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domingo, 26 de febrero de 2023
Jesús tentado en el desierto (Primer domingo de Cuaresma)
1.«Jesús
(...) fue llevado por el Espíritu al desierto, y tentado allí por el diablo
durante cuarenta días» (Lc 4, 1-2). Antes de comenzar su actividad pública,
Jesús, llevado por el Espíritu Santo, se retira al desierto durante cuarenta
días. Allí, como leemos hoy en el Evangelio, el diablo lo pone a prueba,
presentándole tres tentaciones comunes en la vida de todo hombre: el atractivo
de los bienes materiales, la seducción del poder humano y la presunción de
someter a Dios a los propios intereses.
miércoles, 22 de febrero de 2023
El Miércoles de Ceniza según San Juan Pablo II
El miércoles de ceniza se abre una
estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera
prepararse dignamente para el misterio pascual, o sea, el recuerdo de la
Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se
caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra:
"matanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es
propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de
ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el
Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo
volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión,
recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana,
sujeta a la muerte.
La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva
nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y
fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino
un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible
de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana
del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y
que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de
Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.
Sinónimo de "conversión" es así
mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de
mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el
seguimiento de Cristo.
San Juan Pablo II
Miércoles de Ceniza de 1983
martes, 26 de marzo de 2019
San Juan Pablo II: Mensaje para Cuaresma
El Miércoles de Ceniza, al comenzar la Cuaresma, la liturgia de la
Iglesia nos dirige a todos los fieles una intensa invitación a la conversión
con las palabras del Apóstol Pablo: «En nombre de Cristo os suplicamos:
¡Reconciliaos con Dios!» (2 Corintios 5, 20). La Cuaresma es un período de
penitencia y de reconciliación con Dios por medio de la Cruz de Cristo. Esta
reconciliación constituye el fruto de la gracia de la Redención, que se ofrece
sobreabundantemente al hombre de todas las generaciones y épocas, de todas las
naciones y razas. Nos la ofrece a cada uno de nosotros el Espíritu Santo, que
"nos ha sido dado".
"...Así pues, dejémonos guiar por el Espíritu Santo durante este
tiempo privilegiado: para preparar a Jesús a su misión, lo impulsó al desierto
de la tentación y lo confortó luego en la hora de la prueba, acompañándolo
desde el monte de los olivos hasta el Gólgota. El Espíritu Santo está a nuestro
lado mediante la gracia de los sacramentos. En particular, en el Sacramento de
la Reconciliación nos lleva, por el camino del arrepentimiento y de la
confesión de nuestras culpas, a los brazos misericordiosos del Padre.
Deseo de corazón que la Cuaresma sea para cada cristiano una ocasión
propicia para este camino de conversión, que tiene su referencia fundamental e
irrenunciable en el sacramento de la penitencia. Esta es la condición para
llegar a una experiencia más íntima y profunda del amor del Padre.
Que nos acompañe, a lo largo de este itinerario cuaresmal, María,
ejemplo de dócil acogida del Espíritu de Dios. A Ella nos dirigimos hoy, en el
momento en que, junto con los creyentes de todo el mundo, entramos en el clima
austero y penitencial de la Cuaresma.
San
Juan Pablo II (1998)
domingo, 10 de marzo de 2019
Jesús rechaza las tentaciones de Satanás
«Jesús (...) fue llevado por el Espíritu al desierto, y tentado allí
por el diablo durante cuarenta días» (Lc 4, 1-2). Antes de comenzar su
actividad pública, Jesús, llevado por el Espíritu Santo, se retira al desierto durante
cuarenta días. Allí, como leemos hoy en el Evangelio, el diablo lo pone a
prueba, presentándole tres tentaciones comunes en la vida de todo hombre: el
atractivo de los bienes materiales, la seducción del poder humano y la
presunción de someter a Dios a los propios intereses.
La lucha victoriosa de Jesús contra el tentador no termina con los días
pasados en el desierto; continúa durante los años de su vida pública y culmina
en los acontecimientos dramáticos de la Semana Santa. Precisamente con su muerte
en la Cruz, el Redentor triunfa definitivamente sobre el mal, liberando a la
humanidad del pecado y reconciliándola con Dios. Parece que San Lucas quiere
anunciar, ya desde el comienzo, el cumplimiento de la salvación en el Gólgota.
