidad la fe Cristológica, aplicada a los diversos momentos de la Vida del Redentor. Es profesión de fe y, al mismo tiempo, ayuda a mantener atenta la meditación, permitiendo vivir la función asimiladora, innata en la repetición del Ave María, respecto al misterio de Cristo. Repetir el Nombre de Jesús –el único Nombre del cual podemos esperar la salvación (cf. Hch 4, 12)– junto con el de su Madre Santísima, y como dejando que Ella misma nos lo sugiera, es un modo de asimilación, que aspira a hacernos entrar cada vez más profundamente en la Vida de Cristo.

De la especial relación con Cristo, que hace de María la Madre de Dios, la Theotòkos, deriva, además, la fuerza de la súplica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte del Ave María, confiando a su materna intercesión nuestra vida y la hora de nuestra muerte..."

Rosarium Virginis Mariae, 33
Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II


Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


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sábado, 6 de noviembre de 2010

Totus Tuus


Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen.
Te pongo al centro de mi vida.
Dame Tu corazón, oh María.

Soy todo tuyo, María
Madre de nuestro Redentor
Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa.
Madre del Salvador del mundo.
Amen
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“Juan Pablo II nos ha enseñado
a mirar a Cristo con los ojos de María
dado valor al rezo del Santo Rosario”

Benedicto XVI

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martes, 2 de noviembre de 2010

La grandeza de Juan Pablo II

Cuando alguien pronuncia más de 20.000 discursos, se puede afirmar que es un gran comunicador. Si produce más de cien documentos importantes y escribe varios libros Best Sellers, se puede decir que es muy inteligente.

Cuando alguien visita más de cien países sin otro interés que hacer el bien, se puede afirmar que es un hombre generoso. Si sostiene cientos de encuentros semanales con grupos de miles de personas, se puede decir que es un gran líder.

Cuando alguien se encuentra con más de 1.500 jefes de gobierno para hablarles claro de sus problemas y exigirles soluciones, se puede afirmar que es un valiente. Si además, arrastra a sus funerales a millones de personas, se puede decir que era un hombre muy amado.

Pero, cuando esta misma persona, después de haber fallecido, sigue atrayendo diariamente a más de veinte mil personas, ¿qué adjetivo se le puede dar?

Efectivamente, la tumba de Juan Pablo II es visitada todos los días por al menos veinte mil personas. Y, si hablamos de un miércoles de audiencia o de
un domingo de ángelus, la cifra puede subir hasta más de treinta y cinco mil. ¡Otro record roto por este hombre extraordinario!

Cuando al llegar por primera vez al Vaticano, el peregrino se encuentra con un verdadero espectáculo: una fila tan larga que en ocasiones no sólo bordea el perímetro interior de la plaza, sino que serpentea dentro de ella.

Sorprendido, se pregunta: «¿Para qué es esa cola?». Y al saber que es para ver la tumba del Papa Juan Pablo II, no puede hacer menos que lanzar una expresión de asombro.

Mas cuando se acerca a ese enorme conglomerado de gente su admiración crece. En la fila se encuentra de todo: japoneses, alemanes, peruanos, africanos; bajos, gordos, altos, flacos; jóvenes, niños y ancianos. Por ello a algunos peregrinos se les antoja pensar que esta hilera humana no es otra cosa que los brazos con que Juan Pablo II, desde el cielo, abraza al mundo entero.

No importa si hace frío o si el sol quema hasta achicharrar, si llueve o si el viento está desatado. La multitud permanece avanzando hacia su objetivo.

Y a pesar de que las Grutas Vaticanas se encuentren desbordadas, ahí dentro se da una vez más la hazaña de un hombre que se entendía muy bien con las masas: no hay gritos, empujones o quejas; sólo reina el silencio y la oración.

Es, sin duda alguna, la última gran revolución del Papa Wojtyla.

Fuente: Buenas Noticias
Autor: Adolfo Güémez

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sábado, 30 de octubre de 2010

Juan Pablo II: Oración por la familia

Dios, de quien proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra: Padre, que eres amor y vida, haz que cada familia humana que habita en nuestro suelo, sea por medio de tu hijo Jesucristo, “nacido de mujer” y mediante el Espíritu Santo, fuente Caridad Divina, un verdadero santuario de vida y amor para las nuevas generaciones. Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los cónyuges, para el bien propio y de todas las familias del mundo.

Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte sostén humano, para que crezcan en la verdad y el amor.

Haz que el amor, reforzado por la gracia del Sacramento del Matrimonio, se manifieste más fuerte que cualquier debilidad o crisis que puedan padecer nuestras familias.

Te pedimos por intermedio de la Familia de Nazaret, que la Iglesia pueda cumplir una misión fecunda en nuestra familia, en medio de todas las naciones de la tierra.

Por Cristo, nuestro Señor, camino, Verdad y Vida, por los siglos de los siglos. Amén

Juan Pablo II


"En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos, tienen el deber específico de educar a sus hijos en la plegaria, de introducirlos
progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con El. Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracias y los deberes del sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros años a conocer y a adorar a Dios y amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo. Elemento fundamental e insustituible de la educación de la oración, es el ejemplo concreto el testimonio vivo de los padres ; sólo orando junto con sus hijos, el padre y la madre, mientras ejercen su propio sacerdocio real, calan profundamente en el corazón de sus hijos, dejando huellas que los posteriores acontecimientos de la vida no lograrán borrar"

Juan Pablo II
"Familiaris Consortio (60)"

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martes, 26 de octubre de 2010

Se acelera la beatificación de Juan Pablo II

ROMA, 20 Oct. 10 / 07:36 pm (ACI)

Tras ser recibido el pasado sábado por el Papa Benedicto XVI, el Presidente de Polonia, Bronislaw Komorowski, señaló que uno de los temas de conversación fue el del proceso de beatificación del recordado Juan Pablo II. "Las últimas señales nos hacen entender que este proceso últimamente ha sido acelerado", indicó.

Según señala el diario La Stampa, el mandatario comentó que el tema de la beatificación del Papa polaco fue uno de los asuntos tratados con Benedicto XVI: "sí, obviamente, y también porque mañana (el domingo 17) participaremos en el Vaticano de la canonización del beato polaco Stanislao Kazimierczyk, y naturalmente hemos hablado de la de Juan Pablo II".

Con el Papa Benedicto XVI, continuó, "hemos expresado la esperanza para que siga bien el proceso y las últimas señales nos hacen entender que este proceso últimamente ha sido acelerado"

En el diálogo con el Santo Padre, el Presidente Komorowski también le expuso los procesos de reconciliación con Alemania y Rusia; y explicó que renovó su invitación al Papa Benedicto XVI para que visite Polonia, país que ya visitó en mayo de 2006.

Copyright © ACI Prensa
http://www.aciprensa.com

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sábado, 23 de octubre de 2010

Karol Wojtyla: "testarudamente hombre"

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Juan Pablo II, el Grande

Lo que hace "grande" a un hombre no es lo que se dice o se escribe de él, sino lo que realmente es y ha sido en su corta o larga vida. En el caso del Papa recién desaparecido, se han mencionado muchas facetas de su inmensa actividad: Papa de la paz, de la vida, de la juventud, Papa mediático, gran comunicador, Papa mariano, asertor de los derechos humanos, Papa del diálogo, campeón de la libertad y, con mucha razón, Papa del perdón… Pero, la gente, con ese instinto de percepción que le es propio, ha querido anticiparse a la historia, reconociéndole ya el atributo de "Grande", hasta ahora reservado a muy contados papas. Signo de los tiempos y de esa "vox populi, vox Dei" que difícilmente se equivoca. En esta nota, me limitaré a subrayar aspectos poco comentados, pero significativos, con el ánimo de prolongar el halo de su presencia en medio de nosotros y seguir saboreando su cariño, su humanidad, su cotidianidad y cercanía que tan querido lo hicieron en todo el mundo.

