jueves, 21 de octubre de 2021
sábado, 25 de septiembre de 2021
San Juan Pablo II y su mirada hacia Internet
Es necesario en Internet un
espacio para Cristo...
Sólo cuando se vea su rostro
y se oiga su voz el mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención.
Esta es la finalidad de la
evangelización. Y esto es lo que convertirá Internet en un espacio
auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay
lugar para el hombre...
Por tanto quiero exhortar a
toda la Iglesia a cruzar intrépidamente este nuevo umbral, para entrar en lo
más profundo de la red...
sábado, 11 de septiembre de 2021
San Juan Pablo II invocaba a María ante el terrorismo mundial
Llama la atención la
cantidad de veces que el papa san Juan Pablo II invocó a María y pidió a los
católicos que le rezaran en un momento del avance del terrorismo internacional,
especialmente en las fechas del aniversario de los ataques del 11 de septiembre
o alrededor de ellos.
Al día siguiente de los
atentados, miércoles 12 de septiembre de 2001, el papa Juan Pablo II presidió
una oración por la paz durante la Audiencia General, después de haber confiado
el mundo a la Virgen María: “Roguemos al Señor para que la espiral del odio y
la violencia no prevalezca. Que la Santísima Virgen, Madre de Misericordia,
suscite en el corazón todos pensamientos de sabiduría e intenciones de paz”.
Al año siguiente, en 2002,
el 11 de septiembre fue un miércoles, día de Audiencia General. El Papa
presidió una oración universal de intercesión por las víctimas del atentado y
sus familias, y por la paz mundial. En árabe, la oración decía: “Por los
creyentes de todas las religiones, para que, en Nombre de Dios misericordioso y
amante de la paz, rechacen firmemente cualquier forma de violencia, dentro del
respeto a las diferentes experiencias históricas, culturales y religiosas”.
El 11 de septiembre de 2003,
el Papa estaba de viaje en Eslovaquia, pero el día antes de su partida,
miércoles 10 de septiembre, al finalizar la Audiencia General, habló de la
Virgen María, en italiano, recordando que nosotros acabábamos de celebrar su
Natividad y que el 12 de septiembre la Iglesia celebraba el Santo Nombre de
María.
Y, el sábado 11 de
septiembre de 2004, envió un mensaje a los obispos de Estados Unidos en el que
llamó a la paz: “Me uno a sus oraciones para que cese la plaga del terrorismo y
crezca la civilización del amor”. E invitó a los obispos a confiar en María, “¡Que
encuentren sabiduría y fortaleza por intercesión de María Inmaculada, patrona
de su país!”. Él mismo los confió a la Virgen: “Los encomiendo a todos con gran
afecto a la oración de María, Madre de la Iglesia”.
domingo, 29 de agosto de 2021
Oración a Dios creador, Padre de Jesús y Padre nuestro
(Oración
compuesta por San Juan Pablo II para la celebración del Gran Jubileo del Año
2000)
Bendito seas Señor, Padre
que estás en el cielo, porque en tu infinita misericordia te has inclinado sobre
la miseria del hombre y nos has dado a Jesús, tu Hijo, nacido de mujer, nuestro
salvador y amigo, hermano y Redentor. Gracias, Padre bueno, por el don del Año
jubilar; haz que sea un tiempo favorable, el año del gran retorno a la casa
paterna, donde Tú, lleno de amor, esperas a tus hijos descarriados para darles
el abrazo del perdón y sentarlos a tu mesa, vestidos con el traje de fiesta.
¡A Ti, Padre, nuestra
alabanza por siempre!
Padre clemente, que en este
año se fortalezca nuestro amor a Ti y al prójimo: que los discípulos de Cristo
promuevan la justicia y la paz; se anuncie a los pobres la Buena Nueva y que la
Madre Iglesia haga sentir su amor de predilección a los pequeños y marginados.
¡A Ti, Padre, nuestra
alabanza por siempre!
Padre justo, que este año
sea una ocasión propicia para que todos los católicos descubran el gozo de
vivir en la escucha de tu palabra, abandonándose a tu Voluntad; que
experimenten el valor de la comunión fraterna partiendo juntos el pan y
alabándote con himnos y cánticos espirituales.
¡A Ti, Padre, nuestra
alabanza por siempre!
