sábado, 4 de febrero de 2012

Que todos sean uno...

El Santo Padre Juan Pablo II, como Cristo el Señor hace dos mil años, siempre durante su pontificado elevó al Padre esta ferviente súplica: «¡Que todos sean uno (Ut unum sint)… para que el mundo crea!».

Como incansable artesano de la reconciliación, el amado Beato trabajó desde el inicio de su pontificado por lograr la unidad y reconciliación de todos los cristianos entre sí, sin que ello signifique de ningún modo claudicar a la Verdad: «El diálogo -dijo Juan Pablo II a los Obispos austriacos, en 1998-, a diferencia de una conversación superficial, tiene como objetivo el descubrimiento y el reconocimiento común de la verdad. (…) La fe viva, transmitida por la Iglesia universal, representa el fundamento del diálogo para todas las partes. Quien abandona esta base común elimina de todo diálogo en la Iglesia, la posibilidad de convertirse en diálogo de salvación. (…) nadie puede desempeñar sinceramente un papel en un proceso de diálogo si no está dispuesto a exponerse a la verdad y a crecer en ella».

Próximos a cumplir siete años de su partida al Cielo, cercanos también al primer año de su beatificación, recordemos al Gran Juan Pablo II con una oración y renovemos nuestro compromiso para ser apóstoles incasables del diálogo que conduce a la unidad, para que de verdad “todos seamos uno para que el mundo crea…” Jn 17, 21.
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2 comentarios:

Glo dijo...

ME GUSTA... como en Facebook... gracias por compartir

María Inés dijo...

Al año de enviudar,el día de la muerte de nuestro amado Juan Pablo, le pedí con todo mi corazón que intercediera para discernir el elegir vivir como mujer y en el trabajo, siendo fiel al Amor de Dios.Leyendo su artículo comprendo que la gracia ha sido concedida. Vivimos con un hombre -hace 6 años- una experiencia de unidad y reconciliación, sin claudicar a la verdad,descubriendo y reconciendo la verdad de ser hijos de Dios. Cuando el fue probado en su fe, no hice más que transmitirle la verdad que vivimos y comprendí en nuestro encuentro. En la distancia física establecida sé que el diálogo establecido nos permite crecer en la verdad, viviendo la palabra.Una experiencia de unidad en la cual el compromiso incansable del diálogo que nos conduce a la unidad, se ha ampliado en el mundo virtual. Tambien estoy aprendiendo a ser astuta y amar a nuestros enemigos, que especialmente se hicieron presentes en el trabajo.En la cual existen un número importante de católicos, para los cuales comencé a ser molesta por mi compromiso con los más pobres.Asumir una de las llagas en nuestra amada Iglesia, producidas cuando nuestros hermanos priorizan el dinero en relación a nuestra vocación de servicio, ha sido la prueba que sin claudicar a la verdad, me ha permitido crecer en humildad, paciencia y confianza en la capacidad de conversión que cada uno tiene en su corazón. Gracias por estar en internet y ayudarnos a crear la comunidad con todos nuestros hermanos. María Inés