Pasión por el hombre, pasión por los hombres

Fue, ante todo, un hombre, profundamente hombre y profundamente cristiano, en un tiempo de generalizada violencia, como nunca en la historia. Bien lo ha graficado Salvatore Martínez, coordinador de Renovación en el Espíritu: Es un hombre inolvidable, un Papa realmente inolvidable, testarudamente hombre y siempre cercano en el signo de la fe. Vale la pena recordar que su primera encíclica está dedicada al hombre, recordando, con el Concilio, que mediante la encarnación, el Hijo de Dios se ha unido, en cierto modo, a todo hombre. Al respecto, el padre Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación, agrega que Juan Pablo II deja al mundo más lleno de la humanidad de Cristo y a la Iglesia más consciente de ser ella misma movimiento. En esta línea, el profesor Andrés Riccardi, iniciador de la Comunidad de san Egidio, rememora el beso del Papa en la mano herida de un gitano, en un campamento de refugiados. A esto, se suma el testimonio de una periodista de la televisión, Paola Saluzzi, quien no duda en afirmar que después de él, habrá un gran vacío, no tanto para la Iglesia, sino porque en la fragilidad del mundo actual no tenemos a otros referentes. Realmente sentiremos mucho su ausencia. Este rasgo explica su incansable lucha por la paz, lucha que lo llevó a enfrentarse con regímenes dictatoriales y con los poderos de este mundo, en defensa de los derechos humanos y en la promoción de una vida mejor para millones de personas.

Solidario en el "Via Crucis" del sufrimiento humano

Cedo, ahora, la palabra al sacerdote Antonio Mazzi, hombre de los medios de comunicación y comprometido también en la redención social de jóvenes en riesgo (droga, sexo, alcohol). Pensábamos, nos dice, que este Papa nos había entregado lo mejor de sí viajando por el mundo, haciendo caer los muros, venciendo los miedos, superando preconceptos, humillando ideologías. Pero no, lo mejor de sí nos lo ha ofrecido desde el mes de febrero hasta su muerte. Los medios nos han hechos asistir a su larga "agonía", como "la misa sobre el mundo", de Teilhard de Chardin. Un Papa cercano en el sufrimiento: esa cara crispada por las muecas, incapaz de emitir una palabra, una sílaba, las ganas de asomarse a la ventana para dar la bendición a la gente… Todo esto ha hecho llorar a millones de personas y de familias recogidas ante el televisor… Muchos se han preguntado por qué y para qué esta exposición en los medios de un hombre que conocimos sano, vigoroso, incansable caminante por los continentes para anunciar a Cristo, como san Pablo. El padre Mazzi anota que sólo ahora comprendemos por qué dejaron a "ese Cristo en el balcón": Juan Pablo, como el Cristo del Viernes santo, quería decirnos, desde lo alto de la cruz: No los dejaré huérfanos. Voy al Padre. No lloren, déjenme ir. Sólo, desde allí, podré enviarles el Espíritu renovador. Porque nuestro mundo necesita más que nunca de un gran soplo del Espíritu. De todas maneras, les dejo a la Madre, cerca de ella, no se sentirán huérfanos. Adiós. La gente lo ha percibido y, en un tiempo marcado como nunca por el sufrimiento y los miedos, ha querido acompañarlo con la oración, los cantos, la cercanía, la esperanza.

Santo "a furor de pueblo"

La expresión es de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, uno de los movimientos eclesiales más numerosos y muy querido por Juan Pablo II. Ella, Chiara, lo quisiera ya "santo", proclamado en la plaza de san Pedro repleta de pueblo y por aclamación, como en la Iglesia antigua. Le hace eco Vittorio Messori, amigo personal del Papa y buen conocedor de su vida. Él dice que era evidente en él la santidad, las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad vividas heroicamente, en lo cotidiano, con la intensidad del místico que ya ve lo que profesa en el credo. Destaca que de esa caridad brotaba su amor a los hombres, a cuya salvación se entregó sin reserva y sin desmayo. Messori subraya la manera de orar de Juan Pablo II: daba la sensación de que veía a Dios. Del mismo parecer es el brasilero Leonardo Boff, conocido teólogo de la liberación. En un artículo muy crítico acerca de las reformas "que la Iglesia necesitaba" y que Juan Pablo II habría detenido, anota: Las limitaciones de su estilo de gobierno de la Iglesia no impidieron que Juan Pablo II alcanzara la santidad personal en un grado eminente. Fue hombre de profunda oración. A veces, al orar se transfiguraba y palidecía; otras veces, gemía y vertía lágrimas. Una vez, lo sorprendieron en su capilla particular extendido en el suelo, en forma de cruz.

