martes, 14 de mayo de 2024
«La mano de Nuestra Señora desvió el curso de la bala» (Juan Pablo II)
El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro de
Roma, varios disparos alcanzaron al Soberano Pontífice polaco, Juan Pablo II,
mientras se desplazaba entre la multitud de peregrinos que acudían a la
Audiencia General.
miércoles, 8 de mayo de 2024
San Juan Pablo II en la Basílica de Nuestra Señora de Luján (1982)
En 1982, en pleno conflicto
bélico entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas, el papa Juan
Pablo II visitó la República Argentina y se hizo presente en la Basílica de
Nuestra Señora de Luján donde rezó por la paz.
"Vengo
a orar por todos aquellos que han perdido la vida: por las víctimas de ambas
partes; por las familias que sufren, como lo hice igualmente en Gran Bretaña.
Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto
armado"
En la estación de
ferrocarril, el Santo Padre fue recibido por el Obispo de Mercedes, Mons.
Emilio Ogñenovich. Al aparecer el Santo Padre sobre la Avenida Nuestra Señora
de Luján se estremeció la multitud y comenzaron a agitarse las banderas y
banderines entre vítores y aplausos. Luego, Juan Pablo II fue a postrarse ante
la Sagrada Imagen de Luján, bajada expresamente desde su Templete al altar
Papal.
Su Santidad oró ante Ella.
Luego se acercó a la bendita Imagen y le colocó el estuche abierto que contenía
la Rosa de Oro que, con admiración inesperada de todos, como obsequio y
distinción excepcional el Santo Padre ofrendaba a Nuestra Señora de Luján.
sábado, 27 de abril de 2024
Juan Pablo II: a 10 años de su canonización
Hoy,
sábado 27 de abril, se cumplen diez años de la canonización de Juan Pablo II,
elevado al rango de santo por el Papa Francisco al mismo tiempo que Juan XXIII.
Desde entonces,
cada jueves por la mañana, exactamente a las 7h10 -para que pueda ser
retransmitido por Radio Vaticano-, los polacos del Vaticano y los que
peregrinan a Roma se reúnen para celebrar una Misa ante la tumba de Juan Pablo
II, “su” Papa, el hombre que devolvió la dignidad a un pueblo aplastado por el
yugo comunista.
Situar
el legado de Juan Pablo II en Roma es, pues, ante todo reconocer las banderas
rojas y blancas de los numerosos grupos polacos, visibles todos los días, y
durante todos los Ángelus y audiencias generales. Para millones de polacos de
todas las generaciones, la peregrinación a Roma es una experiencia ineludible,
incluso para las personas de medios modestos que ahorran varios años para
realizar este viaje tras las huellas de su Papa, que reinó durante más de un
cuarto de siglo.
La Misa
del jueves por la mañana ante la tumba de Juan Pablo II suele celebrarla el
cardenal Konrad Krajewski, actual Prefecto del Dicasterio para el Servicio de
la Caridad. Sirvió íntimamente al Pontífice polaco como celebrante ceremonial
papal durante los últimos años de su vida, cuando su enfermedad requería gran
delicadeza e ingenio para ponerle los ornamentos litúrgicos y sostenerle
físicamente durante las celebraciones. La mirada atenta y preocupada de
monseñor Krajewski aún puede verse en muchas fotos de aquella época.
Juan
Pablo II siguió siendo popular en el corazón de los romanos. En los alrededores
del Vaticano y en la ciudad de Roma, el rostro de Juan Pablo II sigue
apareciendo en muchas tiendas de recuerdos, comunidades religiosas y
parroquias.
En
abril de 2025, se celebrará el 20º aniversario de la muerte de Juan Pablo II. Esta
conmemoración será sin duda la ocasión para que sus colaboradores más antiguos
y el Papa le rindan un sentido homenaje al santo pontífice polaco.
Extractado de Aleteia. Autor Cyprien Viet
domingo, 21 de abril de 2024
Domingo del Buen Pastor y de las Vocaciones
“El Buen Pastor, según las palabras de
Cristo, es precisamente el que "viendo venir al lobo", no huye, sino
que está dispuesto a exponer la propia vida, luchando con el ladrón, para que
ninguna de las ovejas se pierda. Si no estuviese dispuesto a esto, no sería
digno del nombre de Buen Pastor. Sería mercenario, pero no pastor”
San Juan Pablo II
Audiencia General
Miércoles 9 de mayo de 1979
Coincidentemente con el Domingo del Buen Pastor, la
Iglesia dedica este día a la Oración por las Vocaciones Sacerdotales y
Religiosas. La siguiente es una oración compuesta por san Juan Pablo II:
Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor,
nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu
voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres
santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos
que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro
contigo.
Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada,
hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen
de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia
la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y
confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a
tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad.
¡Amén!
domingo, 14 de abril de 2024
Año 1944: Karol Wojtyla Salvado de un accidente
Era el 29 de febrero de 1944. Karol Wojtyła,
estudiante de segundo año en un seminario secreto de la Facultad de Teología,
regresaba de la fábrica Solvay después de un doble turno, de día y de noche.
Caminaba por la acera, cerca de la terminal del
tranvía «3». Estaba cansado y no vio el camión alemán. Entonces se produjo un
accidente. El auto lo enganchó con el guardabarros, pero el conductor no se dio
cuenta de la situación y siguió adelante.
El hecho fue presenciado por una señora, Józefa
Florek, que en ese momento viajaba en un tranvía. Al principio, pensó que el golpe que estaba
escuchando lo provocó algo que había caído del camión en movimiento. Pero no
estaba segura.
Se bajó del tranvía y caminó hacia el lugar. Era
temprano en la tarde en Cracovia, alrededor de las 3:00 pm. En la calle entre Borek Fałęcki y Mateczny,
vio a un joven que yacía en el suelo, con ropa de trabajador y zuecos. No se
movía, no mostraba signos de vida.
Józefa se quedó sin saber qué hacer y lo único que
le vino a la mente fue pararse entre los autos tirados y los autos que iban a
toda velocidad por la carretera. Así que se colocó ahí de pie y lo protegió con
su propio cuerpo. No sabía quién era ni qué había pasado.
Al poco tiempo, otro automóvil alemán, esta vez un
automóvil de pasajeros, se detuvo en la calle. Ella se asustó porque de salió
de él un oficial uniformado. Le ordenó que trajera agua de deshielo de la
zanja. Ella trajo agua mezclada con lodo, y trataron de humedecer la boca del
hombre que yacía allí y refrescarle la cabeza.
Al cabo de un rato, el oficial comprobó que el joven
estaba vivo. Detuvo a un camión que transportaba madera y ordenó al conductor
que llevara a la víctima al hospital. En efecto, en el libro de admisiones de
la Clínica de Cirugía, con fecha 29 de febrero de 1944, se ingresa un paciente.
«Wojtyla Karol b. 1920 residente en Cracovia, ul. Tyniecka 40».
Y aunque hubo un error en la dirección de la nota,
el resto de los datos son ciertos. Józefa Florek y un oficial alemán
desconocido salvaron al futuro Papa. También consta que el paciente padecía
heridas en la cabeza y conmociones cerebrales.
El paciente pasó menos de dos semanas en el
hospital, se registró el alta el 12 de marzo de 1944. Tras el accidente, Karol
Wojtyła se recuperaba en casa de una familia escocesa de buenos amigos. Józefa
guardó unas cartas en las que Wojtyła le agradecía haberle salvado la vida .
Muchos años después, cuando Karol Wojtyła era
arzobispo en Cracovia, Franciszek Wójcik, un colega de trabajo en la fábrica de
productos químicos Solvay, agregó algunos detalles del momento del accidente.
Él escribió:
“Realicé las mismas funciones en Solvay que el
arzobispo, solo que en un turno diferente. A menudo nos sustituíamos unos a
otros, y el trabajo de algunos días lo hacía uno y luego el otro. Mientras
tanto, yo ayudaba trabajando en casa y él necesitaba ese tiempo para estudiar.
Estuve en el hospital, lo visité cuando estaba acostado en un accidente. Iba
caminando del trabajo y un automóvil lo atropelló cerca de Mateczny. Después
del hospital, volvió al trabajo. La comida era escasa, solo había rebanadas de
pan secas. Pero él no se avergonzó, trajo café de la cocina y tomaba eso. En
ese momento, la sala de calderas estaba bajo la supervisión del capataz Czaja.
