sábado, 22 de julio de 2017
domingo, 9 de julio de 2017
Murió Joaquín Navarro Valls, portavoz por más de 20 años de San Juan Pablo II
Joaquín
Navarro-Valls, portavoz del Papa Juan Pablo II durante más de dos décadas, ha
fallecido a los 81 años de edad. La noticia la ha dado a conocer el actual
director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke.
Médico y
periodista de formación, en 1984 Navarro-Valls (Cartagena, 1936) se convirtió
en el primer laico y el primer no italiano en ocupar el cargo de director de la
Sala de Prensa de la Santa Sede. Durante el pontificado de San Juan Pablo II
desarrolló un trabajo fundamental, sobre todo en los últimos meses, cuando la
salud del anciano papa polaco estaba muy deteriorada y se encargaba de
comunicar con precisión a la prensa las condiciones del pontífice.
Actualmente era
presidente del Consejo Asesor de la Universidad Campus Bio-Medico de Roma. Fue
considerado como el laico con más poder en el Vaticano y el principal artífice
de la modernización de la información en la Santa Sede.
Acompañó al
papa Juan Pablo II en todos sus viajes y actos oficiales, y como portavoz
vaticano confirmó oficialmente la muerte del pontífice en la noche del 2 de
abril de 2005.
Durante su
etapa como director de la Sala de Prensa de la Santa Sede potenció y modernizó
la Oficina de Prensa vaticana, que canaliza toda la información sobre la
actividad del Pontífice y de los dicasterios de la curia.
Acompañó tanto
a Juan Pablo II como a su sucesor Benedicto XVI (2005-2013), en todos sus
viajes por el mundo y en todas sus conferencias internacionales.
El 11 de julio
de 2006, después de 22 años como portavoz del Papa dejó la dirección de la Sala
de Prensa de la Santa Sede, pocos días después de acompañar a Benedicto XVI en
su viaje a Valencia para participar en el Encuentro Mundial de las Familias.
Navarro-Valls
se doctoró en Medicina por la Universidad de Granada en 1961, en las
especialidades de Psiquiatría y Psicología Social. Más tarde, en 1968, se
licenció en Periodismo por la Universidad de Navarra. Desde 1960 hasta 1974
colaboró en diversos periódicos y revistas de España y fue fundador de la
revista "Diagonal" en Barcelona. De 1974 a 1977 fue corresponsal de
las revistas "Nuestro tiempo" y "Revista de Medicina", y
portavoz del Opus Dei, organización de la que forma parte desde 1959. El 1 de
diciembre de ese último año fue nombrado corresponsal del diario madrileño
"ABC" para Italia, el Vaticano y los países del Este mediterráneo,
con sede en Roma. Ese cargo lo compaginó en 1983 y 1984 con el de consejero y
luego presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia, hasta que
el 4 de diciembre de 1984 fue nombrado Director de la Sala de Prensa de la
Santa Sede, debido a una decisión personal del papa Juan Pablo II. A partir de
esta fecha, se convirtió en una de las personas de mayor confianza del papa y
su portavoz oficial que le acompañó en todos sus viajes y actos oficiales,
incluso durante las cortas vacaciones del pontífice. Tras abandonar el cargo,
debutó en la televisión pública italiana RAI como comentarista, y en enero de
2007 asumió la presidencia del Consejo Asesor de la Universidad Campus Bio-Medico
de Roma, centro universitario dependiente del Opus Dei, del que era miembro.
