sábado, 19 de octubre de 2024
domingo, 13 de octubre de 2024
Oración de San Juan Pablo II a Nuestra Señora del Pilar
¡Dios te salve María, Madre de Cristo y de la
Iglesia! ¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra!
A tus cuidados confío esta tarde las necesidades
de todas las familias, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes,
los desvelos de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de
los ancianos.
Te encomiendo la fidelidad y abnegación de los
ministros de tu Hijo, la esperanza de quienes se preparan para ese ministerio,
la gozosa entrega de las vírgenes del claustro, la oración y solicitud de los
religiosos y religiosas, la vida y empeño de cuantos trabajan por el Reino de
Cristo.
En tus manos pongo la fatiga y el sudor de quienes
trabajan con las suyas; la noble dedicación de los que transmiten su saber y el
esfuerzo de los que aprenden; la hermosa vocación de quienes con su ciencia y
servicio alivian el dolor ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan
la verdad.
En tu Corazón dejo los anhelos de quienes,
mediante los quehaceres económicos, procuran honradamente la prosperidad de sus
hermanos; de quienes, al servicio de la verdad, informan y forman rectamente la
opinión pública; de cuantos, en la política, en la milicia, en las labores
sindicales o en el servicio del orden ciudadano, prestan su colaboración
honesta en favor de una justa, pacífica y segura convivencia.
Virgen Santa del Pilar: Aumenta nuestra fe,
consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los
que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles
en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a
Dios. Y asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como Patrona de la
Hispanidad. Así sea.
San Juan
Pablo II - 1982
sábado, 5 de octubre de 2024
San Juan Pablo II, María y el mes del Rosario
El
centro de nuestra fe es Cristo, el Redentor de la humanidad, recordó el papa
Juan Pablo II, el 16 de octubre de 2002. María no lo opaca; Ella no oculta su
obra salvífica. Llevada al cielo en cuerpo y alma, es la Virgen la primera en
probar los frutos de la Pasión y Resurrección de su Hijo, es quien de la forma
más segura nos conduce a Cristo, el fin último de nuestras acciones y de toda
nuestra existencia...
Para
contemplar el rostro de Cristo con María, ¿hay algún instrumento mejor que
rezar el Rosario? Sin embargo, debemos redescubrir la profundidad mística
contenida en la simplicidad de esta oración, tan preciada por la tradición
popular.
En
su estructura, esta oración mariana es, de hecho, sobre todo una meditación de
los misterios de la vida y obra de Cristo. Al repetir la invocación del Ave
María, podemos profundizar en los acontecimientos esenciales de la misión del
Hijo de Dios en la tierra, los cuales nos han sido transmitidos por el
Evangelio y la Tradición.
sábado, 28 de septiembre de 2024
Carta de San Juan Pablo II al Santo Padre Pío
Hay una carta inédita que Karol Wojtyla envió al Padre Pío de Pietrelcina, el fraile con los estigmas, pocos días antes de ser
nombrado arzobispo de Cracovia. Una carta nunca publicada ni conocida, que fue
hallada en el archivo de la Curia de Cracovia y que quizá inicialmente había
sido confundida con la transcripción de una de las dos cartas del futuro Papa
al futuro santo ya conocidas. En cambio aquella copia escrita a máquina era del
todo desconocida y añade una nueva prueba fundamental a la reconstrucción de la
relación entre Wojtyla y el Padre Pío.
Como es sabido se conocían dos letras, escritas en
latín y enviadas al fraile el 17 y el 28 de noviembre de 1962 por el joven
obispo auxiliar de Cracovia que en aquellos días se encontraba en Roma para el
Concilio. En la primera Wojtyla pedía las oraciones del Padre Pío por la médica
Wanda Poltawska, madre de familia, enferma de cáncer. En la segunda el obispo
agradecía al santo del Gargano por la curación acaecida de la mujer. La nueva
misiva (Archivo de la Curia de Cracovia), está fechada el 14 de diciembre de
1963 y es más larga que las precedentes. Como las otras dos fue escrita en
Roma, probablemente en la conclusión de la segunda sesión del Concilio Vaticano
II. Ha sido publicada y comentada por don Francesco Castelli en la revista
“Servi della Sofferenza”.
