miércoles, 24 de julio de 2013

Juan Pablo II y la JMJ

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una celebración de la fe. Es un gran acontecimiento, en el que fiesta y fe se unen inseparablemente y al que el Papa invita a jóvenes de todo el mundo a un lugar concreto. La Jornada Mundial de la Juventud es internacional: llegan jóvenes de más de 180 naciones. Su objetivo común: conocerse entre sí, compartir experiencias y celebrar una gran fiesta ante la presencia del Papa.

¿Cuál es el origen de las jornadas mundiales de la juventud?

En 1984 más de 300.000 jóvenes de todo el mundo acudieron a Roma para el Jubileo Internacional de la Juventud el domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro. Estaban respondiendo así a la invitación del Papa de celebrar el Año Santo de la Redención en 1983 /1984, marcando el 1950 aniversario de la de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Abrumado por el gran número de personas, la noche antes del domingo de Ramos, el Papa Juan Pablo II dijo a los jóvenes: "¡Que fantástico espectáculo veros todos aquí hoy! ¿Quién dijo que los jóvenes de hoy en día habían perdido sus valores? ¿Quién dice que no se puede contar con ellos?"

En ese momento, Juan Pablo II confió a los jóvenes del mundo un símbolo del amor de Cristo por la humanidad "para que fuese llevado a todo el mundo": una enorme cruz de madera, conocida ahora como la "Cruz de los Jóvenes" Y así empezó la búsqueda personal del Papa para que este magnífico encuentro de fe de los jóvenes se convirtiese en algo más permanente.

Un año después, la Organización de las Naciones Unidas proclamaron 1985 como el "Año Internacional de la Juventud". El Papa vio en esa ocasión una maravillosa oportunidad para organizar otro gran encuentro de jóvenes para ese año e invitó a los jóvenes del mundo a celebrar con él el domingo de Ramos en Roma; más de 250.000 jóvenes respondieron a su llamada.

Inspirado por esos dos grandes eventos, el Papa Juan Pablo II deseó que los jóvenes del mundo pudiesen celebrar y aprender de forma continuada más cosas sobre la fe. Una semana después de la celebración con los jóvenes, el Papa Juan Pablo II anunció la creación de la Jornada Mundial de la Juventud:

"El Señor nos ha dado sus bendiciones especiales para este encuentro (el Domingo de Ramos), así en los años venideros, la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud tendrá lugar todos los domingos de Ramos conjuntamente con el Consejo de los Laicos".

Así nació la Jornada Mundial de la Juventud. Se convirtió en una de las principales características que definieron del papado de Juan Pablo II, vista como una forma de acercarse a la próxima generación de católicos, demostrando tener confianza en ellos, rejuveneciendo la iglesia y llevando a cabo sus enseñanzas.

Los principios básicos de la Jornada Mundial de la Juventud son:

- Una expresión de la Iglesia universal
- Un instrumento de evangelización de los jóvenes
- Una "Epifanía" de los jóvenes de la Iglesia
- Un símbolo efectivo de la Unión Eclesial
- Un peregrinaje de fe, ambos espiritual y practico

¿Cuántas jornadas mundiales de la juventud se han celebrado hasta el momento?

Hasta ahora ha habido 28 Jornadas Mundiales de la Juventud, y de ellas 12 como encuentros internacionales: en 1987 en Buenos Aires (Argentina), en 1989 en Santiago de Compostela (España), en 1991 en Czestochowa (Polonia), en 1993 en Denver (EEUU), en 1995 en Manila (Filipinas), en 1997 en París (Francia), en 2000 en Roma (Italia), en 2002 en Toronto (Canadá), en 2005 en Colonia (Alemania), 2008 en Sydney, 2011 en Madrid y 2013 en Río de Janeiro.

