jueves, 1 de agosto de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
Juan Pablo II y la JMJ
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una celebración de
la fe. Es un gran acontecimiento, en el que fiesta y fe se unen
inseparablemente y al que el Papa invita a jóvenes de todo el mundo a un lugar
concreto. La Jornada Mundial de la Juventud es internacional: llegan jóvenes de
más de 180 naciones. Su objetivo común: conocerse entre sí, compartir
experiencias y celebrar una gran fiesta ante la presencia del Papa.
¿Cuál es el origen de las jornadas mundiales de la
juventud?
En 1984 más de 300.000 jóvenes de todo el mundo acudieron
a Roma para el Jubileo Internacional de la Juventud el domingo de Ramos en la
Plaza de San Pedro. Estaban respondiendo así a la invitación del Papa de
celebrar el Año Santo de la Redención en 1983 /1984, marcando el 1950 aniversario
de la de la muerte y resurrección de Jesucristo.
Abrumado por el gran número de personas, la noche antes
del domingo de Ramos, el Papa Juan Pablo II dijo a los jóvenes: "¡Que fantástico espectáculo
veros todos aquí hoy! ¿Quién dijo que los jóvenes de hoy en día habían perdido
sus valores? ¿Quién dice que no se puede contar con ellos?"
En ese momento, Juan Pablo II confió a los jóvenes del
mundo un símbolo del amor de Cristo por la humanidad "para que fuese
llevado a todo el mundo": una enorme cruz de madera, conocida ahora como
la "Cruz de los Jóvenes" Y así empezó la búsqueda personal del Papa
para que este magnífico encuentro de fe de los jóvenes se convirtiese en algo
más permanente.
Un año después, la Organización de las Naciones Unidas
proclamaron 1985 como el "Año Internacional de la Juventud". El Papa
vio en esa ocasión una maravillosa oportunidad para organizar otro gran
encuentro de jóvenes para ese año e invitó a los jóvenes del mundo a celebrar
con él el domingo de Ramos en Roma; más de 250.000 jóvenes respondieron a su
llamada.
Inspirado por esos dos grandes eventos, el Papa Juan
Pablo II deseó que los jóvenes del mundo pudiesen celebrar y aprender de forma
continuada más cosas sobre la fe. Una semana después de la celebración con los
jóvenes, el Papa Juan Pablo II anunció la creación de la Jornada Mundial de la
Juventud:
"El Señor nos ha dado sus bendiciones
especiales para este encuentro (el Domingo de Ramos), así en los años
venideros, la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud tendrá lugar
todos los domingos de Ramos conjuntamente con el Consejo de los Laicos".
Así nació la Jornada Mundial de la Juventud. Se convirtió
en una de las principales características que definieron del papado de Juan
Pablo II, vista como una forma de acercarse a la próxima generación de
católicos, demostrando tener confianza en ellos, rejuveneciendo la iglesia y
llevando a cabo sus enseñanzas.
Los principios básicos de la Jornada Mundial de la
Juventud son:
- Una expresión de la Iglesia universal
- Un instrumento de evangelización de los jóvenes
- Una "Epifanía" de los jóvenes de la Iglesia
- Un símbolo efectivo de la Unión Eclesial
- Un peregrinaje de fe, ambos espiritual y practico
¿Cuántas jornadas mundiales de la juventud se han
celebrado hasta el momento?
Hasta ahora ha habido 28 Jornadas Mundiales de la
Juventud, y de ellas 12 como encuentros internacionales: en 1987 en Buenos
Aires (Argentina), en 1989 en Santiago de Compostela (España), en 1991 en
Czestochowa (Polonia), en 1993 en Denver (EEUU), en 1995 en Manila (Filipinas),
en 1997 en París (Francia), en 2000 en Roma (Italia), en 2002 en Toronto
(Canadá), en 2005 en Colonia (Alemania), 2008 en Sydney, 2011 en Madrid y 2013
en Río de Janeiro.
Fuente: Web Católico de Javier
domingo, 21 de julio de 2013
Juan Pablo II y la juventud
¿Por qué Juan Pablo II atrajo a tantos jóvenes a pesar de
que el mensaje cristiano es exigente, sobre todo en materia sexual? A nadie le
ha sido velado que ese mensaje siempre ha sido riguroso, como tampoco se le ha
ocultado que también es fuente de alegría. Es duro vivirlo no sólo en el campo
sexual sino en todas las realidades de la vida. Nada auténtico, coherente y
duradero se construye sin dificultad. Juan Pablo II lo sabía y por eso presentó
a los jóvenes el camino cristiano desde la óptica del amor de Dios; un amor que
es buscar el bien y la vida para sí mismo y para los demás.