Además, desde 2008 empezó a colaborar con la empresa Lux Vide, en la
supervisión de mensajes por telefonía móvil con frases históricas de Juan Pablo
II, y desde enero de 2009 presidió la Fundación Telecom Italia. En 1983 fue
galardonado por el Rey Juan Carlos I, a petición del Gobierno español, con la
encomienda de la Orden de Mérito Civil y en abril de 1997 se le concedió la
Gran Cruz de esta misma orden. Obtuvo en su carrera premios como el "Líder
de Opinión 1980", de la Asociación Internacional de Operadores de
Información (OIPEF); premio "Calabria" 1984 para corresponsales en el
extranjero; premio "Laurel 1985" y "Laurel Especial 1999" de
la Asociación de la Prensa de Murcia o el premio internacional de periodismo
"Ischia" en 1985. Era doctor "honoris causa" por la
Universidad Cardenal Herrera-CEU de Valencia (2005) y por la Universidad
Internacional de Cataluña (2010)
domingo, 11 de junio de 2017
Santísima Trinidad
¡Gloria y
alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
Bendito seas,
Padre, que en Tu infinito Amor nos has dado a Tu Hijo Unigénito, hecho carne
por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen María y nacido en
Belén hace dos mil años. Él se hizo nuestro Compañero de viaje y dio nuevo
significado a la historia, que es un camino recorrido juntos en las penas y los
sufrimientos, en la fidelidad y el amor, hacia los cielos nuevos y la tierra
nueva en los cuales Tú, vencida la muerte, serás Todo en todos.
¡Gloria y
alabanza a Ti, Santísima Trinidad, Único y Eterno Dios!
Que por tu
gracia, Padre, este tiempo sea un tiempo de conversión y de gozoso retorno a
Ti; que sea un tiempo de reconciliación entre los hombres y de nueva concordia
entre las naciones; un tiempo en que las espadas se cambien por arados y al
ruido de las armas le sigan los cantos de la paz. Concédenos, Padre, poder
vivir dóciles a la voz del Espíritu, fieles en el seguimiento de Cristo,
asiduos en la escucha de la Palabra y en el acercarnos a las fuentes de la
gracia.
¡Gloria y
alabanza a Ti, Santísima Trinidad, Único y Eterno Dios!
Sostén, Padre,
con la fuerza del Espíritu, los esfuerzos de la Iglesia en la nueva
evangelización y guía nuestros pasos por los caminos del mundo, para anunciar a
Cristo con la propia vida orientando nuestra peregrinación terrena hacia la
Ciudad de la Luz. Que los discípulos de Jesús brillen por su amor hacia los
pobres; que sean solidarios con los necesitados y generosos en las obras de
misericordia; que sean indulgentes con los hermanos para alcanzar de Ti ellos
mismos indulgencia y perdón.
¡Gloria y
alabanza a Ti, Santísima Trinidad, Único y Eterno Dios!
Concede, Padre,
que los discípulos de Tu Hijo, purificada la memoria y reconocidas las propias
culpas, sean una sola cosa para que el mundo crea. Se extienda el diálogo entre
los seguidores de las grandes religiones y todos los hombres descubran la
alegría de ser hijos tuyos. A la voz suplicante de María, Madre de todos los
hombres, se unan las voces orantes de los apóstoles y de los mártires
cristianos, de los justos de todos los pueblos y de todos los tiempos, para que
este tiempo sea para cada uno y para la Iglesia causa de renovada esperanza y
de gozo en el Espíritu.
¡Gloria y
alabanza a Ti, Santísima Trinidad, Único y Eterno Dios!
A Ti, Padre
Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del
tiempo y de la historia. En el Espíritu que santifica el universo, alabanza,
honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
San Juan Pablo
II
domingo, 4 de junio de 2017
El Espíritu Santo os lo enseñará todo
Creo oportuno proponer a vuestra reflexión y a vuestra
oración estas palabras de Jesús: «El Espíritu Santo os lo enseñará todo» (cf.
Jn 14, 26). Nuestro tiempo está desorientado y confundido; a veces, incluso,
parece que no conoce la frontera entre el bien y el mal; aparentemente, rechaza
a Dios, porque lo desconoce o porque no lo quiere conocer.
En esta situación, es importante que nos dirijamos
idealmente al cenáculo para revivir el misterio de Pentecostés (cf. Hch 2,
1-11) y para permitir que el Espíritu de Dios nos lo enseñe todo, poniéndonos
en una actitud de docilidad y humildad a su escucha, a fin de aprender la
«sabiduría del corazón» (Sal 90, 12) que sostiene y alimenta nuestra vida.