Al final de las primeras líneas, Wojtyla hace
referencia a las precedentes peticiones dirigidas por él al Padre Pio: «Vuestra
paternidad se acordará ciertamente que ya algunas veces en el pasado me he
permitido recomendar a Sus oraciones casos particularmente dramáticos y dignos
de atención». Y ya aquí hay una primera sorpresa. Hasta hoy, de hecho, se ha
sabido siempre que el futuro Papa pidió y obtuvo las oraciones del fraile sólo
para la médica Poltawska. No se conocían otros casos. El joven obispo polaco
agradece al Padre Pío la curación de una mujer enferma de cáncer –está claro
que se trata del caso ya conocido– pero en el número de las personas curadas
Wojtyla añade el hijo de un abogado, gravemente enfermo desde el nacimiento.
«Ambas personas están bien», declara en el texto inédito. Por lo tanto, además
de esta carta y a las dos ya conocidas existe al menos otra misiva con la cual
Wojtyla pedía la curación del joven.
El futuro Papa recurre después al Padre Pío por una
señora paralizada de su diócesis, por tanto una nueva petición. Ulterior
indicio de una relación consolidada. Pero no es todo. Esta vez, de hecho, el
obispo añade una petición personal: «Al mismo tiempo me permito recomendarle
las ingentes dificultades pastorales que mi pobre obra encuentra en la presente
situación». ¿A qué se refiere Wojtyla, que por primera vez pide algo para sí
mismo? ¿Y cuáles son las «ingentes dificultades» que apunta?
Desde la mitad de 1962 monseñor Wojtyla atraviesa
una fase delicada de su vida. En junio de 1962 había muerto el arzobispo de
Cracovia, Baziak, y desde hacía meses estaba abierta la búsqueda de un
candidato para la sucesión que sea grato al primado polaco, el cardenal Stefan
Wyszynski, y a la autoridad del Estado. Wyszynski había presentado más veces
ternas de nombres rechazadas por el gobierno comunista. Después de dos ternas
distintas rechazadas de plano, un alto funcionario del Partido comunista, Zenon
Kliszko, sugiere que se proponga a «un hombre de diálogo, como el joven obispo
auxiliar, del cual he olvidado el nombre, con el cual en dos semanas hemos
resuelto el caso del seminario de Cracovia».
Aquel obispo es Karol Wojtyla, que había
reivindicado con firmeza el derecho de la Iglesia sobre la sede del seminario,
ocupado por los comunistas locales. Con sólo 43 años, Karol Wojtyla se
encuentra así arzobispo de la sede de Cracovia, después de haber regido durante
más de un año y medio aquella sede como administrador apostólico, entre
«ingentes dificultades pastorales».
Nótese la coincidencia de las fechas. La carta del futuro
Papa al Padre Pío, con la petición de oraciones e intercesión, es del 14 de
diciembre. Exactamente dos semanas después, el 30 de diciembre, llega la
designación como arzobispo metropolitano de la prestigiosa diócesis polaca.
Como es sabido, Wojtyla y Padre Pío se encontraron
sólo una vez, en 1948. Pero el descubrimiento de esta nueva carta atestigua la
profundidad del vínculo existente entre el fraile con los estigmas y el Papa
que lo proclamará beato y después santo.
domingo, 8 de septiembre de 2024
Juan Pablo II y Teresa de Calcuta: “los santos vienen de a dos”
Se dice que los santos
“vienen de a dos” como en los casos de la Virgen María y San José, San Pedro y
San Pablo, San Francisco y Santa Clara o los franceses San Luis y Santa Celia
Martin.