Recuerdo hasta el día de hoy que le debo al arzobispo el salario de un día, que
él trabajó para mí…”
(Agmoesja Bugala en
Aleteia - Imagen SobreHistoria.com)
domingo, 31 de marzo de 2024
La Virgen María en la Resurrección de Jesús
Es legítimo pensar que
verosímilmente Jesús Resucitado se apareció a su Madre en primer lugar. La
ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al
sepulcro (ver Mc 16,1; Mt 28,1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de
que Ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada
también por el dato de que las primeras testigos de la Resurrección, por
Voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie
de la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe.
La Virgen santísima,
presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el
cenáculo en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada
también de la resurrección de Cristo, completando así su participación en todos
los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo
resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr
su plena realización mediante la resurrección de los muertos.
En el tiempo pascual la
comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse:
«Regina caeli, laetare. Alleluia».
«¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!». Así recuerda el gozo de María por la
resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el «¡Alégrate!» que le dirigió
el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en «causa de alegría» para
la humanidad entera.
San
Juan Pablo II
21 de mayo de 1997
domingo, 24 de marzo de 2024
Vía Crucis escrito por San Juan Pablo II
San
Juan Pablo II escribió de su puño y letra las meditaciones del Vía Crucis para
Semana Santa en ocasión del Jubileo del año 2000.
El
texto completo lo pueden leer y/o imprimir desde la siguiente dirección:
http://www.santorosario.info/Cuaresma/ViaCrucis-JuanPabloII.htm
Oración:
Señor
Jesucristo, Tú que en el momento de la agonía no has permanecido indiferente a
la suerte del hombre y con tu último respiro has confiado con Amor a la
Misericordia del Padre a los hombres y mujeres de todos los tiempos, con sus
debilidades y pecados, llénanos a nosotros y a las generaciones futuras de tu
Espíritu de Amor, para que nuestra indiferencia no haga vanos en nosotros los
frutos de tu Muerte.
A
Ti, Jesús Crucificado, Sabiduría y Poder de Dios, Honor y Gloria por los siglos
de los siglos. Amén.
San
Juan Pablo II
sábado, 16 de marzo de 2024
Oración a San Juan Pablo II
¡Oh San Juan Pablo, desde la
ventana del Cielo dónanos tu bendición! Bendice a la Iglesia, que tú has amado,
servido y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo
para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús. Bendice a los jóvenes, que han
sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto
para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.
Bendice las familias,
¡bendice cada familia! Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa
e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan
Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.
Ruega por el mundo entero,
todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la
guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que
seamos incansables sembradores de paz.
Oh San Juan Pablo, desde la
ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos
nosotros la bendición de Dios. Amén.
Cardenal
Ángelo Comastri
domingo, 3 de marzo de 2024
San Juan Pablo II, un enamorado del Santo Rosario
San
Juan Pablo II fue un gran enamorado del Rosario. Toda la vida lo promocionó de
la mejor manera: “rezándolo” en público, en privado, en los grandes
acontecimientos, sobre todos aquellos en los que se debía, por las malas
circunstancias, invocar la paz.
Gracias
a él, hoy miles de personas rezan el Rosario con frecuencia, quizás porque ha
demostrado y enseñado cuánto hace bien tener esta buena práctica.
Lo
podemos ver en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, enteramente
dedicada a esta oración, y en donde agregó los “Misterios de la luz”.
“Tenemos
que redescubrir la profundidad mística encerrada en la sencillez de esta
oración, tan querida por la tradición popular”, anunció el 16 de octubre del
2002 al presentar la carta.
De esta
carta y de otras intervenciones del santo padre a los fieles, hemos extraídos
algunas de las frases más significativas sobre esta estimada oración del santo
Rosario:
“El
Rosario es la oración más sencilla a la Virgen, pero la más llena de contenidos
bíblicos”.
“Recorrer
con María las decenas del Rosario, es como ir a la escuela de María para leer a
Cristo, para penetrar sus secretos, para entender sus mensajes”.
“En el
Rosario hacemos lo que hace María, meditamos en nuestro corazón los misterios
de Cristo”.
“El Rosario
es la oración en la que, con la repetición del saludo del Ángel a María,
tratamos de sacar nuestras consideraciones sobre el misterio de la
redención partiendo de la meditación de
la Virgen”.
“En la
oración del Rosario nos unimos a la Virgen como los Apóstoles congregados en el
cenáculo después de la ascensión de Cristo”.