Creer es ver las cosas como las ve Dios, participar de
la visión que Dios tiene del mundo y del hombre, de acuerdo con las palabras
del Salmo: «Tu luz nos hace ver la luz» (Sal 36, 10). Esta «luz de la fe» en
nosotros es un rayo de la luz del Espíritu Santo. En la secuencia de
Pentecostés, oramos así: «Oh luz dichosísima, penetra hasta el fondo en el
corazón de tus fieles».
Jesús quiso subrayar fuertemente el carácter
misterioso del Espíritu Santo: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz,
pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del
Espíritu» (Jn 3, 8). Entonces, ¿es necesario renunciar a entender? Jesús
pensaba exactamente lo contrario, pues asegura que el Espíritu Santo mismo es
capaz de guiarnos «hasta la verdad completa» (Jn 16, 13).
Una luz extraordinaria sobre la tercera Persona de la
Santísima Trinidad ilumina a los que quieren meditar en la Iglesia y con la
Iglesia el misterio de Pascua y de Pentecostés. Jesús fue «constituido Hijo de
Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los
muertos» (Rm 1, 4).
Después de la Resurrección, la presencia del Maestro
inflama el corazón de los discípulos. «¿No estaba ardiendo nuestro corazón
dentro de nosotros?» (Lc 24, 32), dicen los peregrinos que iban camino de
Emaús. Su palabra los ilumina: nunca habían dicho con tanta fuerza y plenitud:
«¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28). Los cura de la duda, de la tristeza, del
desaliento, del miedo, del pecado; les da una nueva fraternidad; una comunión
sorprendente con el Señor y con sus hermanos sustituye al aislamiento y la
soledad: «Ve a mis hermanos» (Jn 20, 17).
Durante la vida pública, las palabras y los gestos de
Jesús no habían podido llegar más que a unos pocos millares de personas, en un
espacio y lugar definidos. Ahora esas palabras y esos gestos no conocen límites
de espacio o de cultura. «Este es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.
Esta es mi Sangre, derramada por vosotros» (cf. Lc 22, 19-20): basta que sus
Apóstoles lo hagan «en conmemoración suya», según su petición explícita, para
que él esté realmente presente en la Eucaristía, con su Cuerpo y su Sangre, en
cualquier parte del mundo. Es suficiente que repitan el gesto del perdón y de
la curación, para que él perdone: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan
perdonados» (Jn 20, 23).
Cuando estaba con los suyos, Jesús tenía prisa; le
preocupaba el tiempo: «Todavía no ha llegado mi tiempo» (Jn 7, 6); «todavía por
un poco de tiempo está la luz entre vosotros» (Jn 12, 35). Después de la
Resurrección, su relación con el tiempo ya no es la misma; su presencia
continúa: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,
20).
Esta transformación en profundidad, extensión y
duración, de la presencia de nuestro Señor y Salvador es obra del Espíritu
Santo.
Y, cuando Cristo Resucitado se hace presente en la
vida de las personas y les da su Espíritu (cf. Jn 20, 22), cambian completamente,
aun permaneciendo, más aún, llegando a ser plenamente ellas mismas. El ejemplo
de San Pablo es particularmente significativo: la luz que lo deslumbró en el
camino de Damasco hizo de él un hombre más libre de lo que había sido; libre
con la libertad verdadera, la del Resucitado ante el que había caído por tierra
(cf. Hch 9, 1-30). La experiencia que vivió le permitió escribir a los
cristianos de Roma: «Libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la
santidad; y el fin, la vida eterna» (Rm 6, 22).
