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miércoles, 19 de marzo de 2025

San José desde la mirada de San Juan Pablo II

Llamado a ser el Custodio del Redentor, «José... hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer» (Mt 1, 24)
 
San José está ante nosotros como el hombre de fe y de oración. La liturgia le aplica la Palabra de Dios en el salmo 88: “Él me invocará: Tú eres mi Padre, mi Dios, mi roca salvadora”
 
Ciertamente, cuántas veces, durante las largas jornadas de trabajo, José habrá elevado su pensamiento a Dios, para invocarlo, para ofrecerle sus fatigas, para implorar luz, ayuda y consuelo.
 
¡Cuántas veces! Pues bien, este hombre que con toda su vida parecía gritar a Dios “Tú eres mi Padre”, obtuvo esta gracia particularísima: el Hijo de Dios en la tierra, lo trató como padre.
 
José invoca a Dios con todo el ardor de su corazón creyente: “Padre mío”, y Jesús, que trabaja a su lado con las herramientas de carpintero, se dirigía a él llamándolo “padre”.
 
Misterio profundo: Cristo, que en cuanto Dios, tenía directamente la experiencia de la Paternidad divina en el seno de la Santísima Trinidad, vivió esta experiencia en cuanto hombre, a través de la persona de José, su padre putativo. Y José, a su vez, ofreció en la casa de Nazaret al niño que crecía a su lado, el apoyo de su equilibrio viril, de su clarividencia, de su valentía, de las dotes propias de todo buen padre, sacándolas de esa fuente suprema, de quien toma nombre  toda paternidad en el cielo y en la tierra.
 
...Él mi invocará: “Tú eres mi Padre”. Como san José, invocad también vosotros con una oración asidua y fervorosa al Padre celestial y también vosotros experimentareis como él, la verdad de las siguientes palabras del salmo: “le mantendré eternamente mi favor y mi alianza con él será estable”.

San Juan Pablo II

domingo, 1 de mayo de 2022

San José Obrero, patrono de los trabajadores

El 1 de mayo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San José Obrero, Padre y Custodio del Señor, a quien hoy recordamos como “patrono de los trabajadores”, en virtud que él conoció muy bien el mundo del trabajo: fue carpintero, y con su sudor procuró el sustento diario a su familia -la Sagrada Familia-. Esta celebración coincide con el Día Mundial del Trabajo. La fiesta de San José Obrero fue instituida en 1955 por el Venerable Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.
 
Por su parte, San Juan Pablo II, en su encíclica dedicada a los trabajadores, la “Laborem exercens”, destacaba que “mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido ‘se hace más hombre’”. Con estas palabras, el Papa santo manifestaba la importancia de San José en la comprensión y santificación del trabajo, es decir, cuán importante es la figura de San José en el camino por el que los seres humanos podemos santificarnos y ser felices a través del trabajo concreto que les toque desempeñar.
 
Posteriormente, durante el Jubileo de los Trabajadores del año 2000, el Papa polaco añadía: “Queridos trabajadores, empresarios, cooperadores, agentes financieros y comerciantes, unid vuestros brazos, vuestra mente y vuestro corazón para contribuir a construir una sociedad que respete al hombre y su trabajo… El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Cuanto se realiza al servicio de una justicia mayor, de una fraternidad más vasta y de un orden más humano en las relaciones sociales, cuenta más que cualquier tipo de progreso en el campo técnico”.
 
San José es modelo e inspiración para todo ser humano que desea asumir el trabajo desde una perspectiva espiritual. En ese sentido, el trabajo debe ser siempre una actividad auténticamente humana, que brinde realización y satisfacción al corazón humano y no sea solo medio para producir “cosas”. Sin su sentido sobrenatural el trabajo se convierte en ocasión de nuevas esclavitudes, instrumentalización o manipulación.
 
Por eso, como San José, cada persona que trabaja debe mirar al Cielo y trascender lo puramente material, que siendo importante no lo agota todo. Es Dios quien corona todo esfuerzo en búsqueda del bien común y la plenitud. San José, obrero y trabajador, es poderoso intercesor frente a la injusticia, ayuda para que no falte lo necesario y brinda asistencia a quienes están desempleados o en búsqueda de un nuevo trabajo.

sábado, 19 de marzo de 2022

San José, el hombre justo

"El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María"
(Lc 1, 26-27).
 
En el relato de la Anunciación, al lado de la Virgen Santísima aparece su esposo, José, el gran Santo al que precisamente hoy veneramos.
 
Al lado de Jesús veis la dulce figura de María, su Madre y Madre nuestra, sentís la serena presencia de José, el hombre "justo" (Mt 1, 19), que en laborioso silencio provee a las necesidades de toda la familia.
 
Hoy, 19 de marzo, se detiene en él, sobre todo, la mirada del corazón para admirar sus dotes de discreción y de disponibilidad, de laboriosidad y de valentía, que circundan su bondadosa figura con una aureola de cautivadora simpatía. Toda la tradición ha visto en San José al Patrono y Protector de la comunidad de los creyentes; su poderosa intercesión acompaña y protege el camino de la Iglesia en el curso de la historia. Él la defiende de los peligros, la sostiene en las luchas y sufrimientos, le señala el camino, le obtiene alientos y consuelos.
 
Tened confianza en este Santo tan grande y tan humilde. Partícipe como es del misterio de María y de su Hijo divino, él os guiará dulcemente y con seguridad a la comprensión de este misterio de salvación, y llevará a cumplimiento cuanto de hermoso ―a la luz de Dios― desea vuestro corazón.
 
San José con el ejemplo de su vida, os habla también a vosotros, jóvenes de hoy, y os invita a dar en el mundo testimonio de vuestro amor a Cristo, de vuestra honestidad y coherencia, de vuestro compromiso para construir una sociedad más justa y más humana.
 
San Juan Pablo II
19 de marzo de 1986