sábado, 5 de septiembre de 2020

Palabras de San Juan Pablo II sobre Santa Teresa de Calcuta


Poco antes de su partida a la Casa del Padre, el Papa Juan Pablo II, amigo personal de la religiosa, dedicó el rezo dominical del Ángelus en la Plaza San Pedro a la madre Teresa de quien dijo lo siguiente:

"La querida Religiosa reconocida universalmente como la Madre de los Pobres, nos deja un ejemplo elocuente para todos, creyentes y no creyentes. Nos deja el testimonio del amor de Dios. Las obras por ella realizadas hablan por sí mismas y ponen de manifiesto ante los hombres de nuestro tiempo el alto significado que tiene la vida".

"Misionera de la Caridad. Su misión comenzaba todos los días antes del amanecer, delante de la Eucaristía. En el silencio de la contemplación, Madre Teresa de Calcuta escuchaba el grito de Jesús en la cruz: tengo sed. Ese grito la empujaba hacia las calles de Calcuta y de todas las periferias del mundo, a la búsqueda de Jesús en el pobre, el abandonado, el moribundo".

"Misionera de la Caridad, dando un ejemplo tan arrollador, que atrajo a muchas personas, dispuestas a dejar todo por servir a Cristo, presente en los jóvenes".

"Ella sabía por experiencia que la vida adquiere todo su valor cuando encuentra el amor y siguiendo el Evangelio fue el buen samaritano de las personas que encontró, de toda existencia en crisis y despreciada".

sábado, 15 de agosto de 2020

La Asunción de la Santísima Virgen

En esta homilía, San Juan Pablo II, nos da una hermosa explicación sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo:
 
La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, físicamente y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad
 
La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.
 
Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).
 
Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.
 
Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo.
 
Oración a la Virgen María asunta al Cielo
 
¡Oh Madre de la Iglesia! Ante esta humanidad que parece siempre fascinada por lo temporal, y cuando la dominación sobre el mundo oculta la perspectiva del destino eterno del hombre en Dios, sé tú misma un testimonio de Dios; tú, su Madre.
 
¿Quién puede resistir al testimonio de una madre? Tú que has nacido para las fatigas de esta tierra: concebida de forma inmaculada. Tú que has nacido para la gloria del cielo: asunta al cielo.
 
Tú que estás vestida del sol de la insondable Divinidad, del sol de la impenetrable Trinidad, llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
 
Tú, a quien la Trinidad se da como único Dios, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del comienzo y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad. El Dios-Amor. El Dios-Gracia. El Dios-Santidad. El Dios que lo supera todo y lo abraza todo. El Dios que es todo en todos.
 
Tú que estás vestida del sol. ¡Hermana nuestra! ¡Madre nuestra! Sé el testimonio de Dios (…) ante nosotros, hijos de Eva en el destierro. ¡Sé el testimonio de Dios!
 
Amén.

domingo, 26 de julio de 2020

Juan Pablo II salvó la vida de una niña que salía del campo de concentración

Era enero de 1945. Edith Zierer tenía trece años y salía del campo de concentración en la ciudad de Częstochowa. No podía imaginar que todos sus familiares habían muerto a manos de los alemanes. Apenas se mantenía en pie. Un joven seminarista la ayudó en la estación de trenes. Ese seminarista era Karol Wojtyła. De no ser por él, ella habría muerto de frío y hambre.
 
Después de abandonar el campo, Edith se subió a un vagón de tren que transportaba carbón. Se estaba quedando sin fuerzas. Se bajó en una estación de trenes en Jędrzejów (provincia de Świętokrzyskie). Y cayó al suelo, totalmente exhausta. Allí quedó tendida, helada y hambrienta, vestida únicamente con un fino uniforme a rayas del campo de trabajo infestado de piojos. Nadie miraba en su dirección y ya no podía moverse. Solamente un hombre se detuvo a ayudarla.
 