Lo que Jesús comenzó a hacer con los suyos en tres
años de vida común, es llevado a plenitud por el don del Espíritu Santo. Antes
la fe de los Apóstoles era imperfecta y titubeante, pero después es firme y
fecunda: hace caminar a los paralíticos (cf. Hch 3, 1-10), ahuyenta a los
espíritu inmundos (cf.Hch 5, 16). Los que, en otro tiempo, temblaban a causa
del miedo al pueblo y a las autoridades, afrontan a la muchedumbre reunida en
el templo y desafían al Sanedrín (cf. Hch 4, 1-14). Pedro, a quien el miedo a
las acusaciones de una mujer había llevado a la triple negación (cf. Mc 14,
66-72), ahora se comporta como la «roca» que Jesús quería (cf. Mt 16, 18).
María, a diferencia de los discípulos, no esperó la
Resurrección para vivir, orar y actuar en la plenitud del Espíritu. El
Magníficat expresa toda la oración, todo el celo misionero, toda la alegría de
la Iglesia de Pascua y de Pentecostés (cf. Lc 1, 46-55).
A Ella, Esposa del Espíritu y Madre de la Iglesia, me
dirijo con las palabras de San Ildefonso de Toledo:
«Te suplico encarecidamente, oh Virgen santa,
que yo reciba a Jesús por aquel Espíritu
por obra del cual Tú misma engendraste a Jesús.
Que mi alma reciba a Jesús por aquel Espíritu,
por obra del cual tu carne concibió al mismo Jesús.
Que yo ame a Jesús en aquel mismo Espíritu,
en el que Tú lo adoras como Señor y lo contemplas como
Hijo».
(De virginitate perpetua Sanctae Mariae, XII: PL
96,106).
San
Juan Pablo II (JMJ 1998)
martes, 30 de mayo de 2017
María en la Visitación
"...Es siempre sugestivo este momento de fe y
devoto homenaje a María Santísima con que concluye el mes de mayo, mes mariano
-expresó San Juan Pablo II en la
Audiencia General del 31 de mayo de 2000-. Habéis rezado el Santo Rosario
caminando hacia esta gruta de Lourdes, que se encuentra en el centro de los
jardines vaticanos. Aquí, ante la Imagen de la Virgen Inmaculada, habéis
depositado en sus manos vuestras intenciones de oración, meditando en el
misterio que se celebra hoy: la
Visitación de María Santísima a Santa Isabel.
En este acontecimiento,
se refleja una "Visitación" más profunda: la de Dios a su pueblo, saludada por el
júbilo del pequeño Juan, el mayor entre los nacidos de mujer (cf. Mt 11, 11) ya
desde el seno materno. Así, el mes mariano concluye bajo el signo del
"gaudium", segundo misterio "gozoso", es decir, de la
alegría, del júbilo..."
San Juan Pablo II
San Juan Pablo II
domingo, 21 de mayo de 2017
María, Madre del Divino Amor
Salve, oh
Madre, Reina del mundo.
Tú eres la
Madre del Amor Hermoso,
Tú eres la
Madre de Jesús, fuente de toda gracia,
el perfume de
toda virtud,
el espejo de
toda pureza.
Tú eres alegría
en el llanto, esperanza en la muerte.
¡Como dulce
sabor tu nombre en nuestra boca,
como suave
armonía en nuestros oídos,
como embriaguez
en nuestro corazón!
Tú eres la
felicidad de los que sufren,
la corona de
los mártires,
la belleza de
las vírgenes.
Te suplicamos
que nos guíes, después de este destierro,
a la posesión
de tu Hijo, Jesús.
Amén.
"...En
este día del mes de Mayo, junto con todos vosotros, también yo he querido venir
en peregrinación a este lugar bendito, para arrodillarme a los pies de la
imagen milagrosa, que, desde hace siglos, no cesa de dispensar gracias y
consuelo espiritual, y para dar así comienzo solemne al mes mariano, que en la
piedad popular encuentra expresiones sumamente delicadas de veneración y afecto
hacia nuestra Madre Dulcísima.