Quizá la dupla de santos y
amigos que más se conoce en la actualidad es la de la Madre Teresa Calcuta y
San Juan Pablo II, cuyos caminos se entrelazaron en el tiempo que la religiosa
era Superiora de las Misioneras de la Caridad y Juan Pablo II era Obispo de
Roma.
En 1986, el Papa llegó hasta
la casa de la Madre Teresa ubicado en el corazón de los barrios pobres de
Calcuta. La santa describió esta visita como “el día más feliz de mi
vida”. Tras la llegada del Santo Padre
al lugar, la Madre Teresa subió al papamóvil blanco y besó su anillo, conocido
como el anillo del pescador. Luego el Pontífice besó la frente de la santa, un
saludo que intercambiaban cada vez que se encontraban.
Después de un cálido “hola”
la Madre Teresa llevó a Juan Pablo II a su hogar llamado Nirmal Hriday (Sagrado
Corazón), que era un hospicio para enfermos, indigentes y moribundos, que fundó
en la década de 1950. El registro fotográfico de la visita muestra a la
religiosa llevando al Papa de la mano a varias locaciones del hospicio mientras
se detenía a abrazar, bendecir y saludar a los pacientes. También bendijo
cuatro cadáveres, entre ellos el de un niño.
De acuerdo a lo informado
por la BBC, el Papa Wojtyla estaba "visiblemente emocionado" durante
el recorrido mientras ayudaba a las hermanas a alimentar y cuidar a enfermos y
moribundos. En algunos momentos el Santo Padre estuvo tan sorprendido que no
tenía palabras para responder a la Madre Teresa. El entonces Obispo de Roma dio
un breve discurso fuera del hospicio, y llamó al hogar Nirmal Hriday "un
lugar que da testimonio de la primacía del amor".
"Cuando Jesucristo
enseñaba a sus discípulos cómo podían mostrar su amor por Él, les dijo: ‘De
cierto os digo que cuanto hicisteis a uno de los más pequeños de estos mis
hermanos, me lo hicieron a mí'. A través de la Madre Teresa y las Misioneras de
la Caridad, y través de muchos otros que han servido aquí, Jesús ha amado
profundamente a las personas que la sociedad considera a menudo 'el más pequeño
de nuestros hermanos'", comentó.
"Nirmal Hriday proclama
la profunda dignidad de toda persona humana. Es testimonio de la certeza de que
el valor de un ser humano no se mide por su utilidad, con la salud o la
enfermedad, con la edad, credo o raza. Nuestra dignidad humana viene de Dios
nuestro creador, a cuya imagen fuimos creados. Ninguna privación o sufrimiento
puede quitarnos esa dignidad, porque siempre somos valiosos a los ojos del
Señor”, añadió el Pontífice.
Después de su discurso, el
Papa saludó a la multitud reunida, e hizo una parada especial para saludar a
las sonrientes y cantoras hermanas Misioneras de la Caridad.
Además de describir aquella
visita como “el día más feliz de mi vida”, la Madre Teresa afirmó que “es una
cosa maravillosa para el pueblo, porque su contacto es el contacto mismo de
Cristo".
Ambos santos siguieron
siendo amigos cercanos y se visitaron varias veces a lo largo de los años.
Después de la muerte de
Madre Teresa en 1997, San Juan Pablo II decidió no esperar los cinco años
establecidos para abrir la causa de canonización de la religiosa. Durante la
beatificación en 2003, el Pontífice polaco alabó el amor de la Madre Teresa
hacia Dios, que se mostró a través de su amor a los pobres.
El día de la canonización,
el 4 de septiembre de 2016, el Papa Francisco manifestó que la Madre Teresa “a
lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la
misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida
y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada.
Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que 'el
no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre'".
Su misión, continuó el Papa,
"en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales
permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios
hacia los más pobres entre los pobres".
