sábado, 11 de abril de 2015

Actos de consagración a la Divina Misericordia

Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo
y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador,
te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal;
haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia,
para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo,
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Amén.


 Oh Jesús Misericordioso, 
tu bondad es infinita y los tesoros de tu gracia son inagotables.
Me abandono a tu Misericordia que sobrepuja a todas tus obras, 
me consagro enteramente a Ti para vivir bajo los rayos de tu gracia 
y de tu amor que brotaron de tu Corazón traspasado en la Cruz.
Quiero dar a conocer tu Misericordia
por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales,
especialmente con los pecadores, 
consolando y asistiendo a los pobres afligidos y enfermos.
Que toda la humanidad comprenda
el abismo insondable de tu Misericordia,
a fin de que poniendo toda su esperanza en ella,
pueda ensalzarla por toda la eternidad.
 Amén.


"Quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda al mundo. Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia, y a todos los devotos de la Misericordia divina del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia!"

San Juan Pablo II