En efecto, concluye la narración de las tentaciones mencionando a Jerusalén,
donde precisamente se sellará la victoria pascual de Jesús.
La escena de las tentaciones de Cristo en el desierto se renueva cada
año al comienzo de la Cuaresma. La liturgia invita a los creyentes a entrar con
Jesús en el desierto y a seguirlo en el típico itinerario penitencial de este
tiempo cuaresmal, que ha comenzado el miércoles pasado con el austero rito de
la ceniza.
«Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que
Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás» (Rm 10, 9). Las palabras del apóstol Pablo, que acabamos
de escuchar, ilustran bien el estilo y las modalidades de nuestra peregrinación
cuaresmal. ¿Qué es la penitencia sino un regreso humilde y sincero a las
fuentes de la fe, rechazando prontamente la tentación y el pecado, e
intensificando la intimidad con el Señor en la oración?
En efecto, sólo Cristo puede liberar al hombre de lo que lo hace
esclavo del mal y del egoísmo: de la búsqueda ansiosa de los bienes materiales,
de la sed de poder y dominio sobre los demás y sobre las cosas, de la ilusión
del éxito fácil, y del frenesí del consumismo y el hedonismo que, en
definitiva, perjudican al ser humano.
Queridos hermanos y hermanas, esto es lo que nos pide claramente el
Señor para entrar en el clima auténtico de la Cuaresma. Quiere que en el
desierto de estos cuarenta días aprendamos a afrontar al enemigo de nuestras
almas, a la luz de su palabra de salvación. Pidamos al Espíritu Santo que
vivifique nuestra oración, para que estemos dispuestos a afrontar con valentía
la incesante lucha de vencer el mal con el bien.
«Entonces clamamos al Señor (...), y el Señor escuchó nuestra voz» (Dt
26, 7). La profesión de fe del pueblo de Israel, narrada en la primera lectura,
presenta el elemento fundamental alrededor del cual gira toda la tradición del
Antiguo Testamento: la liberación de la esclavitud de Egipto y el nacimiento
del pueblo elegido.
La Pascua de la antigua Alianza constituye la preparación y el anuncio
de la Pascua definitiva, en la que se inmolará el Cordero que quita el pecado
del mundo.
Queridos hermanos y hermanas, al comienzo del itinerario cuaresmal
volvemos a las raíces de nuestra fe para prepararnos, con la oración, la
penitencia, el ayuno y la caridad, a participar con corazón renovado
interiormente en la Pascua de Cristo.
San Juan Pablo II
martes, 5 de marzo de 2019
Miércoles de Ceniza: Inicio de Cuaresma
"...La Cuaresma, que se inicia con el austero y
significativo rito de la imposición de las cenizas, constituye un momento
privilegiado para intensificar un compromiso de conversión a Cristo. El
itinerario cuaresmal se convertirá, de este modo, en ocasión propicia para
examinarse a sí mismos con sinceridad y verdad, para volver a poner en orden la
propia vida, así como las relaciones con los demás y con Dios. «Convertíos y
creed en el Evangelio» (Marcos 1, 15). Que en este exigente camino espiritual
nos apoye la Virgen, Madre de Dios. Que nos haga dóciles a la escucha de la
palabra de Dios, que nos empuja a la conversión personal y a la fraterna
reconciliación. Que María nos guíe hacia el encuentro con Cristo en el misterio
pascual de su muerte y resurrección."
(San Juan Pablo II, Ángelus
22-2-2004)
martes, 28 de febrero de 2017
Palabras de San Juan Pablo II sobre el miércoles de ceniza
El
miércoles de ceniza se abre una estación espiritual particularmente relevante
para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la preparación del
misterio pascual, o sea, el recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección del
Señor.
Este
tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que
puede ser resumido en una sola palabra: "matanoeiete", es decir
"Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles
mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras
"Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión
"Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar
acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera
fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La
sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que
no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La
conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades
terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica
una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este
fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar
hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y
triunfe su justicia.
Sinónimo
de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"...
Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y
positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.
San
Juan Pablo II
Año
1983
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