Fuente: Web Católico de Javier

domingo, 21 de julio de 2013

Juan Pablo II y la juventud

¿Por qué Juan Pablo II atrajo a tantos jóvenes a pesar de que el mensaje cristiano es exigente, sobre todo en materia sexual? A nadie le ha sido velado que ese mensaje siempre ha sido riguroso, como tampoco se le ha ocultado que también es fuente de alegría. Es duro vivirlo no sólo en el campo sexual sino en todas las realidades de la vida. Nada auténtico, coherente y duradero se construye sin dificultad. Juan Pablo II lo sabía y por eso presentó a los jóvenes el camino cristiano desde la óptica del amor de Dios; un amor que es buscar el bien y la vida para sí mismo y para los demás.

Los jóvenes fueron sensibles a ese lenguaje y a la persona de Juan Pablo II. Les habló de la vida allí donde no escuchaban otra cosa que muerte, droga y suicidio; de fracasos en el campo afectivos con el divorcio, las relaciones precoces y demás plagas sociales. El Papa de la sonrisa siempre nueva tuvo fe en ellos y a la vez les regaló fe en la vida. Les dijo que era posible vivir y triunfar en ella y les explicó incluso cómo hacerlo.

Si las generaciones precedentes no les ofrecieron convicciones firmes ni les enseñaron a vivir con un bagaje de valores que no fueran los del consumo, ¿qué iban a hacer los jóvenes? Se dirigieron, en ejemplar actitud de apertura, a los mayores, a los ancianos, para obtener lo que no tenían. Juan Pablo II fue el punto de referencia, el enlace con la historia y la memoria cultural y religiosa. Los jóvenes percibieron en él palabras auténticas, se sintieron respetados, valorizados y tomados en serio: «él sí tiene fe en nosotros», decían.

El Papa polaco tuvo confianza en ellos y muestra de esto fue el espectáculo de fe que ofreció al mundo con esa dimensión hasta entonces desconocida de «click» religioso-juvenil: las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).

Cada una fue una etapa histórica para los jóvenes participantes. A partir de las jornadas mundiales ya no se pudo hablar del mismo modo de religión. La inteligencia de la fe se nutrió en las almas de los asistentes que fueron irradiando ese fuego al regresar a sus lugares de origen.

El hecho religioso es un hecho social y permanece inscrito en el ritmo del calendario. A la privatización de la vida religiosa, los jóvenes, impulsados por la confianza del «Papa amigo», respondieron con un no contundente. Percibieron, en la fuerza y nobleza de las palabras del «Papa siempre joven», que la vida espiritual es una exigencia humana que el poder público debe reconocer, respetar y honrar porque califica a cada ser humano y constituye uno de los componentes esenciales de la realidad cotidiana.

No fue raro, aunque no deje de maravillar, que en la víspera de la muerte del «Papa Magno», se agolparan las multitudes de rostros lozanos y almas renovadas por la escucha de la palabra de Dios transmitida por aquel hombre venido de una tierra golpeada por el látigo del comunismo. «La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador», había escrito el Santo Padre en su mensaje para la jornada mundial de la juventud 2003.

Fuente: Catholic.net

miércoles, 17 de julio de 2013

Cómo llega Juan Pablo II a la santidad

El papa Francisco anunció la canonización de dos de sus predecesores: el papa Juan Pablo II (sumo pontífice entre 1978 y 2005) y el papa Juan XXIII (1958-1963). No debería sorprendernos que Juan Pablo II, cuyo pontificado predominó a finales del siglo XX, esté en la vía rápida a la santidad.

Cuando murió en 2005, la multitud coreaba: "¡Santo, súbito!" (¡Santo, ya!). El Vaticano verificó su primer milagro: haber curado el Parkinson de una monja francesa. Él también padeció esa enfermedad un par de meses antes de morir. Lo beatificaron en 2011 y su segundo milagro —una mujer costarricense que tenía un aneurisma se curó luego de haber orado en uno de sus santuarios— fue ratificado ese mismo año.

Por otra parte, la canonización de Juan XXIII fue inesperada, pero tiene sentido. Juan presidió el Segundo Concilio Vaticano, la gran reunión fue celebrada a mediados del siglo pasado con la que transformó completamente el catolicismo moderno y que ahora cumple cincuenta años.