Los jóvenes fueron sensibles a ese lenguaje y a la
persona de Juan Pablo II. Les habló de la vida allí donde no escuchaban otra
cosa que muerte, droga y suicidio; de fracasos en el campo afectivos con el
divorcio, las relaciones precoces y demás plagas sociales. El Papa de la
sonrisa siempre nueva tuvo fe en ellos y a la vez les regaló fe en la vida. Les
dijo que era posible vivir y triunfar en ella y les explicó incluso cómo
hacerlo.
Si las generaciones precedentes no les ofrecieron
convicciones firmes ni les enseñaron a vivir con un bagaje de valores que no
fueran los del consumo, ¿qué iban a hacer los jóvenes? Se dirigieron, en
ejemplar actitud de apertura, a los mayores, a los ancianos, para obtener lo
que no tenían. Juan Pablo II fue el punto de referencia, el enlace con la
historia y la memoria cultural y religiosa. Los jóvenes percibieron en él
palabras auténticas, se sintieron respetados, valorizados y tomados en serio:
«él sí tiene fe en nosotros», decían.
El Papa polaco tuvo confianza en ellos y muestra de esto
fue el espectáculo de fe que ofreció al mundo con esa dimensión hasta entonces
desconocida de «click» religioso-juvenil: las Jornadas Mundiales de la Juventud
(JMJ).
Cada una fue una etapa histórica para los jóvenes participantes.
A partir de las jornadas mundiales ya no se pudo hablar del mismo modo de
religión. La inteligencia de la fe se nutrió en las almas de los asistentes que
fueron irradiando ese fuego al regresar a sus lugares de origen.
El hecho religioso es un hecho social y permanece
inscrito en el ritmo del calendario. A la privatización de la vida religiosa,
los jóvenes, impulsados por la confianza del «Papa amigo», respondieron con un
no contundente. Percibieron, en la fuerza y nobleza de las palabras del «Papa
siempre joven», que la vida espiritual es una exigencia humana que el poder
público debe reconocer, respetar y honrar porque califica a cada ser humano y
constituye uno de los componentes esenciales de la realidad cotidiana.
No fue raro, aunque no deje de maravillar, que en la
víspera de la muerte del «Papa Magno», se agolparan las multitudes de rostros
lozanos y almas renovadas por la escucha de la palabra de Dios transmitida por
aquel hombre venido de una tierra golpeada por el látigo del comunismo. «La
humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y
valientes que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y
entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador», había escrito el Santo
Padre en su mensaje para la jornada mundial de la juventud 2003.
Fuente: Catholic.net
miércoles, 17 de julio de 2013
Cómo llega Juan Pablo II a la santidad
El papa Francisco anunció la canonización de dos de sus
predecesores: el papa Juan Pablo II (sumo pontífice entre 1978 y 2005) y el
papa Juan XXIII (1958-1963). No debería sorprendernos que Juan Pablo II, cuyo
pontificado predominó a finales del siglo XX, esté en la vía rápida a la
santidad.
Cuando murió en 2005, la multitud coreaba: "¡Santo,
súbito!" (¡Santo, ya!). El Vaticano verificó su primer milagro: haber
curado el Parkinson de una monja francesa. Él también padeció esa enfermedad un
par de meses antes de morir. Lo beatificaron en 2011 y su segundo milagro —una
mujer costarricense que tenía un aneurisma se curó luego de haber orado en uno
de sus santuarios— fue ratificado ese mismo año.
Por otra parte, la canonización de Juan XXIII fue
inesperada, pero tiene sentido. Juan presidió el Segundo Concilio Vaticano, la
gran reunión fue celebrada a mediados del siglo pasado con la que transformó
completamente el catolicismo moderno y que ahora cumple cincuenta años.
El papa Francisco ha enfatizado la naturaleza divina de
la labor de este concilio durante los últimos meses y omitió el requisito de
acreditar dos milagros de su autoría.
Un vocero del Vaticano subrayó que "como nadie
duda" de la santidad de Juan, el papa Francisco decidió seguir adelante
con la doble canonización. (Los primeros reportes procedentes de Italia indican
que el 8 de diciembre —que este año cae en domingo— y la fiesta de la
Inmaculada Concepción son las fechas más probables).
¿Por qué se canoniza a un papa? Esencialmente, los
católicos creen que un santo es una persona divina ya fallecida a través de la
cual Dios interviene para ayudar a los vivos. Durante los primeros 1,500 años
de la historia del catolicismo, la proclamación de un santo ocurría por
votación popular y no por medio de un procedimiento papal formal. Aunque había
algunos santos celebrados en todo el mundo cristiano, la gran mayoría solo
gozaba de veneración local o regional.
Como ocurrió con muchos otros procedimientos católicos,
los movimientos de reforma del papado medieval llevaron gradualmente al control
del proceso de canonización. En 1588, el papa Sixto V implementó la
"Sagrada Congregación de Ritos", un órgano que debía asumir el
control total de todos los procedimientos de beatificación y canonización.
