domingo, 16 de marzo de 2014

Enseñanza social de Juan Pablo II

El próximo santo Juan Pablo II dejó una importante enseñanza social, como hemos señalado en otras ocasiones. Me interesa ahora notar un aspecto de dicha enseñanza: su conexión con los hechos de su tiempo, de los cuales la reciente historia da cuenta y que marcan un cambio muy importante en la vida de las sociedades, los pueblos y la comunidad internacional.

En la encíclica "Centessimus annus" el papa no solamente explicó los principios doctrinales que no debían ser olvidados, ni recordó simplemente el centésimo aniversario de la "Rerum novarum" de León XIII, sino que ofreció una explicación relativa a los acontecimientos que habían conmovido al mundo y que algunos de nosotros podemos recordar muy bien. Tal explicación puede hacer ver que la doctrina social no es una "especulación" sino que se refiere a las cosas reales de la historia humana, en medio de las cuales se desenvuelve la vida de cada uno.

Según el Pontífice, los acontecimientos de 1989 en los países de Europa central y oriental eran la culminación de un fenómeno que abarcaba "un arco de tiempo y un horizonte geográfico más amplios". En efecto, el Papa notaba que en los años ochenta habían caído en América Latina, África y Asia, varios regímenes dictatoriales. Comenzaba un camino de transición difícil hacia formas políticas más participativas y notaba la aportación que la Iglesia había tenido para estos cambios.

Los factores que originaron la crisis de donde surgieron estos cambios, explicaba, eran en primer lugar la violación de los derechos del trabajador en sistemas que pretendían encarnar la dictadura del proletariado ante la cual hubo una respuesta pacífica; en segundo lugar, vinculado al primero, la ineficiencia del sistema económico; en tercer lugar, como causa más profunda, el vacío espiritual provocado por el ateísmo.

Juan Pablo II veía los cambios con optimismo: "Los acontecimientos del año 1989 ofrecen un ejemplo de éxito de la voluntad de negociación y del espíritu evangélico contra un adversario decidido a no dejarse condicionar por principios morales: son una amonestación para cuantos, en nombre del realismo político, quieren eliminar del ruedo de la política el derecho y la moral. Ciertamente la lucha que ha desembocado en los cambios del 1989 ha exigido lucidez, moderación, sufrimientos y sacrificios; en cierto sentido, ha nacido de la oración y hubiera sido impensable sin una ilimitada confianza en Dios, Señor de la historia, que tiene en sus manos el corazón de los hombres".

Pero el optimismo no era ingenuidad, porque veía también los peligros de la nueva situación. En particular pensaba que se abría un vasto campo de acción y de lucha por la justicia y contra un sistema económico en el que se propone el predominio absoluto del capital sobre la libre subjetividad del trabajo del hombre.

Muchos otros aspectos importantes señaló el beato Juan Pablo II. Ya que nos acercamos a su canonización, busquemos responder a los graves problemas que afectan a la humanidad y a nuestro país sin olvidar los principios fundamentales.

Pedro Miguel Funes Díaz