La tradición
cristiana, que nos hace ofrecer flores, ramilletes y piadosos propósitos a la
Toda-hermosa y Toda-Santa, encuentre en este Santuario, que sugiere en medio de
la campiña romana, rica de luz y verdor, el punto ideal de referencia en este
mes consagrado a Ella.
Tanto más que
Su Imagen, representada sentada en el trono, con el Niño Jesús en sus brazos, y
con la paloma descendiendo sobre Ella, como símbolo del Espíritu Santo, que es
precisamente el Divino Amor, nos trae a la mente los vínculos dulces y puros
que unen a la Virgen María con el Espíritu Santo y con el Señor Jesús. Flor
nacida de Su Seno, en la obra de nuestra redención.
Cuadro
admirable, ya contemplado, en una evocación lírica, por el mayor poeta italiano
cuando hace exclamar a San Bernardo: "En Tu Seno se enciende el Amor por
el que caldeada en la eterna paz ha brotado así esta Flor." (Paradiso, 33,
7-9)..."
San Juan Pablo
II Santuario del Divino Amore. 1 de mayo de 1979
domingo, 7 de mayo de 2017
Oración a Jesús, el Buen Pastor
Buen Pastor,
enseña a los jóvenes aquí reunidos; enseña a los jóvenes de todo el mundo lo
que significa «dar» su vida mediante la vocación y la misión. Como enviaste a
los Apóstoles a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra, lanza
ahora tu desafío a la juventud de la Iglesia para que cumpla la gran misión de
darte a conocer a cuantos aún no han oído hablar de Ti. Da a estos jóvenes la
valentía y la generosidad de los grandes misioneros del pasado, de suerte que,
a través del testimonio de su fe y su solidaridad con todos sus hermanos y
hermanas necesitados, el mundo descubra la verdad, la bondad y la belleza de la
vida que sólo Tú puedes dar.
Enseña a estos
jóvenes a hacer buen uso de su libertad. Enséñales que la mayor libertad
consiste en entregarse totalmente. Enséñales el significado de tus Palabras:
«El que pierda su vida por Mí, la encontrará» (Mt 10, 39).
Por todo esto,
Buen Pastor, te amamos. Los jóvenes aquí reunidos te aman porque aman la vida,
el don del Creador. Aman su vida humana como el sendero por el que pasarán en
medio de este mundo creado. Aman la vida como tarea y como vocación.
Y aman también
la otra vida que el Padre eterno nos ha dado por medio de Ti: la vida de Dios
en nosotros, el mayor regalo que nos has dado.
Tú eres el Buen
Pastor. Y no hay ningún otro.
Has venido para
que tengamos la vida, y la tengamos en abundancia. La vida, no sólo a nivel
humano, sino también en la medida del Hijo, el Hijo en el que el Padre se
complace eternamente.
Señor
Jesucristo, te damos gracias por haber dicho: «Yo he venido para que tengan
vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).
Los jóvenes de
esta Jornada mundial de la juventud te dan las gracias desde lo más profundo de
su corazón.
San Juan Pablo
II.
Vigilia de
Oración con los jóvenes. Cherry Creek State Park de Denver. Sábado 14 agosto 1993.
lunes, 1 de mayo de 2017
Mayo es el Mes de María
Al hablar de San José y de la Casa de Nazaret, el
pensamiento se dirige espontáneamente a Aquella que, en esa Casa, fue durante
años la esposa afectuosa y madre tiernísima, ejemplo incomparable de serena
fortaleza y de confiado abandono. ¿Cómo no desear que la Virgen Santa entre
también en nuestras casas, obteniendo con la fuerza de su intercesión materna,
como dije en la Exhortación Apostólica "Familiaris consortio", que
"cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una 'pequeña
Iglesia', en la que se refleje y reviva el misterio de la Iglesia de
Cristo"? (n. 86)"
Para que esto suceda, es necesario que florezca
nuevamente en las familias la devoción a María Santísima, especialmente
mediante el rezo del Santo Rosario. El mes de mayo, puede ser la ocasión
oportuna para reanudar esta hermosa práctica que tantos frutos de compromiso
generoso y de consuelo espiritual ha dado a las generaciones cristianas,
durante siglos.