Sin embargo, las comunidades locales y los líderes
religiosos siempre han pretendido promover a sus santos locales y a veces
empiezan a venerar a algunas personas sin contar con la aprobación oficial del
Vaticano. De hecho, el papa Juan Pablo II supervisó la canonización de más
personas (483) de las que habían sido proclamadas en los 500 años anteriores,
en parte para dar el respaldo del Vaticano a los santos que habían surgido en
todo el mundo católico.
De los 256 papas, 78 fueron canonizados. Esta podría
parecer una cifra importante, pero incluye a 52 de los primeros 54 papas. Luego
del siglo VI, el proceso decreció rápidamente. Para la época de los grandes
movimientos en la reforma del Medievo, la mayoría de los papas no eran
proclamados santos ni era necesario que ocurriera, ya que la santidad era
reservada para aquellas personas que no estaban tan profundamente envueltas en
los asuntos mundanos.
El papa Celestino V, por ejemplo, podría haberse vuelto santo,
pero era más reconocido por su discreta vida como ermitaño que por su breve
papado (también representó una fuente de inspiración para el retiro del papa
Benedicto XVI). Durante la era moderna, ha sido más probable que se reconozca
como santos a los líderes piadosos de algunas comunidades como la Madre Teresa
y otros personajes que no pertenecían a la élite de la jerarquía católica. Así,
la incipiente canonización de estos dos papas resulta inusual.
¿Qué sucede en Roma? Hay que remitirse a los pasajes de
la historia: para decidir quién puede ser santo casi siempre se toma en cuenta
el contexto local y las necesidades contemporáneas. Muchos de los elementos más
conservadores del mundo católico han promovido la santidad de Juan Pablo II.
Sin embargo, Juan XXIII es una especie de héroe para los grupos más liberales
por su apoyo al Concilio Vaticano II.
Tal vez, al relacionar a estos dos papas, Francisco
quiere hacer algo más para enfatizar la continuidad y las relaciones que
existen entre los católicos de todas clases, un tema que ha predominado hasta
ahora en su papado.
Por David M. Perry, especial para CNN
David M. Perry es profesor
adjunto de Historia
en la Universidad Dominica en River Forest, Illinois.
en la Universidad Dominica en River Forest, Illinois.
miércoles, 10 de julio de 2013
Juan Pablo II y el ave mensajera
La recogió un día, moribunda, en los yermos campos de la
guerra. Iba herida por una bala. Entonces vio que en sus patas llevaba un
mensaje de amor de su Señor.
Transido de dolor, Juan Pablo la abrazó contra su pecho, diciéndole:
"Muere tranquila, herida viajera del amor, que diste -como Él- tu vida
por un sueño. Yo llevaré tu mensaje a todos los rincones de la tierra. Tan sólo
dame para llegar tus alas en el viento, tu vuelo de un solo amanecer, tu anhelo
infinito… Al fin, tú y yo teníamos el mismo Señor y el mismo destino. Yo
seguiré el camino, hasta donde alcancen mis días".
Así, el peregrino de tanto andar y andar se convirtió en
paloma. Y en tímida aurora, la noche de la vida. Y fue por todos los rumbos del
planeta, sembrando su paz. Diciendo a los pueblos y al viento huracanado las
nuevas de esperanza. Después se perdió en el horizonte. Como todo pasa. Como
pasa el sueño de un ave mensajera. Así empezó a clarear el nuevo día sobre el
mundo. En algún lugar floreció la esperanza.
Así pasaron por la vida Juan Pablo y la paloma, en el
camino largo de una estrella…
Por Carlos Balaguer
jueves, 4 de julio de 2013
Juan Pablo II a un paso de la canonización
03/07/2013 - Juan Pablo II está cada vez más cerca de ser
santo. La comisión de cardenales de la Congregación para la Causa de los Santos
del Vaticano aprobó la atribución de un segundo milagro a Karol Wojtyla, paso
clave para su canonización. Aprobado el supuesto milagro por la comisión médica
y por la comisión de Cardenales y obispos, ahora sólo falta que el papa
Francisco promulgue el decreto a través del cual se reconoce el milagro y fije
la fecha para su canonización, que podría ser a finales de este año.
Si bien todavía no hubo información específica sobre los
detalles del milagro, en abril pasado, una comisión de siete médicos consultada
por la Congregación reconoció la curación inexplicable de una mujer. Se
trataría de un suceso ocurrido la noche de su beatificación en mayo del 2011.
Hasta ahora se desconoce el nombre y el lugar en donde fue realizado el milagro
por intercesión del pontífice polaco.
Según trascendió, el Papa Francisco podría proclamar
santos en una única ceremonia a Juan Pablo II y a Juan XXIII, a quien considera
"modelo de santidad", por su sencillez y bondad. La ceremonia para
tal fin podría concretarse entre el mes de octubre y diciembre de este
año. Monseñor Santiago Olivera, Obispo
de Cruz del Eje y delegado del episcopado argentino para las Causas de los
Santos dialogó con María Fernanda Maurutto y le dejaba su parecer respecto a
esta buena noticia. Mons. Olivera, en relación a los santos dijo que
"Cuando la Iglesia los propone lo hace como faro de luz y modelo a imitar
para cada uno de nosotros".
