María, Madre de la
esperanza... ¡Camina con nosotros! Enséñanos a proclamar al
Dios vivo; ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador; haznos
serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres, artífices de justicia,
constructores apasionados de un mundo más justo; intercede por nosotros que
actuamos en la historia, convencidos de que el designio del Padre se cumplirá. Aurora de un mundo nuevo...
¡Muéstrate Madre de la esperanza y vela por nosotros! Vela por la Iglesia en el
mundo: que sea trasparencia del Evangelio; que sea auténtico lugar de comunión;
que viva su misión de anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la esperanza
para la paz y la alegría de todos. Reina de la Paz... ¡Protege
la humanidad del tercer milenio! Vela por todos los
cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad, como fermento para
la concordia del todo el mundo. Vela por los jóvenes,
esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada de Jesús. Vela por los responsables de
las naciones: que se empeñen en construir una casa común, en la que se respeten
la dignidad y los derechos de todos. María, ¡Danos a Jesús! ¡Haz
que lo sigamos y amemos! Él es la esperanza de la
Iglesia, y de la humanidad. Él vive con nosotros, entre
nosotros, en su Iglesia. Contigo decimos «Ven, Señor
Jesús» (Ap 22,20): Que la esperanza de la gloria infundida por Él en nuestros
corazones dé frutos de justicia y de paz. San
Juan Pablo II Ecclesia in Europa, 125