Como más tarde recordaría, el hombre era apuesto y vigoroso. Preguntó a la muchacha qué hacía en un lugar como ese. Ella respondió que estaba intentando llegar a Cracovia. Cuando Karol Wojtyła le preguntó por su nombre, los ojos de la chica se llenaron de lágrimas. Hacía mucho tiempo que nadie la llamaba por su nombre de pila. Hasta hacía muy poco, había sido un mero número. El joven desapareció un rato para regresar con té caliente, pan y queso.
 
Cabe mencionar que, durante la ocupación de Polonia por la Alemania nazi, Karol Wojtyła se estaba preparando para el sacerdocio. Más tarde, como Papa, recordando los tiempos difíciles de la guerra, Juan Pablo II comentó que sus estudios tuvieron lugar parcialmente en la cantera de Solvay en Cracovia y durante clases clandestinas en el Palacio de los arzobispos de Cracovia. El 1 de noviembre de 1946, Karol Wojtyła fue ordenado en el sacerdocio por el cardenal Adam Sapieha.
 
“Intenta levantarte”, la animó el hombre. Por desgracia, la chica no podía. Estaba tan agotada que su cuerpo se hundía como el plomo. Al verlo, el seminarista la tomó en sus brazos y cargó con ella durante tres kilómetros hasta la estación de donde salía el tren a Cracovia.
 
Los otros judíos presentes en el mismo vagón de ganado del tren “advirtieron” a la chica de que quizás el estudiante de sacerdote querría meterla en un convento. Wojtyła cubrió a Edith con un abrigo. La chica estaba muy asustada.
 
Cuando el tren se detuvo, la muchacha se bajó y escondió detrás de los tanques de leche. Wojtyła la llamó por la versión polaca de su nombre: “¡EdytaEdyta!”. Ella recordaría el nombre de él en su memoria para siempre.
 
Cuando el campo de concentración fue liberado por los rusos. Edith quiso entonces encontrar a sus seres queridos. Estaba completamente sola, aunque todavía no lo sabía. Sus padres habían muerto en Dachau y su hermana había sido asesinada en Auschwitz. Menos mal que «un ángel» se cruzó en su duro camino. Recibió la ayuda de un hombre que estudiaba para ser sacerdote, Karol Wojtyła. Recordaría su nombre perfectamente. Toda su vida le estaría profundamente agradecida. Ninguno de los dos tenía familia. El joven sacerdote ya había perdido a su madre, su padre y su hermano. Igual que Edith.
 
Cuando en 1978 Edith se enteró de que Wojtyła se había convertido en Papa, la inundó una alegría tal que lloró de pura felicidad. Por entonces vivía en Israel, tras abandonar Polonia en 1951. Ahora tenía su propia familia: era esposa, madre y trabajaba como técnica dental. Le escribió una carta a Juan Pablo II y le agradeció que le salvara la vida.
 
El Papa la recordaba y la invitó a visitarle en el Vaticano. Se encontraron por primera vez después de tantísimos años en 1998. El Santo Padre le dijo: “Habla alto, hija mía. Soy un hombre viejo”. Bendijo a la mujer y le dijo: “Regresa, hija mía”. (Foto que ilustra esta nota)
 
En 2000, durante su peregrinación a Tierra Santa, Juan Pablo II visitó el Instituto Yad Vashem y depositó allí una corona de flores. Dirigiéndose a él, una mujer dijo: “Quien salva una vida salva al mundo entero”. Este lema está inscrito en la medalla que se concede a los Justos entre las Naciones o aquellos que salvaron vidas de judíos durante el Holocausto.
 
Edith volvería a escribir al Papa y él le respondería. Sin embargo, no volvieron a verse. Zierer falleció en 2014.
(Fuente: Aleteia)

lunes, 18 de mayo de 2020

A cien años del nacimiento de San Juan Pablo II

El mundo católico celebra hoy, 18 de mayo, el centenario del nacimiento en 1920 en Wadowice, un pequeño pueblo en el sur de Polonia, en el seno de una familia humilde, de Karol Wojtyla, quien se convertiría en el primer papa no italiano en cientos de años, con numerosos récord en su largo pontificado.
 