Padre, rico en misericordia,
que este año sea un tiempo de apertura, de diálogo y de encuentro con todos los
que creen en Cristo y con los miembros de otras religiones: en tu inmenso Amor,
muestra generosamente tu Misericordia con todos.
¡A Ti, Padre, nuestra
alabanza por siempre!
Padre omnipotente, haz que
todos tus hijos sientan que en su caminar hacia Ti, meta última del hombre, los
acompaña bondadosamente la Virgen María, icono del amor puro, elegida por Ti
para ser Madre de Cristo y de la Iglesia.
¡A Ti, Padre, nuestra
alabanza por siempre!
A Ti, Padre de la vida,
principio sin principio, suma bondad y eterna luz, con el Hijo y el Espíritu,
honor y gloria, alabanza y gratitud por los siglos sin fin. Amén.
sábado, 21 de agosto de 2021
Oración y Decálogo del Catequista
ORACIÓN DEL CATEQUISTA
Señor haz que yo sea tu
testigo, para comunicar tu enseñanza y amor. Concédeme poder cumplir la misión
de catequista con humildad y profunda confianza. Que mi catequesis sea un
servicio a los demás, una entrega gozosa y viva de tu evangelio. Recuérdame continuamente
que la fe que deseo irradiar la he recibido de ti para los que me confías.
Hazme verdadero educador de la fe atento a la voz de tu Palabra, amigo sincero
de los demás, especialmente de mis hermanos catequistas. Que sea el Espíritu
Santo quien conduzca mi vida para que no deje de buscarte y quererte, para que
no me venza la pereza y el egoísmo, para combatir la tristeza.
Señor: unido a ti y a la
Iglesia y a tu Madre María, sepa yo guardar, como ella, tu Palabra y ponerla al
servicio del mundo. Amén.
(San
Juan Pablo II)
DECÁLOGO DEL CATEQUISTA
1. Cuidar mi vocación de
catequista con la oración y la formación permanente.
2. Estudiar y amar la
Palabra de Dios como fuente principal de la catequesis.
3. Crecer en el amor a
Cristo, a la Iglesia y a cada hermano.
4. Desarrollar mi vida
espiritual con la vivencia de los sacramentos y la participación activa a favor
de la comunidad cristiana.
5. Dar testimonio de Cristo
en toda circunstancia.
6. Trabajar en común unión
con los sacerdotes y mis hermanos en la fe.
7. Preparar con seriedad y
creatividad todos los encuentros catequísticos.
8. Participar con entusiasmo
en los encuentros de formación, de oración y de programación de las catequesis.
9. Servir con humildad y
respeto, confiando más en la acción del Espíritu Santo que en mis méritos.
10. Revisar y purificar mis
motivaciones para evitar la rutina y la autosuficiencia.
domingo, 15 de agosto de 2021
La Asunción de María
El Papa Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción,
manifestó:
"El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue
glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la
resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la
glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio" (JP II,
2-julio-97).
"Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible
comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad:
después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que
realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad,
prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos" (JP II ,
Audiencia General del 9-julio-97).
Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de
quienes ‘oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28). Nos estimula a
elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la
derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la
gloria celestial" (JP II, 15-agosto-97)
Oración a la Virgen María asunta al Cielo
¡Oh Madre de la Iglesia! Ante esta humanidad que parece siempre
fascinada por lo temporal, y cuando la dominación sobre el mundo oculta la
perspectiva del destino eterno del hombre en Dios, sé tú misma un testimonio de
Dios; tú, su Madre.
¿Quién puede resistir al testimonio de una madre? Tú que has nacido para las
fatigas de esta tierra: concebida de forma inmaculada. Tú que has nacido para
la gloria del cielo: asunta al cielo.
Tú que estás vestida del sol de la insondable Divinidad, del sol de la
impenetrable Trinidad, llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Tú, a quien la Trinidad se da como único Dios, el Dios de la alianza y de la
redención, el Dios del comienzo y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad. El
Dios-Amor. El Dios-Gracia. El Dios-Santidad. El Dios que lo supera todo y lo
abraza todo. El Dios que es todo en todos.
Tú que estás vestida del sol. ¡Hermana nuestra! ¡Madre nuestra! Sé el
testimonio de Dios (…) ante nosotros, hijos de Eva en el destierro. ¡Sé el
testimonio de Dios!