Fuente: Radio María Argentina
domingo, 30 de junio de 2013
Diez años de la exhortación apostólica "Ecclesia in Europa"
El 28 de junio se conmemoraron los diez años de la
Exhortación apostólica postsinodal "Ecclesia in Europa",
promulgada por el beato Juan Pablo II, como resultado de la II Asamblea Especial
para Europa en Roma.
Los 117 padres sinodales de entonces reflexionaron del 1
al 23 de octubre de 1999 sobre el tema "Jesucristo viviente en su Iglesia,
fuente de esperanza para Europa”. Lo destacable fue que iba en continuación de
la primera asamblea de fines de 1991, que centró su debate sobre el testimonio
cristiano en un mundo contemporáneo y sentaba las bases para una nueva
evangelización en el Viejo Continente.
La Segunda Asamblea Especial para Europa fue la última de
la serie de asambleas sinodales continentales convocadas por el entonces papa y
hoy beato Juan Pablo II, en su carta apostólica Tertio millenio adveniente, como parte de la preparación al Gran
Jubileo del Año 2000.
Según se recoge en la reseña de la Secretaría General del
Sínodo de los Obispos, la segunda asamblea se desarrolló en medio de
"nuevas situaciones sociales y culturales, presentes en el continente tras
los cambios políticos ocurridos en el Este".
Se lee también que los padres sinodales prestaron
atención a las diversas realidades de la Iglesia en Europa y al particular
momento histórico en relación al proyecto de unificación del continente.
"El tema de Jesucristo, viviente en su Iglesia, dominó la discusión
sinodal sobre las raíces culturales del continente y, al mismo tiempo,
constituyó una fuente de esperanza en la construcción de una nueva Europa sobre
el fundamento de la fe", reseña el alto ente eclesial.
Promulgado el documento que estamos recordando, el
Consejo post-sinodal (instalado por norma al término de cada asamblea sinodal),
se reunió para evaluar el impacto y la aplicación de Ecclesia in Europa en el
continente, elaborando un cuestionario que se envió a las conferencias
episcopales y a las organizaciones continentales en Europa. Estas respuestas
permitieron evaluar algunos aspectos de la misión de la Iglesia para el trabajo
a futuro en los países europeos.
Foro Juan Pablo II
jueves, 27 de junio de 2013
Juan Pablo II y la Virgen del Perpetuo Socorro
Siempre hemos oído hablar de la devoción del Beato Juan
Pablo II a María Santísima bajo esta advocación, devoción que cultivó ya desde
joven. El 30 de junio de 1991 visitó la Iglesia de San Alfonso en Roma con
motivo de la celebración de los 125 años del culto público al icono del
Perpetuo Socorro en dicha Iglesia. En la charla que mantuvo con la comunidad
tras la celebración religiosa dijo expresamente:
"...Recuerdo que en la última guerra, durante el
periodo de la ocupación nazi de Polonia y siendo yo obrero en una fábrica de
Cracovia, me paraba siempre en una iglesia, precisamente la de los
redentoristas, que se encontraba en mi camino de regreso de la fábrica a casa.
En aquella Iglesia había una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. ¡Cuántas
veces me detuve ante dicha imagen! y no sólo porque me caía de paso, sino
también porque la encontraba muy bella. Aún después de ser Obispo y Cardenal de
Cracovia volví a visitar dicha Iglesia. Prediqué en ella muchas veces y también
en ella administré Sacramentos, sobre todo el de la Confirmación. Se comprende
fácilmente, pues, que el venir hoy aquí me resulte como si hiciese un viaje
hacia mi pasado, hacia mi juventud..."
Oración de Juan
Pablo II a la Virgen del Perpetuo Socorro
(Manila, Filipinas, el 17 de
febrero de 1981)
Oh Madre del Perpetuo Socorro,
A Ti, Reina de los Mártires y Madre de la Iglesia, deseo
confiar de modo especial este ministerio papal mío y sus múltiples dimensiones.
Ya desde los comienzos, de la sangre de los mártires precisamente nació y
creció con fuerza la Iglesia de tu Hijo, la Iglesia de Jesucristo, con cuyo
sacrificio en la Cruz, Tú, Madre, cooperaste, con el sacrificio maternal de tu
Corazón (cf. Lumen gentium, 58).
Son muchos ciertamente los ejemplos que encontramos de
tal testimonio prestado por mártires santos y bienaventurados en varias partes
del gran continente de Asia. Los fundamentos de la fe sellados con la sangre
parecen estar hondamente arraigados ya en el terreno de la historia. Pero no
somos nosotros, que somos seres humanos, quienes podemos medir y decir si estos
fundamentos son suficientes para construir el servicio al Evangelio y a la
Iglesia en estas extensas tierras y en las incontables islas que las rodean.