El papa Francisco ha enfatizado la naturaleza divina de la labor de este concilio durante los últimos meses y omitió el requisito de acreditar dos milagros de su autoría.

Un vocero del Vaticano subrayó que "como nadie duda" de la santidad de Juan, el papa Francisco decidió seguir adelante con la doble canonización. (Los primeros reportes procedentes de Italia indican que el 8 de diciembre —que este año cae en domingo— y la fiesta de la Inmaculada Concepción son las fechas más probables).

¿Por qué se canoniza a un papa? Esencialmente, los católicos creen que un santo es una persona divina ya fallecida a través de la cual Dios interviene para ayudar a los vivos. Durante los primeros 1,500 años de la historia del catolicismo, la proclamación de un santo ocurría por votación popular y no por medio de un procedimiento papal formal. Aunque había algunos santos celebrados en todo el mundo cristiano, la gran mayoría solo gozaba de veneración local o regional.

Como ocurrió con muchos otros procedimientos católicos, los movimientos de reforma del papado medieval llevaron gradualmente al control del proceso de canonización. En 1588, el papa Sixto V implementó la "Sagrada Congregación de Ritos", un órgano que debía asumir el control total de todos los procedimientos de beatificación y canonización.

Sin embargo, las comunidades locales y los líderes religiosos siempre han pretendido promover a sus santos locales y a veces empiezan a venerar a algunas personas sin contar con la aprobación oficial del Vaticano. De hecho, el papa Juan Pablo II supervisó la canonización de más personas (483) de las que habían sido proclamadas en los 500 años anteriores, en parte para dar el respaldo del Vaticano a los santos que habían surgido en todo el mundo católico.

De los 256 papas, 78 fueron canonizados. Esta podría parecer una cifra importante, pero incluye a 52 de los primeros 54 papas. Luego del siglo VI, el proceso decreció rápidamente. Para la época de los grandes movimientos en la reforma del Medievo, la mayoría de los papas no eran proclamados santos ni era necesario que ocurriera, ya que la santidad era reservada para aquellas personas que no estaban tan profundamente envueltas en los asuntos mundanos.

El papa Celestino V, por ejemplo, podría haberse vuelto santo, pero era más reconocido por su discreta vida como ermitaño que por su breve papado (también representó una fuente de inspiración para el retiro del papa Benedicto XVI). Durante la era moderna, ha sido más probable que se reconozca como santos a los líderes piadosos de algunas comunidades como la Madre Teresa y otros personajes que no pertenecían a la élite de la jerarquía católica. Así, la incipiente canonización de estos dos papas resulta inusual.

¿Qué sucede en Roma? Hay que remitirse a los pasajes de la historia: para decidir quién puede ser santo casi siempre se toma en cuenta el contexto local y las necesidades contemporáneas. Muchos de los elementos más conservadores del mundo católico han promovido la santidad de Juan Pablo II. Sin embargo, Juan XXIII es una especie de héroe para los grupos más liberales por su apoyo al Concilio Vaticano II.

Tal vez, al relacionar a estos dos papas, Francisco quiere hacer algo más para enfatizar la continuidad y las relaciones que existen entre los católicos de todas clases, un tema que ha predominado hasta ahora en su papado.

Por David M. Perry, especial para CNN
David M. Perry es profesor adjunto de Historia 
en la Universidad Dominica en River Forest, Illinois.

sábado, 13 de julio de 2013

Juan Pablo II y la parábola del buen samaritano

¡Qué elocuente es esta parábola! Porque aunque Jesús sitúe el relato en el camino de Jerusalén a Jericó, en Tierra Santa, la situación puede repetirse en cualquier sitio del mundo, ¡también aquí! Y ciertamente, se habrá repetido más de una vez.