Amén.
sábado, 31 de julio de 2021
Carta de San Juan Pablo II a las mujeres ("Te doy gracias mujer")
Te doy gracias, mujer-madre,
porque te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de
parto de una experiencia única, lo cual te hace sonrisa de Dios para el niño
que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su
crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.
Te doy gracias,
mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante
una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.
Te doy gracias, mujer-hija y
mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida
social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.
Te doy gracias
mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida, mediante la
indispensable aportación capaz de conciliar razón y sentimiento, a una
concepción de la vida siempre abierta al sentido del “misterio”, a la
edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.
Te doy gracias
mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de
Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios,
ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta
“esponsal” que expresa maravillosamente la comunión que Él quiere establecer
con su criatura.
Te doy gracias, mujer: ¡Por
el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad
enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las
relaciones humanas.
San Juan Pablo II
domingo, 25 de julio de 2021
Oración a San Juan Pablo II
Tú que conociste y padeciste
las atrocidades de los regímenes comunistas.
Tú que supiste lo que es
perder la libertad.
Tú que sufriste la
persecución por opinar.
Tú que entendiste el odio de
unos pocos hacia muchos.
Tú que viviste la opresión
de los regímenes militares.
Tú que presenciaste la
destrucción de las familias en pueblos como Cuba, Rusia o Polonia.
Tú que luchaste por los
derechos del hombre.
Tú que hiciste promover las
virtudes de sinceridad, honradez y
comprensión.
Tú que conociste la santidad
de más de un millar de personas que dedicaron su vida a Dios y al bien.
Tú que nos entiendes y que
gozas de la cercanía del Señor, pide que se nos conceda la gracia de no
dejarnos caer en el comunismo.
Por Jesucristo Nuestro
Señor. Amén.
sábado, 17 de julio de 2021
Karol Wojtyla seminarista se salvó de ser fusilado por los soviéticos

Karol Wojtyla y Joseph Stalin
Juan Pablo II no hubiera
llegado a ser Papa si, en el año 1945, en Cracovia, un oficial de la Armada
Roja de la Unión Soviética, culto y amante de la historia, no hubiera decidido
salvar la vida, a pesar de las órdenes de Stalin, a un joven seminarista llamado
Karol Wojtyla, que le había ayudado a traducir libros sobre la caída del
Imperio romano.
Este episodio, poco conocido
de la vida del Papa, fue narrado al semanario italiano «Famiglia Cristiana» por
el protagonista, el mayor Vasilyi Sirotenko.
Sirotenko, profesor de
historia medieval, formó parte de la 59ª Armada del general Ivan Stepanovich
Konev que arrebató a los alemanes Cracovia el 17 de enero de 1945. Al día
siguiente el soldado se encontraba entre los hombres que ocuparon una mina de
piedra de la empresa Solvay a unos cincuenta kilómetros de la ciudad. «También
allí los alemanes se rindieron y escaparon casi inmediatamente -recuerda-. Los
obreros polacos se habían escondido: cuando llegamos comenzamos a gritar: sois
libres, salid, salid, estáis libres. Cuando los contamos, eran ochenta. Poco
después descubrí que 18 de ellos eran seminaristas».
La guerra de Stalin no era
un banquete de gala. Los soldados robaban lo que podían: dinero, relojes, ropa…
Los primeros rusos que entraron a Cracovia lo único que buscaban era comida.
Sirotenko, sin embargo, causó en más de alguno un dejo de risa: él buscaba
libros en latín y alemán.
Por este motivo, al ver a
los seminaristas se puso muy contento. «Llamé a uno de ellos y le pregunté si
era capaz de traducir del latín y del italiano -revela Sirotenko-. Me dijo que
no era muy bueno en estas materias, que había estudiado poco. Estaba
aterrorizado, e inmediatamente añadió que tenía un compañero muy inteligente y
capaz para los idiomas. Un cierto Karol Wojtyla».
«Entonces di la orden de
encontrar a ese tal Karol», continúa diciendo el antiguo soldado. «Descubrí que
era bastante bueno en ruso pues su madre era una "russinka", es decir
una "ukrainka" con raíces rusas. Por eso le hice traducir también
documentos del ruso al polaco».
Vasilyj se hizo amigo de
Karol y pidió que le tradujera también artículos sobre la caída del Imperio
romano, que era fruto de todo tipo de interpretaciones por parte de Stalin.