Una vez más, el "sensus fidelium" –voz del Espíritu Santo– se ha activado en el corazón de la Iglesia y, según Messori, ya llegan voces de milagros, de prodigios desde su nativa Polonia hasta estas tierras latinoamericanas que visitó tantas veces y cuyos pueblos alentó hacia la libertad y una vida más digna. Y la gente, en esto de la santidad, casi nunca se equivoca. La expresión pronunciada por un cardenal, mientras el Papa agonizaba, "ahora ya ve y toca a Dios", es una realidad que nos alienta a pedir su intercesión y, tal vez, para muchos, a reorientar su vida.

La "marea humana" que se ha encaminado hacia Roma para despedirlo es el mejor reconocimiento a su constante labor en pos de la dignificación del hombre, y de la empatía que supo establecer con la gente de todo el mundo y de todos los sectores sociales, culturales y religiosos.

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Autor: Benito Spoletini, ssp
Sacerdote de la Sociedad de San Pablo
benitos@arnet.com.ar


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martes, 19 de octubre de 2010

Las diez Ave María

"...Este es el elemento más extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oración mariana por excelencia. Pero precisamente a la luz del Ave Maria, bien entendida, es donde se nota con claridad que el carácter mariano no se opone al cristológico, sino que más bien lo subraya y lo exalta. En efecto, la primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el Ángel Gabriel y por Santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del Cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su Obra maestra –la Encarnación del Hijo en el Seno virginal de María–, análogamente a la mirada de aprobación del Génesis (cf. Gn 1, 31), aquel «pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos». Repetir en el Rosario el Ave Maria nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia. Es el cumplimiento de la profecía de María: «Desde ahora todas las generaciones me llamarán Bienaventurada» (Lc1, 48)..."

Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae", punto 33

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miércoles, 13 de octubre de 2010

Juan Pablo II y los Misterios Luminosos

Tradicionalmente, el Rosario estaba dedicado a una de las tres series de “misterios”, que debían ser recitados secuencialmente. Sin embargo, en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae del Papa Juan Pablo II, publicada el 16 de octubre de 2002, fue introducida una nueva serie de “misterios”, los luminosos. Considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión. En efecto, en estos misterios contemplamos aspectos importantes de la persona de Cristo como revelador definitivo de Dios. Él es quien, declarado Hijo predilecto del Padre en el Bautismo en el Jordán, anuncia la llegada del Reino, dando testimonio de él con sus obras y proclamando sus exigencias. Durante la vida pública es cuando el misterio de Cristo se manifiesta de manera especial como misterio de luz: «Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo» (Jn 9, 5)
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Para que pueda decirse que el Rosario es más plenamente ‘compendio del Evangelio’, es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrección (misterios de gloria), la meditación se centre también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios de luz). Esta incorporación de nuevos misterios, sin prejuzgar ningún aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oración, se orienta a hacerla vivir con renovado interés en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducción a la profundidad del Corazón de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria.

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial «misterios de luz». En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es «la luz del mundo» (Jn 8, 12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios «luminosos»– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace ‘pecado’ por nosotros ( 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto ( Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión ( Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe ( Mc 2, 3-13; Lc 7,47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen » ( Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo » (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

Excepto en el de Caná, en estos misterios la presencia de María queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los «misterios de luz».

Fuente: Material de Internet

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martes, 5 de octubre de 2010

Juan Pablo II y el Santo Rosario

En el punto 17 de la Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae" , el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, expresa que "La Virgen del Rosario continúa su obra de anunciar a Cristo".
El siguiente es el texto completo de dicho punto:

"...El Rosario es también un itinerario de anuncio y de profundización, en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana. Es una presentación orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano según el corazón de Cristo. Efectivamente, si en el rezo del Rosario se valoran adecuadamente todos sus elementos para una meditación eficaz, se da, especialmente en la celebración comunitaria en las parroquias y los santuarios, una significativa oportunidad catequética que los Pastores deben saber aprovechar. La Virgen del Rosario continúa también de este modo su obra de anunciar a Cristo. La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento difícil para la Iglesia a causa de la difusión de la herejía. Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador..."

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20021016_rosarium-virginis-mariae_sp.html



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