“La
plegaria del Rosario es oración del hombre en favor del hombre: es la oración
de la solidaridad humana, oración colegial de los redimidos, que refleja el
espíritu y las intenciones de la primera redimida: María”.
“El
Rosario es la oración que indica la perspectiva del reino de Dios y orienta a
los hombres para recibir los frutos de la redención”.
“En los
misterios del santo Rosario contemplamos y revivimos los gozos, dolores y
gloria de Cristo y su Madre Santa, que pasan a ser gozos, dolores y esperanzas
del hombre”.
“El
Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación
cristiana”.
“El
Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A
él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo”
domingo, 25 de febrero de 2024
San Juan Pablo II explica la Transfiguración del Señor
Los Evangelios -y todo el Nuevo Testamento- dan
testimonio de Jesucristo como Hijo de Dios. Es ésta una verdad central de la fe
cristiana. Al confesar a Cristo como Hijo “de la misma naturaleza” que el
Padre, la Iglesia continúa fielmente este testimonio evangélico. Jesucristo es
el Hijo de Dios en el sentido estricto y preciso de esta palabra. Ha sido, por
consiguiente, “engendrado” en Dios, y no “creado” por Dios y “aceptado” luego
como Hijo, es decir, “adoptado”. Este testimonio del Evangelio (y de todo el
Nuevo Testamento), en el que se funda la fe de todos los cristianos, tiene su
fuente definitiva en Dios-Padre, que da testimonio de Cristo como Hijo suyo.
Este testimonio único y fundamental, que surge del
misterio eterno de la vida trinitaria, encuentra expresión particular en los
Evangelios sinópticos, primero en la narración del Bautismo de Jesús en el
Jordán y luego en el relato de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Estos dos acontecimientos merecen una atenta consideración.
La teofanía de la Transfiguración se refiere sólo a
algunas personas escogidas: ni siquiera se introduce a todos los Apóstoles en
cuanto grupo, sino sólo a tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan. “Pasados seis
días Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte
alto y apartado y se transfiguró ante ellos...”. Esta transfiguración va acompañada de la
“aparición de Elías con Moisés hablando con Jesús”. Y cuando, superado el
“susto” ante tal acontecimiento, los tres Apóstoles expresan el deseo de
prolongarlo y fijarlo (“bueno es estarnos aquí”), “se formó una nube... y se
dejó oír desde la nube una voz: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia;
escuchadle” (Mt 17, 5).
La voz que escuchan los tres Apóstoles durante la
Transfiguración en el monte Tabor, confirma la convicción expresada por Simón
Pedro en las cercanías de Cesarea (según Mt 16, 16). Confirma en cierto modo
“desde el exterior” lo que el Padre había ya “revelado desde el interior”. Y el
Padre, al confirmar ahora la revelación interior sobre la filiación divina de
Cristo -“Este es mi Hijo amado: escuchadle”-, parece como si quisiera preparar
a quienes ya han creído en Él para los acontecimientos de la Pascua que se
acerca: para su muerte humillante en la cruz. Es significativo que “mientras
bajaban del monte” Jesús les ordenará: “No deis a conocer a nadie esta visión
hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos” (Mt 17, 9). La
teofanía en el monte de la Transfiguración del Señor se halla así relacionada
con el conjunto del misterio pascual de Cristo.
El Hijo del Hombre que se acerca a su “hora”
pascual, es Aquel de quien la voz de lo alto proclamaba en el bautismo y en la
transfiguración: “Mi Hijo... amado... en quien tengo mis complacencias... el
elegido”. En esta voz se contenía el testimonio del Padre sobre el Hijo. El
autor de la segunda Carta de Pedro, recogiendo el testimonio ocular del Jefe de
los Apóstoles, escribe pasa consolar a los cristianos en un momento de dura
persecución: “(Jesucristo)... al recibir de Dios Padre honor y gloria, de la
majestuosa gloria le sobrevino una voz (que hablaba) en estos términos: 'Este
es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias'. Y esta voz bajada del
Cielo la oímos los que con Él estábamos en el monte santo” (2 Pe 1, 16-18).
San Juan Pablo II
Audiencia
General. 27 de mayo de 1987
domingo, 21 de enero de 2024
El santo favorito de San Juan Pablo II
Fueron
muchos los santos que tuvieron influencia en la vida de san Juan Pablo II, pero
uno de ellos tenía un lugar especial en su corazón...