El diario vaticano «Osservatore Romano» dedica un número especial de varias páginas a la vida de San Juan Pablo II. En la portada digital del diario, que se ha dejado de imprimir debido a la pandemia, se observa la foto del papa polaco y un pensamiento de Francisco pidiendo su intercesión.
 
«Recordando el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, recurrimos a él para pedirle su intercesión: Intercede para que siempre permanezcamos fieles al Evangelio. Intercede para que sepamos cómo abrir las puertas a Cristo (…) Intercede para que sepamos cómo responder a las necesidades de nuestros hermanos que sufren», se lee.
 
También el papa emérito Benedicto XVI, retirado desde el pasado febrero de 2013, escribió una carta para con motivo del centenario del papa con quien compartió muchos años de trabajo en la Curia.
 
Benedicto XVI, de 93 años, estuvo al lado de Wojtila durante casi todo el pontificado al estar al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1981. «Cuando el cardenal Wojtyla fue elegido sucesor de San Pedro el 16 de octubre de 1978, la Iglesia estaba en una situación desesperada», recuerda en su carta el pontífice alemán.
 
El papa emérito añade «la tarea, que superaba las fuerzas humanas, esperaba al nuevo Papa. Sin embargo, desde el primer momento, Juan Pablo II despertó un nuevo entusiasmo por Cristo y su Iglesia. Primero lo hizo con el grito del sermón al comienzo de su pontificado: ¡No tengan miedo! ¡Abran, sí, abran de par en par las puertas a Cristo! Este tono finalmente determinó todo su pontificado y lo convirtió en un renovado liberador de la Iglesia».
 
Francisco celebrará hoy lunes una misa especial para recordar los 100 años del nacimiento del pontífice polaco desde la capilla de la tumba del santo que se encuentra en la basílica vaticana. La misa servirá de homenaje a Karol Wojtila, papa desde el 16 de octubre de 1978 hasta su muerte el 2 de abril de 2005, y canonizado por Jorge Bergoglio en 2014.
 
Tuvo el tercer pontificado más largo en la historia de la iglesia católica, de casi 27 años (1978-2005), beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos y realizó 104 viajes en los que visitó 129 países.
 
El 13 mayo de 1981, dos balas disparadas por el turco Ali Mehmet Agca hirieron de gravedad al Papa mientras saludaba en papamóvil a los fieles durante la audiencia general en la plaza de San Pedro y después el terrorista fue perdonado por el pontífice que le visitó en la cárcel.
 
En estos días se ha publicado el documental «Wojtyla: La investigación» del periodista español José María Zavala, una cinta que recoge momentos nunca antes conocidos de la vida de Juan Pablo II y de un pontificado en medio de la guerra fría, del fin de la Unión Soviética y de la caída del Muro de Berlín y las varias conspiraciones para acabar con su vida.
 
El postulador de la causa de canonización del pontífice, el sacerdote polaco Slawomir Oder, también es el encargado del proceso para beatificar a los padres del papa polaco que avanza en estos días, según adelantó esta semana en una videoconferencia con periodistas.
 
Reveló Oder que después de atentado, el papa mantuvo una gran amistad con los médicos y que cuando uno falleció «fue a casa de la familia para rezar frente al ataúd y consolar a la viuda y a sus hijos». Era como pide ahora Francisco «un verdadero pastor con olor a oveja», aseguró el sacerdote polaco.

sábado, 2 de mayo de 2020

San Juan Pablo II en el Mes de María: Virgo Fidelis

"...De entre tantos títulos atribuidos a la Virgen, a lo largo de los siglos, por el amor filial de los cristianos, hay uno de profundísimo significado: Virgo Fidelis, Virgen fiel. ¿Qué significa esta fidelidad de María? ¿Cuáles son les dimensiones de esa fidelidad?