Fueron tan amigos que un día el comisario político Lebedev convocó al oficial
soviético: «Camarada mayor, ¿qué hace usted con ese seminarista? ¿Piensa
ignorar las órdenes de Stalin? ¿La disposición del 23 de agosto de 1940 sobre
los oficiales, maestros y seminaristas polacos no le convence?».
Sirotenko respondió: «No
puedo fusilarlo. Es demasiado útil. Sabe idiomas y conoce la ciudad». Y añade:
El comisario sabía que era verdad, pero no quería correr riesgos. De modo que
me dijo que la responsabilidad era mía».
Después, salieron los
primeros carros de prisioneros hacia Siberia, personas que no volverían nunca
más. Los seminaristas de la cantera Solvay estaban entre los primeros de la
lista. Sirotenko, sin embargo, les salvó la vida. La misma excusa volvió a
convencer a Lebedev.
Ahora al mayor no le gusta
reconocer que sabía lo que significaba partir al destierro. «Escribí una orden
en la que, por exigencias relativas a las operaciones militares que tenían
lugar en Cracovia, Wojtyla y los demás no deberían ser deportados».
Cuando en 1978 fue elegido Papa
un cierto Karol Wojtyla, Sirotenko era el único que conocía ese nombre en
Rusia, a excepción del KGB. Cuando Sirotenko cumplió 85 años, recibió una carta
del Papa Juan Pablo II en la que le felicitaba por sus 85 años. El viejo
profesor de historia y antiguo oficial de la Armada Roja miró la carta y dijo:
«Los dos hemos tenido una vida muy intensa».

domingo, 27 de junio de 2021
Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Te invocamos
Oh Virgen del Perpetuo
Socorro,
Madre Santa del Redentor,
socorre a Tu pueblo,
que anhela resurgir.
Da a todos el gozo de
trabajar
por la construcción del
Reino
en consciente y activa
solidaridad
con los más pobres,
anunciando de modo nuevo y
valiente
el Evangelio de Tu Hijo.
Él es fundamento y cima
de toda convivencia humana
que aspire a una paz
verdadera,
estable y justa.
Como el Niño Jesús,
que admiramos en este
venerado Icono,
también nosotros
queremos estrechar Tu mano
derecha.
A Ti no te falta poder ni
bondad
para socorrernos
en las más diversas
necesidades
y circunstancias de la vida.
La hora actual es Tu Hora
Ven, pues, en ayuda nuestra
y sé para todos socorro,
refugio y esperanza Amén.
San Juan Pablo II
Santuario
de San Alfonso
Domingo
30-junio-1991
sábado, 12 de junio de 2021
San Juan Pablo II y el Inmaculado Corazón de María

«Madre de los hombres y de
los pueblos, Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes
maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las
tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo
directamente a tu Corazón y abraza con el Amor de la Madre y de la Esclava del
Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya
entrega Tú esperas de modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la
familia humana a la que, con todo afecto a Ti, Madre, confiamos. Que se acerque
para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la
justicia y de la esperanza».
(San
Juan Pablo II. «Acto de consagración». Basílica de Santa María la Mayor)
María dio a luz a Aquel que
es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre
del Hijo, Dios reconcilió "con Él
todas las cosas" (Col 1,20); ahora, glorificada en el cielo, tiene -como
recuerda una plegaria litúrgica- "un corazón lleno de misericordia hacia
los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se
refugian e imploran el perdón de Dios..."
(San
Juan Pablo II. Ángelus. Domingo 3 de septiembre de 1989)
domingo, 6 de junio de 2021
Corpus Christi: un misterio de pan y de vino
El
jueves 22 de junio de 2000 en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo,
San Juan Pablo II celebró Ia Santa Misa
ante miles de personas en la basílica de San Juan de Letrán. En su homilía
expresó:
"La institución de la
Eucaristía, el sacrificio de Melquisedec y la multiplicación de los panes es el
sugestivo tríptico que nos presenta la liturgia de la Palabra en esta
solemnidad del Corpus Christi.
El libro del Génesis nos
habla de Melquisedec, "rey de Salem" y "sacerdote del Dios
altísimo", que bendijo a Abraham y "ofreció pan y vino" (Gn 14,
18). A este pasaje se refiere el Salmo 109, que atribuye al Rey Mesías un
carácter sacerdotal singular, por consagración directa de Dios: "Tú eres
sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec". La víspera de su muerte
en la cruz, Cristo instituyó la Eucaristía. También él ofreció pan y vino, que
"en sus santas y venerables manos" (Canon romano) se convirtieron en
su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos en sacrificio. Así cumplía la profecía de la
antigua Alianza, vinculada a la ofrenda del sacrificio de Melquisedec.