"Hoy entrego esta
emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado:
que ella sea vuestro modelo de santidad", expresó.
domingo, 25 de agosto de 2024
San Juan Pablo II y la Virgen
La Virgen siempre protegió a Karol Wojtyla, aun desde su época de seminarista, mucho tiempo antes que llegara a ser el papa Juan Pablo II.
Se
conoce que el 6 de agosto de 1944, festividad litúrgica de la Transfiguración,
permanecerá en Cracovia como el «domingo negro»: la Gestapo barre la ciudad y
detiene a los jóvenes para impedir que se repita el alzamiento de Varsovia.
El
arzobispo Sapieha convoca inmediatamente a sus seminaristas clandestinos con la
intención de esconderlos en su residencia. (...) Cuando llega al lugar,
Malinski pregunta «¿Karol Wojtyla está aquí ?» Y, sí, ahí estaba, pero se había
salvado de milagro. Durante la redada de la víspera, la Gestapo había
registrado los dos primeros pisos de la casa del N° 10 de Tyniecka. Pero Karol
estaba en su apartamento situado en el subsuelo, detrás de una puerta, con el
corazón que se le salía del pecho, rezando... Los alemanes se marcharon con las
manos vacías.
Es
apenas un ejemplo de los tantos que se pueden citar sobre la forma en que San
Juan Pablo II estuvo unido y protegido siempre por María, a la que se declaraba
“Todo Tuyo” (Totus Tuus).
jueves, 15 de agosto de 2024
La Asunción de la Virgen María al cielo
El Papa San Juan Pablo II, en una de sus Catequesis
sobre la Asunción, manifestó:
♡ "El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo
de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los
demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo,
para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular
privilegio" (JP II, 2-julio-97).
♡ "Contemplando el misterio de la Asunción de la
Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a
la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura
humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la
felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los
cuerpos" (JP II , Audiencia General del 9-julio-97).
♡ Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra
el destino final de quienes ‘oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11,
28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra
Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava
de Nazaret, ya en la gloria celestial" (JP II, 15-agosto-97)
sábado, 10 de agosto de 2024
Totus Tuus Maria: ¿por qué?
El 2 de abril de 2005, hace poco más de 15 años, murió san Juan Pablo II, después de una larga enfermedad que vivió
ofreciendo un testimonio extraordinario. ¿Qué nos dice la vida y el ejemplo de
Karol Wojtyla hoy, en un contexto dramático como el que estamos experimentando
debido al coronavirus?
La propagación de la
epidemia y el informe diario sobre el número de víctimas han encontrado una
sociedad mal preparada y han dejado ver el vacío espiritual de muchos. El
periodista Indro Montanelli, poco antes de su muerte, hizo esta consideración
lúcida y honesta: "Si debiera cerrar los ojos sin saber de dónde vengo, a
dónde voy y qué he venido a hacer en esta tierra, ¿valdría la pena abrir los
ojos? ¡Mi opinión es una declaración de fracaso!”. Estas palabras de Montanelli
son una fotografía de la situación de una parte de la sociedad actual. También
por esta razón la epidemia es aterradora: porque en muchas personas, la fe se
ha extinguido. Juan Pablo II era un creyente, un creyente acérrimo, un creyente
constante y la fe iluminó su camino de vida.
Todos recordamos el último
Viernes Santo de Juan Pablo II. La escena que vimos en la televisión es
inolvidable: el Papa, entonces impotente, sostuvo el crucifijo en sus manos y
lo miró con gran amor y se podía sentir que estaba diciendo: “Jesús, yo también
estoy en la cruz como tú, pero contigo espero la Resurrección”.
Juan Pablo II quiso que
estas palabras aparecieran en su escudo de armas como lema: Totus Tuus Maria.
¿Por qué? La Virgen estaba cerca de Jesús a la hora de la crucifixión y Ella
creyó que era el momento de la victoria de Dios sobre la maldad humana. ¿Cómo?