Este juicio lo dejamos a la Misericordia del mismo Dios, al Corazón de nuestro
Redentor y Señor, y al Espíritu Santo que guía a la humanidad y a la Iglesia a
través del testimonio de sangre prestado al Reino de Amor y de Verdad.
No obstante, todo el trabajo inmenso que se presenta ante
nosotros, yo, Juan Pablo II, con plena conciencia de mi debilidad humana y de
mi indignidad deseo confiarlo a Ti, Madre de Cristo y de la Iglesia, que velas
con tu incesante amor maternal sobre ella en todas partes, dispuesta a prestar
toda clase de ayuda a cada corazón humano y en medio de todos los pueblos. Y
sobre todo entre quienes están probados más duramente por el sufrimiento, la
pobreza y toda clase de aflicciones imaginables.
Así, en el umbral de mi visita pastoral a Extremo
Oriente, te encomiendo y consagro con confianza absoluta, como a Madre de
nuestro Redentor, todas las naciones y pueblos de Asia y de las islas que la
rodean. Te encomiendo y confío la Iglesia, particularmente los lugares donde
padece más dificultades, donde no es comprendida debidamente su misión ni
tampoco su irreprimible deseo de servir a los individuos y a los pueblos. En el
umbral de esta peregrinación te encomiendo hoy las hospitalarias Filipinas y la
Iglesia que al estar arraigada aquí con fuerza particular, siente con la misma
fuerza particular su responsabilidad misionera. Que no le falte la fuerza
necesaria para la obra de evangelización. Que persevere en el servicio de su
pueblo y en la apertura a todos los demás, como siervo fiel que espera
constantemente la llegada del Señor.
Oh Madre del Perpetuo Socorro, acoge esta consagración
humilde y deposítala en el Corazón de tu Hijo, Tú que cuando estabas al pie de
su Cruz en el Calvario nos fuiste dada a cada uno de nosotros como Madre. Amen.
sábado, 22 de junio de 2013
La mujer de Costa Rica que se curó con las reliquias de Juan Pablo II detalla su testimonio
«Salí de ese parque sanada» Con esta naturalidad Floribeth Mora
relata cómo se curó por intercesión de Juan Pablo II.
Esta mujer costarricense que vive en la localidad de Tres
Ríos de Cartago es la protagonista del milagro que podría llevar a los altares
al Papa polaco, después de que el pasado martes la comisión teológica de la
Congregación para la Causa de los Santos diera fe de lo ocurrido, como ya lo
hicieran en el mes de abril los médicos que reconocieron que, de forma
inexplicable, Flory –como la llaman sus familiares y amigos–superó un aneurisma
cuando ya estaba desahuciada por los médicos.
Flory escribió su
testimonio
Todo comenzó el 8 de abril de 2011 al despertar. «Me dio
un dolor de cabeza tan fuerte que pensé que me reventaría la cabeza. Le pedí a
mi esposo que me llevara al hospital porque me sentía bastante mal. Cuando
llegué me encontraba muy mal por los vómitos y el dolor de cabeza», relata esta
mujer en un testimonio escrito por ella misma hace un año, recogido ahora por
“La Razón” y confirmado a este diario por uno de los partícipes del milagro.
En aquella primera visita al médico, le diagnosticaron
estrés y presión alta. Al comprobar a lo largo de los días posteriores que su
estado de salud no mejoraba, decidió acudir a un hospital en San José, la
capital del país.
«Tras varios exámenes me dijeron que tenía un pequeño
derrame de sangre en mi cerebro, luego me hicieron un TAC y descubrieron que se
trataba de un aneurisma cerebral en el lado derecho».
De inmediato la trasladaron a otro centro, mientras los
facultativos se mostraban sorprendidos por su aguante. Tras varios intentos por
cerrar el goteo de sangre que sufría en su cerebro, el equipo médico que la
atendía tuvo que desistir al encontrarse la dilatación en un lugar de difícil
acceso.
A partir de este momento, la situación empeoró
sobremanera. Tras pasar unos días en observación, las limitaciones del sistema
sanitario costarricense impidieron llevar a cabo una operación.
«Se cerraban así mis posibilidad de sobrevivir a tan
fatal diagnóstico», recuerda esta madre de cuatro hijos, abuela de cuatro
nietos y esposa de un ex oficial de la Policía nacional.
Tal era la gravedad de su situación que regresó a casa
con un aviso claro a su familia: sólo le quedaba un mes de vida. Sin embargo, a
pesar de la desesperación que en un primer momento les generó pensar en el
desenlace de la historia, «nos llenamos de mucha fe, pero no puedo negar el
miedo tan grande que sentía al ver lo que me estaba sucediendo».
Juan Pablo II,
beato
No se cumplía ni un mes de aquella mañana en la que su
vida se truncó, cuando tuvo lugar otro giro inesperado. El 1 de mayo de 2011,
en la plaza de San Pedro, más de un millón de personas participan en la
beatificación de Juan Pablo II.