La primera dimensión se llama búsqueda. María fue fiel ante todo cuando, con amor se puso a buscar el sentido profundo del Designio de Dios en Ella y para el mundo. ¿Quomodo fiet? -¿Cómo sucederá esto?, preguntaba Ella al Ángel de la Anunciación. Ya en el Antiguo Testamento el sentido de esta búsqueda se traduce en una expresión de rara belleza y extraordinario contenido espiritual: buscar el Rostro del Señor. No habrá fidelidad si no hubiere en la raíz esta ardiente, paciente y generosa búsqueda; si no se encontrara en el corazón del hombre una pregunta, para la cual sólo Dios tiene respuesta, mejor dicho, para la cual sólo Dios es la respuesta.

La segunda dimensión se llama acogida, aceptación. El quomodo fiet se transforma, en los labios de María, en un fiat’. Que se haga, estoy pronta, acepto: éste es el momento crucial de la fidelidad, momento en el cual el hombre percibe que jamás comprenderá totalmente el cómo; que hay en el Designio de Dios más zonas de misterio que de evidencia; que, por más que haga, jamás logrará captarlo todo. Es entonces cuando el hombre acepta el misterio, le da un lugar en su corazón así como María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Es el momento en el que el hombre se abandona al misterio, no con la resignación de alguien que capitula frente a un enigma, a un absurdo, sino más bien con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado por algo ¡por Alguien! más grande que el propio corazón. Esa aceptación se cumple en definitiva por la fe que es la adhesión de todo el ser al misterio que se revela.

Coherencia, es la tercera dimensión de la fidelidad. Vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar incomprensiones, persecuciones antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree: esta es la coherencia. Aquí se encuentra, quizás, el núcleo más íntimo de la fidelidad.

Pero toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Por eso la cuarta dimensión de la fidelidad es la constancia. Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida. El fiat’ de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat’ silencioso que repite al pie de la cruz. Ser fiel es no traicionar en les tinieblas lo que se aceptó en público.

De todas les enseñanzas que la Virgen da a sus hijos, quizás la más bella e importante es esta lección de fidelidad..."

San Juan Pablo II
Homilía en la Catedral de México. 26 de enero de 1979

domingo, 19 de abril de 2020

San Juan Pablo II, apóstol de la Divina Misericordia

1. Misericordia de vida
Karol Wojtyła vivió en tiempos muy difíciles. Los años de la Segunda Guerra Mundial y del comunismo de post-guerra en Polonia, como así también todos los años en los que llevó a cabo el ministerio de San Pedro, le permitieron observar los problemas, tan distintos entre sí y tan difíciles, de todo el mundo. De ahí que sus palabras sobre la misericordia no fueron meramente teóricas, sino que provinieron de una persona que sabe lo que es el sufrimiento, que experimentó el drama del pecado humano y el sufrimiento humano. Consciente de las amenazas existentes, escribió en 1980: “Una exigencia de no menor importancia, en estos tiempos críticos y nada fáciles, me impulsa a descubrir una vez más en el mismo Cristo el rostro del Padre, que es « misericordioso y Dios de todo consuelo” Dives in Misericordia, 1).

Ser misericordioso es llevar a Dios dentro del drama humano. Incluso, si nosotros mismos no experimentamos grandes dificultades, no hay necesidad de viajar muy lejos para conocer personas para las que la misericordia es la única salvación.

2. Misericordia de paciencia
Inclusive antes de que Karol Wojtyła se convirtiera en Papa, vino a vivir a Cracovia. Pudo observar, y luego acompañar, la devoción a la Divina Misericordia que iba creciendo en torno de la misión de Sor Faustina. Digna de elogio fue su actitud única ante la prohibición de este culto que estuvo en vigor desde 1959 hasta 1978, prácticamente, todo lo que duró su ministerio como obispo de Cracovia. Como obispo, y luego cardenal, nunca criticó la decisión de la Santa Sede pero, dentro de los límites permitidos por la ley intentó, junto con otros obispos polacos, distender la prohibición.

Ser misericordioso significa también saber esperar. Ser capaz de entender a aquellos que aún no han recibido el don del entendimiento. Confiar en Dios que es Él quien, finalmente, determina los tiempos y los lugares de su obra.