Precisamente por ello, -recuerda la carta a los Hebreos- "él (...) se
convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado
por Dios sumo sacerdote a semejanza de Melquisedec" (Hb 5, 7-10).
"El relato evangélico
de la multiplicación de los panes nos ayuda a comprender mejor el don y el
misterio de la Eucaristía. Jesús tomó cinco panes y dos peces, levantó los ojos
al cielo, los bendijo, los partió, y los dio a los Apóstoles para que los
fueran distribuyendo a la gente (cf. Lc 9, 16). Todos comieron hasta saciarse e
incluso se llenaron doce canastos con los trozos que habían sobrado. Se trata
de un prodigio sorprendente, que constituye el comienzo de un largo proceso
histórico: la multiplicación incesante en la Iglesia del Pan de vida nueva para
los hombres de todas las razas y culturas. Este ministerio sacramental se
confía a los Apóstoles y a sus sucesores. Y ellos, fieles a la consigna del
divino Maestro, no dejan de partir y distribuir el Pan eucarístico de
generación en generación..."
sábado, 8 de mayo de 2021
San Juan Pablo II en Luján (Argentina)
¡Dios te salve, María, llena
de gracia, Madre del Redentor!
Ante tu imagen de la Pura y
Limpia Concepción, Virgen de Luján, Patrona de Argentina, me postro en este día
aquí, en Buenos Aires, con todos los hijos de esta patria querida, cuyas
miradas y cuyos corazones convergen hacia Ti; con todos los jóvenes de
Latinoamérica que agradecen tus desvelos maternales, prodigados sin cesar en la
evangelización del continente en su pasado, presente y futuro; con todos los
jóvenes del mundo, congregados espiritualmente aquí, por un compromiso de fe y
de amor; para ser testigos de Cristo tu Hijo en el tercer milenio de la
historia cristiana, iluminados por tu ejemplo, joven Virgen de Nazaret, que
abriste las puertas de la historia al Redentor del hombre, con tu fe en la
Palabra, con tu cooperación maternal.
Dichosa Tú porque has
creído!
En el día del triunfo de
Jesús, que hace su entrada en Jerusalén manso y humilde, aclamado como Rey por
los sencillos, te aclamamos también a Ti, que sobresales entre los humildes y
pobres del Señor; son éstos los que confían contigo en sus promesas, y esperan
de En la salvación. Te invocamos como Virgen fiel y Madre amorosa, Virgen del
Calvario y de la Pascua, modelo de la fe y de la caridad de la Iglesia, unida
siempre, como Tú, en la Cruz y en la Gloria, a su Señor.
Madre de Cristo y Madre de
la Iglesia!
Te acogemos en nuestro
corazón, como herencia preciosa que Jesús nos confió desde la Cruz. Y en cuanto
discípulos de tu Hijo, nos confiamos sin reservas a tu solicitud porque eres la
Madre del Redentor y Madre de los redimidos. Te encomiendo y te consagro,
Virgen de Luján, la Patria Argentina, las esperanzas y anhelos de este pueblo,
la Iglesia con sus Pastores y sus fieles, las familias para que crezcan en
santidad,
los jóvenes para que
encuentren la plenitud de su vocación, humana y cristiana, en una sociedad que
cultive sin desfallecimiento los valores del espíritu. Te encomiendo a todos
los que sufren, a los pobres, a los enfermos, a los marginados; a los que la
violencia separó para siempre de nuestra compañía, pero permanecen presentes
ante el Señor de la historia y son hijos tuyos, Virgen de Luján, Madre de la
Vida. Haz que Argentina entera sea fiel al Evangelio, y abra de par en par su
corazón a Cristo, el Redentor del hombre, la Esperanza de la humanidad.
Dios te salve, Virgen de la
Esperanza!