Que el Rosario vuelva a las manos de los cristianos y
se intensifique, con su ayuda, el diálogo entre la tierra y el Cielo, que es
garantía de que persevere el diálogo entre los hombres mismos, hermanados bajo
la mirada amorosa de la Madre común.
San Juan Pablo II
1 de mayo de 1982
domingo, 2 de abril de 2017
A 12 años de la muerte de San Juan Pablo II
Un día como
hoy, 2 de abril, en el año 2005 falleció Juan Pablo II a los 84 años en su
habitación privada del Vaticano tras un progresivo deterioro de su salud.
El Pontífice,
quien nació en Polonia, falleció en su apartamento privado del Vaticano sin
haber vuelto al Policlínico Gemelli, como era su voluntad.
La ventana de
su habitación, ubicado en el tercer piso del Palacio Apostólico, se
encendió, dando así la señal para que
los cardenales que se encontraban en la Plaza de San Pedro rezando el rosario, dieran
la noticia del fallecimiento a las más de 60.000 personas que se habían
congregado allí para pasar con el Pontífice sus últimas horas.
La noticia del
fallecimiento fue acogida con enorme conmoción. Como marca el ritual, a los pocos
minutos comenzaron a resonar las campanas de la Basílica de San Pedro para
anunciar al mundo la muerte del Papa Juan Pablo II.
Luego de cinco
años de su muerte, el “papa peregrino” fue beatificado por su sucesor,
Benedicto XVI. Y el 27 de abril de 2014, el papa Francisco lo proclamó Santo.
Karol Józef
Wojtyła nació en Wadowice, Polonia, 18 de mayo de 1920. Tras haber sido obispo
auxiliar (desde 1958) y arzobispo de Cracovia (desde 1962). Luego de haber sido
elevado al cardenalato por el Papa Pablo VI, y tras el breve pontificado de
Juan Pablo I, los cardenales reunidos en Cónclave lo eligieron Papa el 16 de
octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó
solemnemente su ministerio petrino como 263° sucesor del Apóstol Pedro. Se
convirtió en el primer papa polaco de la historia, y en el primero no italiano
desde 1523. Su pontificado de casi 27 años fue el tercero más largo en la
historia de la Iglesia católica, después del de san Pedro (se cree que entre 34
y 37 años, aunque su duración exacta es difícil de determinar) y el de Pío IX
(31 años).
sábado, 18 de marzo de 2017
"Si conocieras el don de Dios..."
"Díjole la
mujer: Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed" (Jn 4, 15).
La petición de la samaritana a Jesús manifiesta, en su significado más
profundo, la necesidad insaciable y el deseo inagotable del hombre.
Efectivamente, cada uno de los hombres digno de este nombre se da cuenta
inevitablemente de una incapacidad congénita para responder al deseo de verdad,
de bien y de belleza que brota de lo profundo de su ser. El hombre, a medida
que avanza en la vida, se descubre, exactamente igual que la samaritana,
incapaz de satisfacer la sed de plenitud que lleva dentro de sí. El hombre
tiene necesidad de Otro; vive, lo sepa o no, en espera de Otro, que redima su
innata incapacidad de saciar las esperas y esperanzas.
¿Cómo podrá encontrarse con Él? Para este encuentro
resolutivo es condición indispensable que el hombre tome conciencia de la sed
existencial que lo aflige y de su impotencia radical para apagar su ardor. El
camino para llegar a esta toma de conciencia es, para el hombre de hoy como para
el de todos los tiempos, la reflexión sobre la propia existencia.
El Evangelio de Juan en algunos episodios relevantes
demuestra muy bien cómo Jesús mismo, al manifestarse como Enviado del Padre,
hizo hincapié en esta capacidad que el hombre posee para captar su misterio
reflexionando sobre la propia existencia. Baste pensar en el citado encuentro
con la samaritana, o también en los encuentros con Nicodemo, la adúltera o el
ciego de nacimiento.
