miércoles, 26 de septiembre de 2012

¡Ahí está Jesús!


En su última celebración del Corpus Domini que presidió en 2004, el Papa ya no podía andar, de forma que hubo que fijar su silla a la plataforma del vehículo dispuesto para la procesión. Delante de él, sobre el reclinatorio, se exhibía el ostensorio con el Santísimo Sacramento.

Poco después de la partida, Juan Pablo II se dirigió a uno de los maestros de ceremonias y le preguntó si podía arrodillarse. Con delicadeza, éste le explicó que era demasiado arriesgado, dado que el recorrido era bastante accidentado y eso menguaba la estabilidad del vehículo. Pasados unos minutos el Papa repitió:

- Quiero arrodillarme.

Le respondieron que esperase a que el trayecto fuese mejor. Unos instantes después exclamó resuelto, casi gritando:

- ¡Ahí está Jesús! ¡Por favor!

 Dado que no era posible contradecirlo, los dos maestros de ceremonias lo ayudaron a arrodillarse en el reclinatorio. Como no lograba sostenerse con las piernas, el Papa intentó sujetarse aferrándose al borde de aquel, pero, casi de inmediato, tuvieron que sentarlo de nuevo en la silla. Pese a que el cuerpo ya no le respondía, su firmeza y entereza de ánimo seguía intacta.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Con gusto le saludo Dr. Felipe!!. Al leer esta anécdota del Papa Juan Pablo II, creo podemos pensar que es tan Sagrada la Presencia de Jesús en la Ostia, que no debemos pedir permiso a nadie para arrodillarnos, sino hacerlo con la mas noble y sincera de las entregas. En este mundo presente, hemos perdido el verdadero valor de la Reverencia a Dios nuestro Padre !!. Hagamos en silencio una oración fervorosa por que vuelva la humanidad a readquirir los valores ulteriores de nuestra religiosidad !!. muchas gracias Dr. Felipe: Atentamente, Rosa Maria Saldivar Martínez, modigliani698@hotmail.com