San
Juan Pablo II es un santo actual y muy querido en todo el mundo. Durante su
vida, si bien fue influenciado por muchos santos, hubo uno que tenía un lugar
especial en su corazón. Seguramente no adivinarás de quién se trata.
El
joven Karol Wojtyla
Durante
su juventud, cuando aún no era sacerdote, conoció las obras de san Juan de la
Cruz. Un hombre muy piadoso, llamado Jan Tyranowski, fue el responsable de
mostrar al joven Karol las numerosas obras del santo.
Después,
ya ordenado sacerdote, fue enviado a Roma para seguir estudiando. Su tesis
doctoral fue, precisamente, sobre las obras del reformador del Carmelo
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Fuente: Aleteia
sábado, 6 de enero de 2024
Fiesta de la Epifanía del Señor
«La luz brilla en las tinieblas,
pero las tinieblas no
la acogieron»
(Jn 1, 5).
Toda la liturgia habla hoy de la luz de Cristo, de la
luz que se encendió en la noche santa. La misma luz que guió a los pastores
hasta el portal de Belén indicó el camino, el día de la Epifanía, a los Magos
que fueron desde Oriente para adorar al Rey de los judíos, y resplandece para
todos los hombres y todos los pueblos que anhelan encontrar a Dios.
En su búsqueda espiritual, el ser humano ya dispone
naturalmente de una luz que lo guía: es la razón, gracias a la cual puede
orientarse, aunque a tientas (cf. Hch 17, 27), hacia su Creador. Pero, dado que
es fácil perder el camino, Dios mismo vino en su ayuda con la luz de la
revelación, que alcanzó su plenitud en la encarnación del Verbo, Palabra eterna
de verdad.
La Epifanía celebra la aparición en el mundo de esta
luz divina, con la que Dios salió al encuentro de la débil luz de la razón
humana. Así, en la solemnidad de hoy, se propone la íntima relación que existe
entre la razón y la fe, las dos alas de que dispone el espíritu humano para
elevarse hacia la contemplación de la verdad, como recordé en la reciente
encíclica Fides et ratio.
Cristo no es sólo luz que ilumina el camino del
hombre. También se ha hecho camino para sus pasos inciertos hacia Dios, fuente
de vida. Un día dijo a los Apóstoles: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi
Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» (Jn 14, 6-7). Y ante la
objeción de Felipe añadió: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre. (...) Yo
estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14, 9.1 1). La epifanía del Hijo
es la epifanía del Padre.
¿No es éste, en definitiva, el objetivo de la venida
de Cristo al mundo? El mismo afirmó que había venido para «dar a conocer al
Padre», para «explicar» a los hombres quién es Dios y para revelar su rostro,
su «nombre» (cf. Jn 17, 6). La vida eterna consiste en el encuentro con el
Padre (cf. Jn 17, 3). Por eso ¡cuán oportuna es esta reflexión, especialmente
durante el año dedicado al Padre!
La Iglesia prolonga en los siglos la misión de su
Señor: su compromiso principal consiste en dar a conocer a todos los hombres el
rostro del Padre, reflejando la luz de Cristo, Lumen gentium, luz de amor, de
verdad y de paz. Para esto el divino Maestro envió al mundo a los Apóstoles, y
envía continuamente, con el mismo Espíritu, a los obispos, sus sucesores.
Conscientes de esta tarea apostólica y misionera, que
compete a todo el pueblo cristiano, pero especialmente a cuantos el Espíritu
Santo ha puesto como obispos para pastorear la Iglesia de Dios (cf. Hch 20,
28), vamos como peregrinos a Belén, a fin de unirnos a los Magos de Oriente,
mientras ofrecen dones al Rey recién nacido.
Pero el verdadero don es él: Jesús, el don de Dios al
mundo. Debemos acogerlo a él, para llevarlo a cuantos encontremos en nuestro
camino. Él es para todos la epifanía, la manifestación de Dios, esperanza del
hombre, de Dios, liberación del hombre, de Dios, salvación del hombre.
Cristo nació en Belén por nosotros. Venid, adorémoslo.
Amén.
Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad de la
Epifanía del Señor
6 de enero de
1999
domingo, 31 de diciembre de 2023
Oración de San Juan Pablo II a la familia
“Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu santo. Amén”
domingo, 3 de diciembre de 2023
¿Por qué viene el Señor? Meditaciones de Adviento
Vivir
de la Iglesia
Vuelvo
a tocar el tema del Adviento siguiendo el ritmo de la liturgia que nos
introduce en la vida de la Iglesia del modo más sencillo y, a la vez, más profundo.