¿Cómo definir esta experiencia humana profunda que indica
al hombre el camino de la auténtica comprensión de sí mismo? Es el cotejo
continuo entre el yo y su destino. La verdadera experiencia humana tiene lugar
solamente en la apertura genuina a la realidad que permite a la persona,
entendida como ser singular y consciente, pleno de potencialidades y
necesidades, capaz de aspiraciones y deseos, conocerse en la verdad de su ser.
¡Qué difícil resulta para el hombre en el mundo de hoy arribar
a la playa segura de la experiencia genuina de sí, en la que puede entrever el
verdadero sentido de su destino! Está continuamente asechado por el riesgo de
ceder a los errores de perspectiva que, haciéndole olvidar su naturaleza de
"ser" hecho a imagen de Dios, le dejan luego en la más desoladora de
las desesperaciones o, lo que es peor aún, en el cinismo más inexpugnable.
A la luz de estas reflexiones, qué liberadora aparece la
frase que pronunció la samaritana: "Señor..., dame de esa agua para que no
sienta más sed"... Realmente vale para todo hombre, más aún, mirándolo
bien, es una profunda descripción de su misma naturaleza.
En efecto, el hombre que afronta seriamente sus problemas
y observa con ojos limpios su experiencia según los criterios que hemos
expuesto, se descubre más o menos conscientemente como un ser a la vez lleno de
necesidades, para las que no sabe encontrar respuesta, y traspasado por un
deseo, por una sed de realización de sí mismo, que no es capaz él solo de
satisfacer.
El hombre se descubre así colocado por su misma
naturaleza en actitud de espera de Otro que complete su deficiencia. En todo
momento impregna su existencia una inquietud, como sugiere Agustín al comienzo
de sus Confesiones: "Nos has hecho,
Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti"
(Confesiones 1, 1).
Cristo es quien lo salva. Sólo Él puede sacarlo de esta
situación en que se encuentra, colmando la sed existencial que le atormenta.
San Juan Pablo
II
12 de octubre de 1983
miércoles, 8 de marzo de 2017
De San Juan Pablo II a las mujeres...
Te
doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la
alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace
sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros
pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de
la vida.
Te
doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un
hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión
y de la vida.
Te
doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y
también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad,
intuición, generosidad y constancia.
Te
doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida
social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable
aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y
sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del «
misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de
humanidad.
Te
doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres,
la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor
de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una
respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere
establecer con su criatura.
Te
doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia
de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena
verdad de las relaciones humanas.
San
Juan Pablo II
1995
martes, 28 de febrero de 2017
Palabras de San Juan Pablo II sobre el miércoles de ceniza
El
miércoles de ceniza se abre una estación espiritual particularmente relevante
para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la preparación del
misterio pascual, o sea, el recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección del
Señor.
Este
tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que
puede ser resumido en una sola palabra: "matanoeiete", es decir
"Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles
mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras
"Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión
"Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar
acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera
fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La
sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que
no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La
conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades
terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica
una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este
fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar
hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y
triunfe su justicia.
Sinónimo
de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"...
Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y
positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.
San
Juan Pablo II
Año
1983
sábado, 18 de febrero de 2017
De San Juan Pablo II a la Santísima Virgen
"A ti,
Virgen inmaculada, predestinada por Dios sobre toda otra criatura como abogada
de gracia y modelo de santidad para su pueblo, guía tú a sus hijos en la
peregrinación de la fe, haciéndolos cada vez más obedientes y fieles a la
palabra de Dios."
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los
vivientes,
a Ti confiamos
la causa de la vida:
mira, Madre, el
número inmenso
de niños a
quienes se impide nacer,
de pobres a
quienes se hace difícil vivir,
de hombres y
mujeres víctimas
de violencia
inhumana,
de ancianos y
enfermos muertos
a causa de la
indiferencia
o de una
presunta piedad.