Benedicto XVI proclamaba beato al Papa polaco destacando
en primera persona cómo vivió la santidad de su predecesor en la sede de Pedro:
«Durante 23 años pude estar cerca de él y
venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus
intuiciones sostenían mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha
impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio
de las múltiples ocupaciones de su ministerio». Cuando amanecía en Costa
Rica, Juan Pablo II ya había sido beatificado.
Como todos los domingos, la familia de Floribeth acudió a
misa a la parroquia. Con pocas fuerzas, pero de nuevo animada por su esposo,
acudieron al centro del barrio porque se estaba celebrando una procesión.
«En ese momento estaba pasando una carroza con la imagen
de Jesús Sacramentado y sentí un frío en el cuerpo. Me bajé del coche y fui
hasta allí».
Entonces, el sacerdote que acompañaba a la procesión
declamaba una oración: «¡Oh, Señor! Hay una sanación».
La mujer se detuvo y se puso a rezar: «Le pedimos a nuestro Papa Juan Pablo que
nos ayudara a pedirle a Dios que me ayudara».
Y en ese preciso instante, algo empezó a cambiar. «Salí
de ese parque con la fe de que yo fui la sanada», apunta esta madre de familia
que desde entonces centra las miradas de sus vecinos y amigos. A partir de
ahora, de todo el orbe católico.
Unos días después de aquel hecho, Floribeth, consciente
de que al Santuario de la Virgen de Ujarrás –cercano a su domicilio– había
recibido unas reliquias del Papa polaco, decidió acudir a rezar. «De nuevo, un
milagro», apostilla.
Se trataba de un relicario que contiene muestras de sangre
de Juan Pablo II, extraídas un día antes de morir.
Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, cuando llegó
ya había terminado la exposición. Aun así, el padre Dónald Solano hizo una
excepción.
«Me la enseñó y la toqué. Seis meses después me hicieron
otro examen en el cerebro y me indicaron que el aneurisma había desaparecido
para la honra y la gloria de mi Dios», subraya esta mujer, que haría posible
que Juan Pablo II sea proclamado santo, quizá, el próximo 20 de octubre, cuando
se cumplen 35 años del inicio de su Pontificado.
El neurocirujano,
sin explicación
Según publicó el jueves 20 de junio el diario «La Nación»
de Costa Rica, el neurocirujano Alejandro Vargas Román, que atendió a Floribeth
Mora durante su enfermedad, confirmó estos días que no encontró explicación
científica a la desaparición repentina del aneurisma que padecía cuando
analizaron exámenes posteriores a aquel 1 de mayo de 2011.
Además, Vargas reveló que funcionarios de la Santa Sede
le consultaron sobre los detalles del caso durante la fase diocesana del
proceso de canonización, la primera antes de que los informes sean remitidos a
Roma y examinados por las diferentes comisiones de la Congregación para la
Causa de los Santos.
«Médicamente, en teoría, nunca les va a desaparecer un
aneurisma a las personas porque es una dilatación. Científicamente yo no le
tengo ninguna explicación del por qué desapareció», comenta el doctor, que
vivió en primera persona lo ocurrido en el hospital Calderón Guardia.
Diario “La Razón”
Religión en libertad.com
miércoles, 19 de junio de 2013
La canonización del Beato Juan Pablo II está más cerca...
Juan Pablo II fue beatificado el 1 de Mayo de 2011. ¿Cuál
es el estado de la causa de su canonización?
El camino hacia la canonización de Juan Pablo II ha
tomado un nuevo impulso después de que se haya conocido el 19 de junio que la
Comisión Teológica de la Congregación para la Causa de los Santos, formada por
30 cardenales, ha aprobado el segundo milagro que se produjo por intercesión
del Papa Juan Pablo II, después de ser beatificado.
Hace unos meses, la comisión médica de la Congregación
para la Causa de los Santos aprobó un supuesto milagro por intercesión de
Wojtyla, dado que consideraron la curación como "inexplicable para la
ciencia". Es el milagro necesario para la canonización del primer papa polaco
de la historia, que fue beatificado el 1 de mayo de 2011.
Para que una persona sea beatificada es necesario que se
haya producido un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado, es
necesario un segundo milagro. Ese segundo milagro debe ocurrir después de ser
proclamado beato, y es el que se ha aprobado ahora.
El Vaticano no ha desvelado nada aún sobre este supuesto
milagro. El paso que falta después de esta aprobación es que la Congregación
para la Causa de los Santos presente al Papa Francisco el resultado para que dé
su visto bueno definitivo y pueda establecer la ansiada fecha de la
canonización.
El día "más probable" para la canonización de
Juan Pablo II puede ser el 20 de octubre, fecha intermedia entre el 35
aniversario de la elección de Karol Wojtyla como papa (el 16 de octubre de
1978) y el comienzo oficial de su pontificado, el 22 de octubre siguiente).