Te encomiendo a todos los
jóvenes del mundo, esperanza de la Iglesia y de sus Pastores; evangelizadores
del tercer milenio, testigos de la fe y del amor de Cristo en nuestra sociedad
y entre la juventud. Haz que, con la ayuda de la gracia, sean capaces de
responder, como Tú, a las promesas de Cristo, con una entrega generosa y una
colaboración fiel. Haz que, como Tú, sepan interpretar los anhelos de la humanidad;
para que sean presencia salvadora en nuestro mundo Aquel que, por tu amor de
Madre, es para siempre el Emmanuel, el Dios con nosotros, y por la victoria de
su Cruz y de su Resurrección está ya para siempre Contigo.
San Juan Pablo II
Domingo 12 de
abril de 1987
domingo, 2 de mayo de 2021
En el MES DE MARÍA, evocamos VIRGO FIDELIS de San Juan Pablo II
"...De entre tantos
títulos atribuidos a la Virgen, a lo largo de los siglos, por el amor filial de
los cristianos, hay uno de profundísimo significado: Virgo Fidelis, Virgen
fiel. ¿Qué significa esta fidelidad de María? ¿Cuáles son las dimensiones de
esa fidelidad?
La primera dimensión se
llama búsqueda. María fue fiel ante todo cuando, con amor se puso a buscar el
sentido profundo del Designio de Dios en Ella y para el mundo. “Quomodo fiet?
-¿Cómo sucederá esto? ”, preguntaba Ella al Ángel de la Anunciación. Ya en el
Antiguo Testamento el sentido de esta búsqueda se traduce en una expresión de
rara belleza y extraordinario contenido espiritual: “buscar el Rostro del
Señor”. No habrá fidelidad si no hubiere en la raíz esta ardiente, paciente y
generosa búsqueda; si no se encontrara en el corazón del hombre una pregunta,
para la cual sólo Dios tiene respuesta, mejor dicho, para la cual sólo Dios es
la respuesta.
La segunda dimensión se
llama acogida, aceptación. El “quomodo fiet” se transforma, en los labios de
María, en un “fiat”. Que se haga, estoy pronta, acepto: éste es el momento
crucial de la fidelidad, momento en el cual el hombre percibe que jamás
comprenderá totalmente el cómo; que hay en el Designio de Dios más zonas de
misterio que de evidencia; que, por más que haga, jamás logrará captarlo todo.
Es entonces cuando el hombre acepta el misterio, le da un lugar en su corazón
así como “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Es el momento en el que el hombre se abandona
al misterio, no con la resignación de alguien que capitula frente a un enigma,
a un absurdo, sino más bien con la disponibilidad de quien se abre para ser
habitado por algo – ¡por Alguien! – más grande que el propio corazón. Esa
aceptación se cumple en definitiva por la fe que es la adhesión de todo el ser
al misterio que se revela.
Coherencia, es la tercera
dimensión de la fidelidad. Vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la
propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar incomprensiones, persecuciones
antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree: esta es la
coherencia. Aquí se encuentra, quizás, el núcleo más íntimo de la fidelidad.
Pero toda fidelidad debe
pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Por eso la cuarta
dimensión de la fidelidad es la constancia. Es fácil ser coherente por un día o
algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser
coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la
tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo
de toda la vida. El “fiat” de María en la Anunciación encuentra su plenitud en
el “fiat” silencioso que repite al pie de la Cruz. Ser fiel es no traicionar en
las tinieblas lo que se aceptó en público.
De todas les enseñanzas que
la Virgen da a sus hijos, quizás la más bella e importante es esta lección de
fidelidad..."
San
Juan Pablo II
Homilía en la Catedral de
México. 26 de enero de 1979
domingo, 25 de abril de 2021
San Juan Pablo II nos invita a pedir por buenos pastores
“El Buen Pastor, según las
palabras de Cristo,es precisamente el que
"viendo venir al lobo",no huye, sino que está
dispuesto a exponer la propia vida,luchando con el ladrón, para
que ninguna de las ovejas se pierda.Si no estuviese dispuesto a
esto,no sería digno del nombre de
Buen Pastor.Sería mercenario, pero no
pastor” San Juan Pablo IIAudiencia General
Coincidiendo con el Domingo
del Buen Pastor, la Iglesia dedica este día a la Oración por las Vocaciones
Sacerdotales y Religiosas. La siguiente es una oración compuesta por San Juan Pablo II:
Padre Bueno, en Cristo tu
Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la
posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero
rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a
ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia
ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos,
preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso, da a
la Humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida
transfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás
hermanos y hermanas hacia la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de
tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos
ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de
tu infinita bondad. ¡Amén!
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