Haz que quienes
creen en tu Hijo
sepan anunciar
con firmeza y amor
a los hombres
de nuestro tiempo
el Evangelio de
la vida.
Alcánzales la
gracia de acogerlo
como don
siempre nuevo,
la alegría de
celebrarlo con gratitud
durante toda su
existencia
y la valentía
de testimoniarlo
con solícita
constancia, para construir,
junto con todos
los hombres de buena voluntad,
la civilización
de la verdad y del amor,
para alabanza y
gloria de Dios Creador
y amante de la
vida.
San Juan Pablo
II
Evangelium Vitae, 105
sábado, 11 de febrero de 2017
Virgen de Lourdes, salud de los enfermos
Oh
Virgen María, Salud de los enfermos, que has acompañado a Jesús en el camino
del Calvario y has permanecido junto a la Cruz en la que moría tu Hijo,
participando íntimamente de sus dolores, acoge nuestros sufrimientos y únelos a
los de Él, para que las semillas esparcidas durante el Jubileo sigan
produciendo frutos abundantes en los años venideros.
Madre
de Misericordia, con fe nos volvemos hacia Ti. Alcánzanos de tu Hijo el que
podamos volver pronto, plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones, para
hacernos útiles al prójimo con nuestro trabajo.
Mientras
tanto, quédate junto a nosotros en el momento de la prueba y ayúdanos a repetir
cada día Contigo nuestro "sí", seguros de que Dios sabe sacar de todo
mal un bien más grande. ¡Amén! (San Juan Pablo II)
sábado, 4 de febrero de 2017
Jóvenes... luz del mundo
Discurso de S.S. Juan Pablo II. Vigilia de oración.
Toronto, Parque Downsview Sábado 27 de julio de 2002
Queridos jóvenes, dejaos conquistar por la
luz de Cristo y difundidla en el ambiente en que vivís.
"La luz de la mirada de Jesús -dice el
Catecismo de la Iglesia católica- ilumina los ojos de nuestro corazón; nos
enseña a verlo todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los
hombres" (n. 2715).
En la medida en que vuestra amistad con
Cristo, vuestro conocimiento de su misterio, vuestra entrega a él, sean
auténticos y profundos, seréis "hijos de la luz" y os convertiréis,
también vosotros, en "luz del mundo". Por eso, os repito las palabras
del Evangelio: "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos" (Mt 5, 16).
Esta noche el Papa, juntamente con
vosotros, jóvenes de los diversos continentes, reafirma la fe que sostiene la
vida de la Iglesia: Cristo es la luz de los pueblos; él ha muerto y resucitado
para devolver a los hombres, que caminan en la historia, la esperanza de la
eternidad. Su Evangelio no menoscaba lo humano: todo valor auténtico, en
cualquier cultura donde se manifieste, es acogido y asumido por Cristo. El
cristiano, consciente de ello, no puede por menos de sentir vibrar en su
interior el arrojo y la responsabilidad de convertirse en testigo de la luz del
Evangelio.
Precisamente por eso, os digo esta noche:
haced que resplandezca la luz de Cristo en vuestra vida. No esperéis a tener
más años para aventuraros por la senda de la santidad. La santidad es siempre
joven, como es eterna la juventud de Dios.
Comunicad a todos la belleza del encuentro
con Dios, que da sentido a vuestra vida. Que nadie os gane en la búsqueda de la
justicia, en la promoción de la paz, en el compromiso de fraternidad y
solidaridad.
¡Cuán hermoso es el canto que ha resonado
en estos días: "Luz del mundo, sal de la tierra. Sed para el mundo el
rostro del amor. Sed para la tierra el reflejo de su luz"
Es el don más hermoso y valioso que podéis
hacer a la Iglesia y al mundo. El Papa os acompaña, como sabéis, con su oración
y con una afectuosa bendición.
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