El Concilio Vaticano II, que nos ha dado una doctrina rica y universal sobre la
Iglesia, atrajo nuestra atención también hacia la liturgia. A través de ésta no
sólo conocemos qué es la Iglesia, sino que experimentamos día a día de qué
vive. También nosotros vivimos de ella, pues somos la Iglesia: «La liturgia…
contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y manifiesten a
los demás el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera
Iglesia. Es característico de la Iglesia ser a la vez humana y divina, visible
y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la
contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina» (Sacrosanctum
Concilium 2).
La
liturgia del Adviento
La
Iglesia ahora está viviendo el Adviento, y por ello nuestros encuentros de los
miércoles se centran en este período litúrgico. Adviento significa «venida».
Para penetrar en la realidad del Adviento, hasta ahora hemos procurado mirar en
dirección de quién es el que viene y para quién viene. Hemos hablado, por lo
tanto, de un Dios que al crear el mundo se revela a Sí mismo: un Dios Creador.
Y el miércoles pasado hablamos del hombre. Hoy seguiremos adelante para hallar
respuesta más completa a la pregunta: ¿por qué el «Adviento»?, ¿por qué viene
Dios?, ¿por qué quiere venir hasta el hombre?
La
liturgia del Adviento se funda principalmente en textos de los profetas del
Antiguo Testamento. En ella habla casi todos los días el profeta Isaías. En la
historia del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza, él era un «intérprete»
particular de la promesa que este pueblo había recibido de Dios hacía tiempo en
la persona del fundador de su estirpe: Abraham. Como todos los demás profetas,
y quizá más que todos, Isaías reforzaba en sus contemporáneos la fe en las
promesas de Dios confirmadas por la alianza al pie del monte Sinaí. Inculcaba
sobre todo la perseverancia en la expectación y la fidelidad: «Pueblo de Sión, el Señor vendrá a salvar a los pueblos y
hará oír su voz majestuosa para dar gozo a vuestro corazón» (cf. Is 30, 19.30).
Cuando
Cristo estaba en el mundo aludió una y otra vez a las palabras de Isaías. Decía
claramente: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 21).
Los
primeros capítulos del libro del Génesis
La
liturgia del Adviento es de carácter histórico. La expectación de la venida del
Ungido (Mesías) fue un proceso histórico. De hecho impregnó toda la historia de
Israel, que fue elegido precisamente para preparar la venida del Salvador.
Pero en
cierto modo nuestras consideraciones van más allá de la liturgia diaria del
Adviento. Volvamos, pues, a la pregunta fundamental: ¿Por qué viene Dios” ¿Por
qué quiere venir al hombre, a la humanidad? Busquemos respuestas adecuadas a
estas preguntas; y busquémoslas en los orígenes mismos, es decir, antes de que
comenzara la historia del pueblo elegido.
Por lo
tanto, buscando una respuesta a la pregunta ¿«por qué» el Adviento?, debemos
volver a leer otra vez atentamente toda la descripción de la creación del
mundo, y en particular de la creación del hombre. Es significativo (y ya he
tenido ocasión de aludir a ello) cómo cada uno de los días de la creación
termina comprobando: «vio Dios ser bueno»; y después de la creación del hombre:
«…vio ser muy bueno». Esta comprobación se enlaza con la bendición de la
creación, y sobre todo con la bendición explícita del hombre.
En toda
esta descripción está ante nosotros un Dios que se complace en la verdad y en
el bien, según la expresión de San Pablo (cf. 1 Cor 13, 6). Allí donde está la
alegría que brota del bien, allí está el amor. Y sólo donde hay amor existe la
alegría que procede del bien. El libro del Génesis, desde los primeros
capítulos, nos revela a Dios, que es amor (si bien esta expresión la utilizará
San Juan mucho más tarde). Es amor porque goza con el bien. Por consiguiente,
la creación es a la vez donación auténtica: donde hay amor, hay don.
Dios
Salvador
Qué
relación tiene todo esto con el Adviento, podemos preguntarnos con razón.
