lunes, 25 de febrero de 2019

Oración a María, Madre de la Esperanza

María, Madre de la esperanza... ¡Camina con nosotros!
Enséñanos a proclamar al Dios vivo; ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador; haznos serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres, artífices de justicia, constructores apasionados de un mundo más justo; intercede por nosotros que actuamos en la historia convencidos de que el designio
del Padre se cumplirá.
Aurora de un mundo nuevo... ¡Muéstrate Madre de la esperanza y vela por nosotros!
Vela por la Iglesia en el mundo: que sea trasparencia del Evangelio; que sea auténtico lugar de comunión; que viva su misión de anunciar, celebrar y servir
el Evangelio de la esperanza para la paz y la alegría de todos.
Reina de la Paz, ¡protege la humanidad del tercer milenio!
Vela por todos los cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad, como fermento para la concordia del todo el mundo.
Vela por los jóvenes, esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada de Jesús.
Vela por los responsables de las naciones: que se empeñen en construir una casa común, en la que se respeten la dignidad y los derechos de todos.
María, ¡Danos a Jesús! ¡Haz que lo sigamos y amemos!
Él es la esperanza de la Iglesia, y de la humanidad.
Él vive con nosotros, entre nosotros, en su Iglesia.
Contigo decimos «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20): Que la esperanza de la gloria infundida por Él en nuestros corazones dé frutos de justicia y de paz.

San Juan Pablo II,  Ecclesia in Europa, 125

miércoles, 20 de febrero de 2019

Oración de San Juan Pablo II al Espíritu Santo

Compuesta con ocasión del segundo año de preparación al Jubileo del año 2000

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos el sentido profundo del gran Jubileo y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa.

Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la Humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu creador, misterioso artífice del Reino, guía la Iglesia con la fuerza de tus santos dones para cruzar con valentía el umbral del nuevo milenio y llevar a las generaciones venideras la luz de la Palabra que salva.

Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación del único Reino de Dios.

Espíritu de consuelo, fuente inagotable de gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados, da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza en los que sufren, acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón, orienta el camino de la ciencia y la técnica al servicio de la vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones. y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos que Tú pones en el curso de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

A Ti, Espíritu de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo unigénito, alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos.

Amén.

lunes, 11 de febrero de 2019

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen de Lourdes

“¡Dios te salve María, mujer pobre y humilde, bendecida por el Altísimo! Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos, nos asociamos a tu himno de alabanza para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve María, humilde servidora del Señor, gloriosa Madre de Cristo! Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu, atentos a sus llamamientos en la intimidad de nuestra conciencia y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve María, virgen dolorosa, Madre de los vivos! Virgen esposa ante la Cruz, nueva Eva, sé nuestra guía por los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a transmitir el amor de Cristo, enséñanos a permanecer contigo junto a las innumerables cruces en las que tu Hijo todavía está crucificado.

¡Dios te salve María, mujer de fe, primera entre los discípulos! Virgen, Madre de la Iglesia, ayúdanos a testimoniar siempre la esperanza que nos habita, teniendo confianza en la bondad del hombre y en el amor del Padre. Enséñanos a construir el mundo, desde el interior: en lo profundo del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz.

Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Amén”.