A través del amor, que es la fuerza todopoderosa de Dios.
Y María, poco antes de que
Jesús consumara su sacrificio de amor en la cruz, escuchó las palabras
exigentes que Jesús le dirigió: “¡Mujer, he ahí a tu hijo!”. Es decir, "No
pienses en mí, sino en los demás, ayúdalos a transformar el dolor en amor,
ayúdalos a creer que la bondad es la fuerza que vence la maldad”. Desde ese
momento, María se ha preocupado por nosotros y, cuando nos dejamos guiar por
Ella, estamos en buenas manos. Juan Pablo II creía en ello, confiaba en María y
con María, transformó el dolor en amor.
(Extraido de Sitio Santísima Virgen)
martes, 6 de agosto de 2024
San Juan Pablo II nos explica la Transfiguración del Señor
La invitación que el Padre dirige a los discípulos, testigos privilegiados del extraordinario acontecimiento de la Transfiguración, resuena de nuevo hoy para nosotros y para toda la Iglesia. Como Pedro, Santiago y Juan, también nosotros estamos invitados a subir al monte Tabor junto con Jesús y a quedar fascinados por el resplandor de su gloria, contemplando a Cristo envuelto en luz, en compañía de los autorizados portavoces del Antiguo Testamento, Moisés y Elías. A él le renovamos nuestra adhesión personal: es el «Hijo amado» del Padre. Escuchadlo. Es una invitación a dejar que la luz de Cristo ilumine nuestra vida y nos comunique la fuerza para anunciar y testimoniar el Evangelio a nuestros hermanos. Como bien sabemos, es un compromiso que implica a veces muchas dificultades y sufrimientos. La experiencia de la Transfiguración de Jesús prepara a los Apóstoles para afrontar los dramáticos acontecimientos del Calvario, presentándoles anticipadamente lo que será la plena y definitiva revelación de la gloria del Maestro en el misterio pascual. Al meditar en esta página evangélica, nos preparamos para revivir también nosotros los acontecimientos decisivos de la muerte y resurrección del Señor, siguiéndolo por el camino de la cruz para llegar a la luz y a la gloria. En efecto, «sólo por la pasión podemos llegar con él al triunfo de la resurrección». ¿No es verdad que, precisamente por conocer a Cristo, su persona, su amor y su verdad, cuantos lo experimentan personalmente sienten un deseo irresistible de anunciarlo a todos, de evangelizar y de guiar también a los demás al descubrimiento de la fe? Os deseo de corazón a cada uno que este anhelo de Cristo, fuente de auténtico espíritu misionero, os anime cada vez más.
-Homilía del Papa San Juan Pablo II en 1999-
sábado, 20 de julio de 2024
ORACIÓN POR LA PAZ de San Juan Pablo II
Oh,
Dios, Creador del universo, que extiendes tu preocupación paternal sobre cada
criatura y que guías los eventos de la historia a la meta de la salvación;
reconocemos tu amor paternal que a pesar de la resistencia de la humanidad y,
en un mundo dividido por la disputa y la discordia, Tú nos haces preparar para
la reconciliación.
Renueva
en nosotros las maravillas de tu misericordia; envía tu Espíritu sobre
nosotros, para que él pueda obrar en la intimidad de nuestros corazones; para
que los enemigos puedan empezar a dialogar; para que los adversarios puedan
estrecharse las manos; y para que las personas puedan encontrar entre sí la
armonía.
Para
que todos puedan comprometerse en la búsqueda sincera de la verdadera paz; para
que se eliminen todas las disputas, para que la caridad supere al odio, para
que el perdón venza el deseo de venganza. Amén.
martes, 16 de julio de 2024
San Juan Pablo II devoto de la Virgen del Carmen
Todos los 16 de julio se
celebra una de las advocaciones marianas más celebradas y arraigadas: la de la
Virgen del Carmen, con millones de devotos. Uno de los más conocidos y que más
habló del escapulario y de la importancia de María fue San Juan Pablo II.