3. Misericordia de palabra
San Juan Pablo II no habló mucho sobre la misericordia. Sin embargo, después de dos años de su elección en la Santa Sede escribió la primera encíclica dedicada a este misterio. 'Dives in misericordia' se refiere, ya desde el título, a la Divina Misericordia. Es necesario que todo el mundo que quiera, por lo menos, entender qué es la misericordia lo lea. Además, se necesita la lectura de esta encíclica para entender la homilía de la misa de canonización de Santa Faustina (Roma, 2000) y de la prédica durante la última peregrinación de San Juan Pablo II a su tierra (Cracovia, 2002).

Al momento de la canonización de Santa Faustina, Juan Pablo II dijo: “la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio.”

Ser misericordioso es también saber cómo hablar de la misericordia. San Juan Pablo II nos enseña cómo hablar ya que esto no es una simple cuestión humana sobre el amor, lo cual no necesita de Dios, ni una manera de hablar de Dios que no ayuda a nadie.

4. Misericordia del poder
Las decisiones de San Juan Pablo II, quien se convirtió en un hito en el camino del crecimiento de la devoción a la Divina Misericordia, son una bendición a la que podemos reconocer como una gracia. Ya como obispo de Cracovia comenzó el proceso de beatificación de Santa Faustina Kowalska (1968) encomendando el tratamiento de estas cuestiones teológicas a uno de los mejores dogmáticos: P. Profesor Ignacy Różycki. En 1993 proclamó beata a Sor Faustina Kowalska y, siete años más tarde, santa. En 1985 instituyó el Domingo de la Divina Misericordia en la Arquidiócesis de Cracovia; en 1995, en todas las diócesis de Polonia; y, en el 2000, durante la canonización de Santa Faustina, instituyó esta fiesta para la Iglesia del mundo.

Ser misericordioso es también saber tomar buenas decisiones. Tanto en lo personal, como en lo social, en la vida política o religiosa. No todos tienen la misma autoridad pero sí todos, dependiendo de la magnitud de la responsabilidad que le compete, pueden tomar determinadas decisiones de manera tal que Dios misericordioso pueda estar más cerca de los demás.

5. Misericordia de la armonía
En lo personal, me impresionó la armonía entre el amor y la verdad de San Juan Pablo II. Probablemente, quien lo haya conocido debe haber tenido la impresión de que estaba ante una persona que ama, ante una persona ante la cual hasta el mayor pecador puede llegar y convertirse en una mejor persona. No era posible encontrar en él ni un rastro de malicia, desdén o indiferencia. Dios misericordioso estaba presente en el rostro y en el corazón del Papa. Y, al mismo tiempo, nada en su actitud daba la sensación de intentar evitar ninguna de las verdades difíciles de la fe. Era capaz de mantener una especie de santa armonía entre la verdad y el amor, por eso todo el mundo sabía que el Papa amaba, aun cuando no estuviera de acuerdo o, incluso, cuando opinara de forma diametralmente opuesta de aquellos a quienes amaba.

Ser misericordioso es saber cómo mantener la armonía entre el amor y la verdad, lo que a veces puede ser muy difícil para una persona. Sin embargo, ni la misericordia sin la verdad, ni la verdad sin amor por las personas pueden aliviar a nadie.

6. Misericordia de la confianza
El acto de confiarle al mundo a la Divina Misericordia que llevó a cabo el Papa el 17 de agosto de 2002 en el Santuario de la Divina Misericordia en el barrio de Łagiewniki, Cracovia, todavía no se aprecia en toda su magnitud. Con estas palabras el Santo Padre encomendó a la humanidad en las manos de la Divina Misericordia:

“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.

Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.

Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén”

Confiar significa entregarse a Dios. Encomendar el mundo y los hombres a la misericordia de Dios significa proclamar públicamente la certeza de que únicamente Dios puede salvar al mundo, auxiliarlo, hacerlo un lugar mejor. Ser misericordioso siempre comienza con la certeza de que sin Dios, los hombres no pueden ser rescatados de la miseria, de la pobreza o del pecado.