El proceso que llevará a Juan Pablo II a los altares se
abrió el 28 de junio de 2005 y comenzó en Roma, ciudad en la que murió y de la
que fue obispo durante 26 años y medio. La causa se abrió por deseo del papa
Ratzinger, sin esperar a que transcurrieran cinco años de su muerte, como
establece el Código de Derecho Canónico y como ocurrió con Madre Teresa de
Calcuta.
El anuncio fue acogido con gran alegría en el mundo
católico, donde aún sigue vivo el grito "santo
súbito " (santo ya) que decenas de miles de personas corearon aquel
día de abril de 2005.
La beatificación de Juan Pablo II se realizó el 1 de Mayo
de 2011. La comisión médica de la Congregación para las Causas de los Santos y
un grupo de teólogos le dieron el visto bueno al milagro atribuido a su
intercesión: la inexplicable curación del mal de Parkinson de una monja
francesa, Sor Marie Pierre-Simon.
Esta enfermedad le había obligado a dejar su trabajo como
enfermera en el área de maternidad de un hospital de Arles, en Francia. En
junio de 2005, tras haber pedido a Juan Pablo II una mejora en su enfermedad,
el Parkinson desapareció totalmente.
Los cardenales y obispos de la Congregación para las
Causas de los Santos dieron su visto bueno y Benedicto XVI firmó el decreto
poniendo como fecha el 1 de Mayo de 2011, domingo de la Divina Misericordia,
devoción impulsada por Juan Pablo II. La beatificación reunió a un millón de
personas.
Fuente: Web Católico de Javier
domingo, 16 de junio de 2013
Oración a María, Madre de Misericordia
Madre de misericordia,
cuida de todos para que no se haga inútil
la Cruz de Cristo,
para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado
y crezca en la esperanza en Dios,
«rico en misericordia» (Ef 2, 4),
para que haga libremente las buenas obras
que Él le asignó (cf. Ef 2, 10)
y, de esta manera, toda su vida
sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).
Beato Juan Pablo II
-La Puerta de la Fe-
miércoles, 12 de junio de 2013
Un mensaje de Juan Pablo II
Hay un mensaje de Juan Pablo II, muy útil para nuestra
actual problemática, y que permanece válido. Viene a decir que no hay paz sin
justicia. Y no hay justicia sin perdón. Publicado para la Jornada Mundial de la
Paz, tenía como trasfondo la amenaza terrorista. El papa reconoce el derecho a
defenderse que debe atenerse a reglas morales y jurídicas. Pero advierte que el
restablecimiento de la paz exige también el perdón, que se opone a la venganza
y al rencor. Y confirmaba que profana el nombre de la justicia quien lo
instrumentaliza para hacer violencia al hombre. Y se podría añadir que una base
especialmente válida en nuestro caso es desechar el pesimismo, la desesperanza.
Porque perder la esperanza es quizá lo peor que nos puede
suceder, porque nos quedamos sin fuerzas, sin voluntad de construir nuestra
sociedad. Fue famosa la frase de Churchill, vencedor en la Segunda Guerra
Mundial: el optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.
Porque el pesimismo reiterado puede ser autodestructivo. Alguna vez puede ser
positivo señalar lo negativo del mundo actual para identificar problemas a
solucionar; pero también puede ser una excelente excusa para la pereza y la
comodidad; porque un pesimismo social que exagera los problemas no da
soluciones y lleva a no hacer nada, porque… no tenemos solución.
También en el Mensaje Mundial de la Paz citado al
comienzo, Juan Pablo II se refería a la delicada situación internacional del
momento (el conflicto árabe-israelí, que duraba ya más de cincuenta años) y
decía algo de validez perdurable: los derechos y exigencias de cada parte serán
tenidos debidamente en cuenta y regulados de manera ecuánime, siempre y cuando
prevalezca en todos la voluntad de justicia y de reconciliación y de saber
perdonar.
Hay que saber aprender en cabeza ajena. Son –o fueron– el
proceso de paz en Irlanda, la comisión de la verdad en Sudáfrica, la
negociación con la guerrilla colombiana, la normalización en el País Vasco... y
muchos otros casos demuestran que, a la larga, la necesidad de reconciliación
entre los hombres prevalece sobre el poder de las ideologías que los separan.
Pero también demuestran que la reconciliación es posible, sobre todo cuando la
ofensa es grave o la reparación es imposible porque se han perdido vidas y
perdonar es una tarea muy difícil: pero es posible, más aún imprescindible si
de veras se quiere la paz.
Lo mejor es enfocar el futuro y no el pasado, para llevar
el país adelante. La lección de otros países que se han empeñado en aclarar y
seguir aclarando hasta la saciedad, parece patente: fue el ejemplo de Serbia,
Irlanda del Norte, el país vasco… y un largo etcétera en el que ninguno de
nosotros deseamos que nos incluyan. El camino hacia la madurez y la paz no
siempre es sencillo, porque fácilmente se producirán malentendidos. Pero a
través del diálogo podemos acercarnos, siempre de nuevo, a los otros: por esto
es tan importante educarnos en el arte de practicarlo.