Muchas son las referencias
que muestran cómo a lo largo de toda la vida del santo polaco, desde que era
niño, en su corazón estaba la Virgen del Carmen. Cari Filii News recuerda esta
devoción:
En el año 2001 se celebraba
el 750º aniversario de la entrega del Escapulario del Carmen a San Simón Stock,
y con ese motivo el Papa reinante, San Juan Pablo II, proclamó un Año Mariano
Carmelitano. El 25 de marzo, festividad de la Anunciación, dirigió una
carta-mensaje a la Orden del Carmen donde hacía una confesión: “También yo llevo sobre mi corazón, desde
hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen”.
“Desde
mi juventud“, reiteró el 16 de julio de 2003 en Castelgandolfo, “llevo en el cuello el escapulario de la
Virgen y me refugio con confianza bajo el manto de la Bienaventurada Virgen
María, Madre de Jesús. Espero que el escapulario sea para todos,
particularmente para los fieles que lo llevan, ayuda y defensa en los peligros,
sello de paz y signo del auxilio de María”.
Para entonces ya era bien
conocida esta devoción del Papa polaco a la Virgen del Carmen, que está en la
raíz de su interés por San Juan de la Cruz. Siendo estudiante universitario
leyó las obras del místico español y pensó ingresar en un convento carmelita
donde solía hacer con los religiosos los ejercicios espirituales. No llegó a
cumplir ese deseo (fue el cardenal Stefan Sapieha, arzobispo de Cracovia, quien
disipó sus dudas, confesaría luego), pero sí le consagró su tesis doctoral,
defendida años después en el Angelicum de Roma. Había, pues, un plan de Dios,
como había reconocido él mismo en 1988 al coronar (como haría varias veces a lo
largo de su pontificado) una imagen de Nuestra Señora del Carmen o del Monte
Carmelo, en aquella ocasión la que se venera en Czerna. Fue durante su viaje
apostólico a su Polonia natal, y no dudó en afirmar: “Hoy admiro los designios de la Providencia, que me ha incorporado a la
espiritualidad carmelitana… Mi primer escapulario, al que he permanecido fiel,
y el cual constituye mi fuerza“.
Así explicó él mismo la influencia
de la espiritualidad carmelitana en sus primeros años: “Al referirme a los orígenes de mi vocación sacerdotal, no puedo
olvidar la trayectoria mariana, La veneración a la Madre de Dios en su forma
tradicional me viene de la familia, y de la parroquia de Wadowice… En Wadowice
había sobre la colina un monasterio carmelita, cuya fundación se remontaba a
los tiempos de San Rafael Kalinowski. Muchos habitantes de Wadowice acudían
allí, y esto tenía un reflejo en la difundida devoción al Escapulario de la
Virgen del Carmen. También yo lo recibí, creo que cuando tenía diez años; y aún
lo llevo. Se iba a los carmelitas también para las confesiones. De ese modo,
tanto en la iglesia parroquial, como en la del Carmen se formó mi devoción
mariana durante los años de la infancia y de la adolescencia”.
Ya como Papa, esa devoción
se tradujo en un hecho significativo, que recuerda el padre carmelita Enrique
Llamas: “Él ostenta el récord entre todos los Papas por el número de documentos
marianos publicados, y en particular por el número de documentos sobre la
Virgen del Carmen, el Escapulario, y los Carmelitas”.
Y otro dato: cuando la
reforma litúrgica implantada por el San Pablo VI en 1969 relegó la festividad
de la Virgen del Carmen al rango litúrgico de “memoria libre”, Karol Wojtyla,
ya arzobispo de Cracovia, fue uno de los numerosos obispos del mundo que
escribieron a la Santa Sede que fuese restablecida y conservase al menos el
rango de “memoria obligatoria“, como finalmente se hizo.