7. Misericordia de la muerte
Ya en 1981, cuando el Papa perdonó a su asesino, Ali Agca, se mostró como un ser humano que sabe que la misericordia, más allá del sufrimiento personal, es la mejor respuesta a cualquier forma de miseria. Esta bondad del corazón del Papa también reveló la cruz de su enfermedad y de su muerte. A veces, es más fácil para nosotros ser misericordiosos con los demás mientras que no sabemos cómo ser misericordiosos con nosotros mismos. San Juan Pablo II se sumergió tanto en la Misericordia Divina durante sus últimos años y sus últimos días que Dios lo llamó a Su casa en la Vigilia del Domingo de la Divina Misericordia; el 2 de abril de 2005, a las 9:37 pm.

Ser voluntario de la Misericordia es también ser voluntario de la misericordia hacia ti mismo, ser misericordioso hacia la propia pobreza, hacia la miseria del propio pecado y hacia la propia cruz. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

martes, 24 de marzo de 2020

San Juan Pablo II y la Anunciación del Señor

Dios Padre creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias y lo llamó María. El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, y precioso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María Santísima, a quien los santos llaman el Tesoro de Dios, de cuya plenitud se enriquecen los hombres. (n.23)

Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó tesorera de todo cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros, les comunica virtudes y les distribuye sus gracias. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente sus misericordias. (n.24)

Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones inefables y la escogió por dispensadora de cuanto posee. De manera que Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias. Y no se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos virginales. Porque tal es la voluntad de Dios que quiere que todo lo tengamos por María. Y porque así será enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo la que durante su vida se empobreció, humilló y ocultó hasta el fondo de la nada por su humildad. Estos son los sentimientos de la iglesia y de los Santos Padres. (n.25)
(San Luis María Grignión de Monfort. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen)

"San Luis María Grignion de Montfort, contempla todos los misterios a partir de la Encarnación, que se realizó en el momento de la Anunciación. Así, en el Tratado de la verdadera devoción, María aparece como "el verdadero paraíso terrenal del nuevo Adán", la "tierra virgen e inmaculada" de la que Él fue modelado (n. 261). Ella es también la nueva Eva, asociada al nuevo Adán en la obediencia que repara la desobediencia original del hombre y de la mujer... Por medio de esta obediencia, el Hijo de Dios entra en el mundo. Incluso la Cruz ya está misteriosamente presente en el instante de la Encarnación, en el momento de la Concepción de Jesús en el seno de María. En efecto, el "ecce venio" de la Carta a los Hebreos (cf. Hb 10, 5-9) es el acto primordial de obediencia del Hijo al Padre, con el que aceptaba su sacrificio redentor "ya cuando entró en el mundo".

San  Juan Pablo II

martes, 11 de febrero de 2020

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen de Lourdes

“¡Dios te salve María, mujer pobre y humilde, bendecida por el Altísimo! Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos, nos asociamos a tu himno de alabanza para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve María, humilde servidora del Señor, gloriosa Madre de Cristo! Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu, atentos a sus llamamientos en la intimidad de nuestra conciencia y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve María, virgen dolorosa, Madre de los vivos! Virgen esposa ante la Cruz, nueva Eva, sé nuestra guía por los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a transmitir el amor de Cristo, enséñanos a permanecer contigo junto a las innumerables cruces en las que tu Hijo todavía está crucificado.

¡Dios te salve María, mujer de fe, primera entre los discípulos! Virgen, Madre de la Iglesia, ayúdanos a testimoniar siempre la esperanza que nos habita, teniendo confianza en la bondad del hombre y en el amor del Padre. Enséñanos a construir el mundo, desde el interior: en lo profundo del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz.

Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Amén”.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Oración de San Juan Pablo II a la familia


“Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu santo. Amén”
(San Juan Pablo II)

jueves, 12 de diciembre de 2019

San Juan Pablo II y la Virgen de Guadalupe

De todos es conocida la devoción mariana que San Juan Pablo II tan intensamente experimentaba. Por ello no es extraño que varias veces se haya referido de manera específica a la Virgen de Guadalupe. Usando el registro de homilías e intervenciones papales llevado por el Vaticano, encontramos que el Papa Viajero se refirió de forma particular a Nuestra Señora de Guadalupe seis veces.

