domingo, 16 de febrero de 2014

"¿Estoy sirviendo a Dios?"

El papa Juan Pablo II pasó décadas preguntándose constantemente si valía para el cargo para el que fue llamado, según sus diarios privados publicados y que él pidió que fueran destruidos.

Juan Pablo II, que dirigió la Iglesia católica desde 1978 hasta su muerte en 2005, será convertido en santo en abril y sigue siendo para muchos católicos un modelo de fe y compromiso.

Los diarios ofrecen un atisbo sobre su vida espiritual, dando la imagen de un hombre que nunca se mostró complaciente pese a la majestuosidad de su puesto y su estatus de estrella entre muchos católicos. En su lugar, agonizó sobre si estaba haciendo lo suficiente para servir a Dios.

Sus notas manuscritas, publicadas en polaco por el momento bajo el título "Juan Pablo II: Estoy mucho en manos de Dios. Notas personales 1962-2003", son una serie de reflexiones en lugar de un diario al uso.

Aunque desempeñó un papel muy activo en la Polonia de la era comunista y como pontífice, Karol Wojtyla, nacido en el sur de ese país en 1925, apenas se refería a sus actos públicos en estas páginas.

En una nota en 1981, el entonces cardenal Wojtyla reflexionó sobre un debate teológico con otros religiosos y añadió: "La palabra de Dios. ¿Amo la palabra de Dios? ¿Vivo para ella? ¿La sirvo voluntariamente? Ayúdame, Señor, a vivir según tu palabra", se preguntó. "¿Sirvo al Espíritu Santo que vive en la Iglesia?".

En el mismo pasaje, escribió, alternando entre el latín y el polaco: "Un sacrificio puro, santo e inmaculado. Es por eso por lo que exige de sus sacerdotes que deberían tener un corazón no dividido (en referencia al celibato) y exige la pureza a los sacerdotes. Jesús, ¡ayúdame!", dijo.

Antes de su muerte, el Papa confió sus diarios al arzobispo Stanislaw Dziwisz, su secretario personal y hoy cardenal de la ciudad de Cracovia, con instrucciones para que los quemara.

En el prólogo del libro, Dziwisz indicó que no los quemó porque eran claves para entender la vida espiritual privada del pontífice.

"Muestran la otra cara de la persona a la que conocíamos como pastor del a Iglesia universal", escribió el cardenal, que fue criticado y elogiado en los círculos católicos polacos al anunciar la publicación del libro el año pasado.

El libro de 638 páginas está dominado por profundas reflexiones teológicas que muestran poco de lo que podría estar pensando o haciendo el Papa cuando las escribió.

El retrato profundiza pero no sacude su imagen pública, en contraste con los diarios póstumos de la madre Teresa, que murió en 1997 y fue beatificada por Juan Pablo II en 2003, en los que ella mostraba dudas sobre la existencia de Dios.

En sus últimos años, debilitado por la enfermedad, sus palabras se vuelven más escasas y su pulso para escribir menos firme.

El último comentario en 2003 se refiere a la historia bíblica de Jonás, al que Dios pidió que divulgara su palabra pero que en su lugar huyó. El papa, que antes de su enfermedad viajó incansablemente por el mundo divulgando el Evangelio, escribió en italiano al final de la página: "Jonás, este es el miedo de proclamar el amor de Dios".
 Por Christian Lowe