La razón de esta preferencia
por la advocación del Carmen no es solamente pietista o referida a su devoción
infantil, sino profundamente teológica, en cuanto arraiga en el simbolismo
bíblico del Monte Carmelo. Así lo expresó el mismo san Juan Pablo II el 16 de
julio de 2000, en el rezo del Angelus en el Valle de Aosta, donde se encontraba
pasando unos días de descanso: “Al
contemplar estas montañas mi mente acude hoy al Monte Carmelo, cantado en la
Biblia por su belleza. Y es que celebramos la fiesta de la bienaventurada
Virgen del Monte Carmelo. Sobre ese monte, el santo profeta Elías defendió con
arrojo la integridad y la pureza de la fe del pueblo elegido del Dios vivo. En
esta misma montaña reuniéronse algunos ermitaños que se dedicaron a la
contemplación y a la penitencia. El Carmelo indica simbólicamente el monte de
la plena adhesión a la voluntad divina. Todos estamos llamados a escalar esta
montaña…”.
Si alguien encarna esa
adhesión a la voluntad divina es la mujer del Fiat a la Encarnación redentora. Y si alguien encarna el auxilio
para encaramarnos a ese monte, es la mediadora de todas las gracias. La Virgen
del Carmen, esa que, según propia confesión, constituía “toda la fuerza” del
Papa Wojtyla.
(Religión
en Libertad)
domingo, 7 de julio de 2024
Oración de San Juan Pablo II para la familia
“Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el
cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia
humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo,
"nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en
verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones porque siempre
se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las
obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del
mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la
familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el
amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del
sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y
cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la
Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra
pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la
familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del
Espíritu santo. Amén”
domingo, 30 de junio de 2024
Oración a María Madre de la Esperanza
María,
Madre de la esperanza... ¡Camina con nosotros!
Enséñanos
a proclamar al Dios vivo; ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único
Salvador; haznos serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres, artífices
de justicia, constructores apasionados de un mundo más justo; intercede por
nosotros que actuamos en la historia, convencidos de que el designio del Padre
se cumplirá.
Aurora
de un mundo nuevo... ¡Muéstrate Madre de la esperanza y vela por nosotros!
Vela
por la Iglesia en el mundo: que sea trasparencia del Evangelio; que sea
auténtico lugar de comunión; que viva su misión de anunciar, celebrar y servir
el Evangelio de la esperanza para la paz y la alegría de todos.
Reina
de la Paz... ¡Protege la humanidad del tercer milenio!
Vela
por todos los cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad, como
fermento para la concordia del todo el mundo.
Vela
por los jóvenes, esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada
de Jesús.
Vela
por los responsables de las naciones: que se empeñen en construir una casa
común, en la que se respeten la dignidad y los derechos de todos.
María,
¡Danos a Jesús! ¡Haz que lo sigamos y amemos! Él es la esperanza de la Iglesia,
y de la humanidad. Él vive con nosotros, entre nosotros, en su Iglesia.
Contigo
decimos «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20): Que la esperanza de la gloria infundida
por Él en nuestros corazones dé frutos de justicia y de paz.
San Juan Pablo II
Ecclesia in Europa, 125
sábado, 22 de junio de 2024
San Juan Pablo II y la Cruz
"Si Cristo no se bajó de la Cruz, yo no me bajaré de la mía..."
domingo, 2 de junio de 2024
Corpus Christi es la celebración de la Eucaristía, misterio de amor.
La presencia eucarística nos recuerda que el Dios de nuestra fe, no es un Dios lejano,
sino un Dios muy próximo cuyas delicias son estar con los hijos de los hombres.
Un Padre que nos envía al Hijo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Un Hijo y hermano nuestro, que con su Encarnación se ha hecho verdaderamente Hombre, sin dejar de
ser Dios, y ha querido quedarse entre nosotros hasta la consumación del mundo.