Las homilías

Cuatro de estas intervenciones han sido en las Misas que presidió en la basílica de la Virgen de Guadalupe, estas fueron en los años: 1979, 1981, 1997,1999 y 2002. En 1979 San Juan Pablo II pidió la intercesión guadalupana para que la Iglesia fuera fiel al espíritu y planteamientos de la Conferencia de Obispos llevada a cabo en Medellín (Colombia) 10 años antes.

En 1981, el cardenal secretario de Estado, Agostino Casaroli, leyó la homilía papal en la Basílica. Allí se resaltó el  aspecto maternal y evangelizador de Guadalupe, «la imagen mestiza de María que une en sí dos razas, constituye un hito histórico de creatividad connatural de una nueva cultura cristiana en un país y, paralelamente, en un continente».

En 1997, con motivo de la clausura de la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos, después de exhortar a los pastores allí presentes a no olvidar su responsabilidad de anunciar el Evangelio, de hacer vida las líneas pastorales marcadas por la asamblea, desde el Vaticano expresa una sentida oración: «Haz que todos, gobernantes y súbditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, cumplan todo lo que exigen la justicia y el respeto de los derechos de cada hombre, para que así se consolide la paz. Escúchanos, Virgen «morenita», Madre de la Esperanza, Madre de Guadalupe»

En 1999, en el marco de la Misa conclusiva para el Sínodo de las Américas, predica una homilía en la Basílica donde expone claramente sus motivos: «he venido aquí para poner a los pies de la Virgen mestiza del Tepeyac, Estrella del Nuevo Mundo, la exhortación apostólica Ecclesia in America, que recoge las aportaciones y sugerencias pastorales de dicho Sínodo, confiando a la Madre y Reina de este Continente el futuro de su evangelización». Da un mensaje en los cuatro idiomas del continente: inglés, español, portugués y francés; termina con una oración de encomienda a la Virgen.

La homilía del 2002, es particularmente emotiva pues surge en el contexto de la canonización de Juan Diego. Allí Su Santidad describe las virtudes del mensajero de Guadalupe y hace manifiesta su solidaridad con los pueblos originarios: «deseo expresarles la cercanía de la Iglesia y del Papa hacia todos ustedes, abrazándolos con amor y animándolos a superar con esperanza las difíciles situaciones que atraviesan».

Por Omar Árcega E.
Fuente “El observador en línea”

domingo, 1 de diciembre de 2019

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen de Adviento

Ruega por nosotros,
Madre de la iglesia,
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.

Madre de los hombres,
de la mar la estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.

Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza.
     Amén.        
(San Juan Pablo II)

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen de la Medalla Milagrosa


Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María, a santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡La maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!


Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevemos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

San Juan Pablo II

domingo, 17 de noviembre de 2019

Oración a la Sma. Virgen para pedir salud para los enfermos

Oh Virgen María, Salud de los enfermos, que has acompañado a Jesús en el camino del Calvario y has permanecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo, participando íntimamente de sus dolores, acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él, para que las semillas esparcidas durante el Jubileo sigan produciendo frutos abundantes en los años venideros.

Madre misericordiosa, con fe nos volvemos hacia Ti. Alcánzanos de tu Hijo el que podamos volver pronto, plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones, para hacernos útiles al prójimo con nuestro trabajo.

Mientras tanto, quédate junto a nosotros en el momento de la prueba y ayúdanos a repetir cada día contigo nuestro "sí", seguros de que Dios sabe sacar de todo mal un bien más grande.

Virgen Inmaculada, haz que los frutos del Año Jubilar sean para nosotros y para nuestros seres queridos, prenda de un renovado empuje en la vida cristiana, para que en la contemplación del Rostro de Cristo Resucitado encontremos la abundancia de la misericordia de Dios y la alegría sin fin del Cielo. Amén.

Autor: San Juan Pablo II