Foro Juan Pablo II
sábado, 8 de junio de 2013
Corazón Inmaculado de María
"El Corazón de la Madre es en todo semejante al
Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una
presencia de paz y de reconciliación: ¿No es Ella quien, por medio del Ángel
Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya
jamás enviado al género humano (Lc. 1,26-38)?
María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación;
Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo, Dios reconcilió "con Él todas las
cosas" (Col 1,20); ahora, glorificada en el Cielo, tiene -como recuerda
una plegaria litúrgica- "un corazón lleno de misericordia hacia
los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se
refugian e imploran el perdón de Dios..."
Beato Juan Pablo II.
Ángelus. Domingo 3 de septiembre de 1989
miércoles, 5 de junio de 2013
Al escuchar a Juan Pablo II se hizo sacerdote y misionero
Es sacerdote de la Congregación de los Misioneros de la
Preciosa Sangre, fundada por San Gaspar del Búfalo, y vive en Italia. Cuando el Beato Juan Pablo II visitó Tanzania
en los años 90 “yo estaba haciendo el
servicio militar obligatorio, me escapé del campo y por una pequeña radio
escuché todo su mensaje y eso me tocó”, relata el sacerdote africano, David
Alexander Kinabo, que actualmente es misionero en Italia.
El Padre Kinabo natural de Tanzania señala que “a pesar que no estaba en el seminario,
tenía el deseo de convertirme en misionero y ser sacerdote y luego que lo
escuché (Juan Pablo II), envié una carta a los Misioneros de la Preciosa
Sangre, fundada por San Gaspar del Búfalo”.
El miércoles 5 de setiembre de 1990 el Papa Wojtyla
señaló en la Misa celebrada en el Estadio Kilimanjaro en Moshi, Tanzania que “ustedes
queridos hermanos y hermanos son la feliz cosecha de los misioneros
–agregando posteriormente– podrían inundar el mundo con la luz”.
El Papa peregrino enfatizó al pueblo africano que “es
su momento de convertirse en testigos de Cristo en Tanzania, el continente
africano y hasta los confines de la tierra”. Estas palabras
pronunciadas por el beato, fueron aquellas que llevó a determinar al Padre
Kinabo, quien en ese momento tenía 23 años, a responder al llamado a la
vocación religiosa.
África de ser el continente que por muchos años fue
evangelizado por los europeos, ahora sale al encuentro de Europa para proclamar
la palabra de Dios y a re-Evangelizar. Para el Padre David, esto es como “aquél
que invierte su dinero en una campaña y luego de tantos años retorna lo
invertido en frutos”.
Como bien decía el Beato “son la feliz cosecha de los
misioneros”. El sacerdote cuenta que hace unos días visitando Pompeya “una primera Misa la celebró un africano, la
segunda otro africano que hablaba en italiano y francés, probablemente de Congo
o Ghana, y también estaba yo. Me he maravillado y comentamos: ahora estamos
todos aquí”.
Desde que ingresó al seminario, el sacerdote estudió 10
años en Tanzania, luego fue enviado a Roma para su ordenación que fue presidida
por el Arzobispo de Dar-es-Salaam (Tanzania), Cardenal Polycarp Pengo.
Posteriormente regresó a Tanzania a
servir por cinco años y en octubre de 2005 fue enviado nuevamente a Italia,
país que permanece desde hace ocho años siendo “una bella experiencia, a pesar de la diferencia cultural, me han
acogido bien. Hasta me han cambiado el nombre ya no me llaman Padre David, me
dicen Padre D”.
El Padre Kinabo dice a los misioneros de África que “no tengan miedo de venir a Europa, primero
de todo es una llamada de amor propia de Dios, a la gente, al pueblo, a Europa
para evangelizar, este debe ser nuestro fundamento, el amor que empuja para
evangelizar el mensaje que hemos recibido, es el amor de Dios que te lleva a
los confines de la tierra"… "La palabra de Dios se puede insertar en
cada cultura, raza y nación, por eso es importante de ser cristiano, católico,
de llevar ese mensaje de paz de alegría, aunque algunas veces predicamos según
nuestra cultura, de manera simple, al modo de África. Hay tantas personas que
te agradecen cuando haces una prédica, cuando las personas se identifican,
entonces se sienten bien y te acogen a veces canto en mi idioma swahili”.
El Padre David respondió al llamado de Dios en su
corazón, como señala la congregación a la que pertenece, “los misioneros son llamados a lugares que significan un desafío para
ellos”. Actualmente el Padre es capellán de una pequeña capilla que
pertenece a la Parroquia Preciosísima Sangre en San Roco, Bari, Italia.
Foro Juan Pablo II
domingo, 2 de junio de 2013
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