Se comprende por la fe que la sagrada Eucaristía constituye el don más grande
que Cristo ha ofrecido y ofrece permanentemente a su Esposa. Es raíz y cumbre
de toda vida cristiana y de toda acción en la Iglesia.
En la Hostia consagrada se compendian las palabras de Cristo, su vida
ofrecida al Padre por nosotros y la gloria de su Cuerpo resucitado. Esta
presencia del Emmanuel, Dios-con-nosotros, es a la vez un misterio de fe, una
prenda de esperanza y la fuente de caridad con Dios y entre los hombres.
Es misterio de fe, porque el Señor crucificado y resucitado está realmente
presente en la Eucaristía, no sólo durante la celebración del Santo Sacrificio,
sino mientras subsisten las especies sacramentales. Nuestra alabanza,
adoración, acción de gracias y petición a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, se enraízan en este misterio de fe. Esa misma presencia del
Cuerpo y Sangre de Cristo, bajo las especies de pan y vino, constituye una
articulación entre el tiempo y la
eternidad, y nos proporciona una prenda de la esperanza que anima nuestro
caminar.
La Sagrada Eucaristía, en efecto, es al mismo tiempo, un anuncio constante
de su segunda venida al final de los tiempos. Prenda de la esperanza
futura y aliento, al mismo tiempo
esperanzado, para nuestra marcha hacia la vida eterna.
Ante la Sagrada Hostia volvemos a escuchar las dulces palabras: “Venid a mí
todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré”. La presencia
sacramental de Cristo es también fuente de amor. Porque “amor con amor se paga”.
Amor en primer lugar al propio Cristo. El encuentro eucarístico es un encuentro
de amor. Amor también a nuestros hermanos.
(San Juan Pablo II)
La presencia eucarística nos recuerda que el Dios de nuestra fe, no es un Dios lejano, sino un Dios muy próximo cuyas delicias son estar con los hijos de los hombres. Un Padre que nos envía al Hijo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Un Hijo y hermano nuestro, que con su Encarnación se ha hecho verdaderamente Hombre, sin dejar de ser Dios, y ha querido quedarse entre nosotros hasta la consumación del mundo. Se comprende por la fe que la sagrada Eucaristía constituye el don más grande que Cristo ha ofrecido y ofrece permanentemente a su Esposa. Es raíz y cumbre de toda vida cristiana y de toda acción en la Iglesia.
En la Hostia consagrada se compendian las palabras de Cristo, su vida ofrecida al Padre por nosotros y la gloria de su Cuerpo resucitado. Esta presencia del Emmanuel, Dios-con-nosotros, es a la vez un misterio de fe, una prenda de esperanza y la fuente de caridad con Dios y entre los hombres.
Es misterio de fe, porque el Señor crucificado y resucitado está realmente presente en la Eucaristía, no sólo durante la celebración del Santo Sacrificio, sino mientras subsisten las especies sacramentales. Nuestra alabanza, adoración, acción de gracias y petición a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se enraízan en este misterio de fe. Esa misma presencia del Cuerpo y Sangre de Cristo, bajo las especies de pan y vino, constituye una articulación entre el tiempo y la eternidad, y nos proporciona una prenda de la esperanza que anima nuestro caminar.
La Sagrada Eucaristía, en efecto, es al mismo tiempo, un anuncio constante de su segunda venida al final de los tiempos. Prenda de la esperanza futura y aliento, al mismo tiempo esperanzado, para nuestra marcha hacia la vida eterna.
Ante la Sagrada Hostia volvemos a escuchar las dulces palabras: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré”. La presencia sacramental de Cristo es también fuente de amor. Porque “amor con amor se paga”. Amor en primer lugar al propio Cristo. El encuentro eucarístico es un encuentro de amor. Amor también a nuestros hermanos.
(San Juan Pablo II)