Cristo – el Buen samaritano por excelencia que cargó sobre Sí nuestros dolores – seguirá actuando a través de todos los cristianos. No a través de unos pocos, sino a través de todos, porque todos estamos llamados a una vocación de servicio. Esta vocación de servicio, que abarca todas las dimensiones de la existencia humana, encuentra su cauce adecuado y fecundo en la realización de cualquier trabajo honrado. Sin embargo, para algunos, esta misión de servicio reúne unas características singulares. Su trabajo les lleva a estar cerca de los que sufren, asumiendo los problemas de la salud, procurando aliviar el dolor que llega hasta ellos, adoptando continuamente la actitud del buen samaritano.

La parábola del buen samaritano, que – como hemos dicho – pertenece al Evangelio del sufrimiento, camina con él a lo largo de la historia de la Iglesia y del cristianismo; a lo largo de la historia del hombre y de la humanidad. Testimonia que la revelación por parte de Cristo del sentido salvífico del sufrimiento no se identifica de ningún modo con una actitud de pasividad. Es todo lo contrario. El Evangelio es la negación de la pasividad ante el sufrimiento. El mismo Cristo, en este aspecto, es sobre todo activo.

Tomado del libro:
“La vida de Jesucristo en la predicación de Juan Pablo II”
Selección de textos por Pedro Beteta

miércoles, 10 de julio de 2013

Juan Pablo II y el ave mensajera

La recogió un día, moribunda, en los yermos campos de la guerra. Iba herida por una bala. Entonces vio que en sus patas llevaba un mensaje de amor de su Señor.

Transido de dolor, Juan Pablo la abrazó contra su pecho, diciéndole: "Muere tranquila, herida viajera del amor, que diste -como Él- tu vida por un sueño. Yo llevaré tu mensaje a todos los rincones de la tierra. Tan sólo dame para llegar tus alas en el viento, tu vuelo de un solo amanecer, tu anhelo infinito… Al fin, tú y yo teníamos el mismo Señor y el mismo destino. Yo seguiré el camino, hasta donde alcancen mis días".

Así, el peregrino de tanto andar y andar se convirtió en paloma. Y en tímida aurora, la noche de la vida. Y fue por todos los rumbos del planeta, sembrando su paz. Diciendo a los pueblos y al viento huracanado las nuevas de esperanza. Después se perdió en el horizonte. Como todo pasa. Como pasa el sueño de un ave mensajera. Así empezó a clarear el nuevo día sobre el mundo. En algún lugar floreció la esperanza.

Así pasaron por la vida Juan Pablo y la paloma, en el camino largo de una estrella…  

Por Carlos Balaguer

jueves, 4 de julio de 2013

Juan Pablo II a un paso de la canonización

03/07/2013 - Juan Pablo II está cada vez más cerca de ser santo. La comisión de cardenales de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano aprobó la atribución de un segundo milagro a Karol Wojtyla, paso clave para su canonización. Aprobado el supuesto milagro por la comisión médica y por la comisión de Cardenales y obispos, ahora sólo falta que el papa Francisco promulgue el decreto a través del cual se reconoce el milagro y fije la fecha para su canonización, que podría ser a finales de este año.

Si bien todavía no hubo información específica sobre los detalles del milagro, en abril pasado, una comisión de siete médicos consultada por la Congregación reconoció la curación inexplicable de una mujer. Se trataría de un suceso ocurrido la noche de su beatificación en mayo del 2011. Hasta ahora se desconoce el nombre y el lugar en donde fue realizado el milagro por intercesión del pontífice polaco.

Según trascendió, el Papa Francisco podría proclamar santos en una única ceremonia a Juan Pablo II y a Juan XXIII, a quien considera "modelo de santidad", por su sencillez y bondad. La ceremonia para tal fin podría concretarse entre el mes de octubre y diciembre de este año.   Monseñor Santiago Olivera, Obispo de Cruz del Eje y delegado del episcopado argentino para las Causas de los Santos dialogó con María Fernanda Maurutto y le dejaba su parecer respecto a esta buena noticia. Mons. Olivera, en relación a los santos dijo que "Cuando la Iglesia los propone lo hace como faro de luz y modelo a imitar para cada uno de nosotros".

Fuente: Radio María Argentina