Contesto: El Adviento se delineó por vez primera en el horizonte de la historia
del hombre cuando Dios se reveló a Sí mismo como Aquel que se complace en el
bien, que ama y da. En este don al hombre, Dios no se limitó a «darle» el mundo
visible —esto está claro desde el principio—, sino que al dar al hombre el
mundo visible, Dios quiere darse también a Sí mismo, tal como el hombre es
capaz de darse, tal como «se da a sí mismo» a otro hombre: de persona a
persona; es decir, darse a Sí mismo a él, admitiéndolo a la participación en
sus misterios o, mejor aún, a la participación en su vida. Esto se lleva a
efecto de modo palpable en las relaciones entre familiares: marido, mujer, padres,
hijos. He aquí por qué los profetas se refieren muy a menudo a tales relaciones
para mostrar la imagen verdadera de Dios.
El
orden de la gracia es posible sólo «en el mundo de las personas». Y se refiere
al don que tiende siempre a la formación y comunión de las personas; de hecho,
el libro del Génesis nos presenta tal donación. En él, la forma de esta
«comunión de las personas» está delineada ya desde el principio. El hombre está
llamado a la familiaridad con Dios, a la intimidad y amistad con Él. Dios
quiere estar cercano a él. Quiere hacerle partícipe de sus designios. Quiere
hacerle partícipe de su vida. Quiere hacerle feliz con su misma felicidad (con
su mismo Ser).
Para
todo ello es necesaria la Venida de Dios y la expectación del hombre: la
disponibilidad del hombre.
Sabemos
que el primer hombre, que disfrutaba de la inocencia original y de una
particular cercanía de su Creador, no mostró tal disponibilidad. La primera
alianza de Dios con el hombre quedó interrumpida, pero nunca cesó de parte de
Dios la voluntad de salvar al hombre. No se quebrantó el orden de la gracia, y
por eso el Adviento dura siempre.
La
realidad del Adviento está expresada, entre otras, en las palabras siguientes
de San Pablo: «Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al
conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4).
Este
«Dios quiere» es justamente el Adviento y se encuentra en la base de todo
Adviento.
San Juan Pablo II
domingo, 26 de noviembre de 2023
¡Venga tu Reino!
Amadísimos hermanos y
hermanas, la liturgia de hoy nos recuerda que la verdad sobre Cristo Rey
constituye el cumplimiento de las profecías de la antigua alianza.
El profeta Daniel anuncia la
venida del Hijo del hombre, a quien dieron "poder real, gloria y dominio;
todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no
pasa, su reino no tendrá fin" (Dn 7, 14). Sabemos bien que todo esto
encontró su perfecto cumplimiento en Cristo, en su Pascua de muerte y de
resurrección.
La solemnidad de Cristo, Rey
del universo, nos invita a repetir con fe la invocación del Padre nuestro, que
Jesús mismo nos enseñó: "Venga tu reino".
¡Venga tu reino, Señor!
"Reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de
justicia, de amor y de paz".
Hemos escuchado en el
evangelio la pregunta que Poncio Pilato hace a Jesús: "¿Eres tú el rey de
los judíos?" (Jn 18, 33). Jesús responde, preguntando a su vez:
"¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?" (Jn 18,
34). Y Pilato replica: "¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos
sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho?" (Jn 18, 35).
En este momento del diálogo,
Cristo afirma: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este
mundo mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero
mi reino no es de aquí" (Jn 18, 36).
Ahora todo es claro y
transparente. Frente a la acusación de los sacerdotes, Jesús revela que se
trata de otro tipo de realeza, una realeza divina y espiritual. Pilato le pide
una confirmación: "Conque, ¿tú eres rey?" (Jn 18, 37). Aquí Jesús,
excluyendo cualquier interpretación errónea de su dignidad real, indica la
verdadera: "Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al
mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi
voz" (Jn 18, 37).
Él no es rey como lo
entendían los representantes del Sanedrín, pues no aspira a ningún poder
político en Israel. Por el contrario, su reino va más allá de los confines de
Palestina. Todos los que son de la verdad escuchan su voz (cf. Jn 18 37), y lo
reconocen como rey. Este es el ámbito universal del reino de Cristo y su
dimensión espiritual.
La solemnidad de Jesucristo,
Rey del universo, nos invita a repetir con fe: "¡Venga tu Reino!"
San
Juan Pablo II
(Extracto de
la homilía en la celebración de 1997)
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