sábado, 22 de mayo de 2010

Oración de Juan Pablo II al Espíritu Santo

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos el sentido profundo de la historia y prepara nuestro espíritu para celebrar la vida nueva con la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa.

Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu creador, misterioso artífice del Reino, guía la Iglesia con la fuerza de tus santos dones para vivir con valentía el nuevo milenio y llevar a las generaciones venideras la luz de la Palabra que salva.

Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación del único Reino de Dios.

Espíritu de consuelo, fuente inagotable de gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados, da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza en los que sufren, acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón, orienta el camino de la ciencia y la técnica al servicio de la vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos que Tú pones en el curso de la historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

A ti, Espíritu de amor, junto al Padre omnipotente y el Hijo unigénito, alabanza, honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén

Juan Pablo II

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Habla el médico de Juan Pablo II

En una entrevista concedida a L’Osservatore Romano, el doctor italiano Renato Buzzonetti, actual médico de Benedicto XVI, relata cómo era su relación y muchas de las vivencias con su querido predecesor, Juan Pablo II, desde que el Papa Peregrino decidiera que él estuviese a cargo de su salud en 1978. Recuerda, entre muchas otras cosas, algunos detalles del atentado del 13 de mayo de 1981, su disposición a abrazar al Señor en la cruz del dolor y los últimos momentos de su vida.

El galeno recuerda que tras las cinco horas de la intervención a la que tuvo que ser sometido luego de recibir la bala en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II le dijo: "Como Bachelet". A lo que él respondió: "no, Santidad, porque usted está vivo y vivirá".

Buzzonetti prosigue: "creo que citó aquel nombre porque fue muy tocado por el asesinato del vicepresidente del Consejo superior de la magistratura, muerto por las Brigadas Rojas el 12 de febrero de 1980: el Papa lo conocía porque, ya siendo Presidente General de la Acción Católica Italiana, era miembro del Pontificio Consejo para los Laicos, del cual el Cardenal Wojtyla había formado parte. Y por Victorio Bachelet quiso celebrar una solemne Misa de sufragio en San Pedro pocos días después de su muerte".

Tras resaltar la profunda e impactante espiritualidad del Papa polaco, el médico se refiere al Parkinson que lo afectó desde 1991. Le había explicado que el temblor en las manos "no había matado a ninguno antes" pero era una clara indicación de esta dolencia. "La vida del Papa fue luego más complicada por la sintomatología dolorosa osteo-articular, particularmente importante en la rodilla derecha, que le impedía a Juan Pablo II estar de pie y caminar ágilmente. Eran dos síntomas que, sumados y entrelazados, hicieron necesarios el uso del bastón, y posteriormente la silla de ruedas".

Ante el dolor y los impedimentos, cuenta Buzzonetti, Karol Wojtyla "nunca pidió sedantes, ni siquiera en la fase final. Era sobre todo el dolor de un hombre encerrado, postrado en una cama o una silla, que había perdido la autonomía física. No podía hacer nada solo y llegaron los días de total debilidad física: no podía caminar, no podía hablar más que con una voz muy débil, su respiración se hizo fatigosa y entrecortada, se nutría con creciente dificultad".

"Cuando llegó la hora de la cruz, supo abrazarla sin atenuantes: Vexilla regis prodeunt (a todo viento las banderas reales ondean)".

Seguidamente relata que un momento particularmente dramático de los últimos días del Papa peregrino fue el que siguió a la traqueotomía que tuvo que practicarle: "levantándose tras la anestesia, luego de haber dado su consentimiento, se dio cuenta de que no podía hablar. De improviso se encontró ante una realidad pesadísima. Sobre una pizarrita escribió ‘Qué me han hecho. Totus tuus (Todo tuyo, su lema mariano)’ Era la toma de conciencia de la nueva condición existencial en la que acababa de caer, de pronto sublimado por el acto de confianza en María".

Los últimos días de Juan Pablo II, que pasó en intensa comunión con él, fueron para Buzzonetti "de una tensión extrema por la gran responsabilidad que pesaba sobre mi espalda". "Yo y mis colegas constatábamos que la enfermedad estaba inexorablemente en la última fase de su curso. Nuestra batalla había sido conducida con paciencia, humildad y prudencia, extremadamente difícil porque sabíamos que concluiría con la derrota".

Renato Buzzonetti quiso alguna vez dejar de servir al Papa como su médico, pero no le aceptó la renuncia. "Es la voluntad del Santo Padre" que lo siga siendo, le dijo alguna vez el actual Arzobispo de Cracovia, Cardenal Stanislaw Dziwisz, cuando era secretario personal del Santo Padre, pedido que acogió con solicitud y obediencia.

Tras comentar que acompañaban con "respeto al hombre sufriente", subraya que "para el médico cristiano la agonía del hombre es la imagen del Señor. Todo hombre tiene sus llagas, porta su corona de espinas, balbucea sus últimas palabras, se abandona en las manos de alguno que inconscientemente renueva el gesto de María, de las pías mujeres, de José de Arimatea. La muerte de Juan Pablo II me involucró aún más".

Al finalizar la entrevista, el Dr. Renato Buzzonetti afirma que el tránsito del Papa Wojtyla "fue la muerte de un hombre despojado de todo, que había vivido las horas de la batalla y de la gloria y que se presentaba en su desnudez interior, pobre y solo, al encuentro de su Señor al que estaba por restituir las llaves del Reino. En aquella hora de dolor y estupor, tuve la sensación de encontrarme en las orillas del lago Tiberíades. La historia parecía reajustada, mientras Cristo estaba por llamar al nuevo Pedro".

ROMA, 18 May. 10 / 01:33 am (
ACI)
http://www.aciprensa.com:80/noticia.php?n=29606


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sábado, 15 de mayo de 2010

Un Magníficat escrito por Juan Pablo II

Adora, alma mía, la gloria de tu Señor,
el Padre de la gran Poesía, tan lleno de bondad.
Él fortificó mi juventud con ritmo admirado,
mi canto, en yunque de roble, ha forjado.
Resuena, alma mía, con la gloria de tu Señor,
Hacedor del Saber angelical, benévolo Hacedor.
Apuro hasta los bordes la copa de vino, con gratitud,
en Tu fiesta celestial –cual un siervo orante–,
porque embelesaste extrañamente mi juventud,
porque de un tronco de tilo tallaste una forma rozagante.
¡Tú eres el Maravilloso, el Escultor de santos tallados!
– Por mi camino hay muchos abedules y robles numerosos.
– Soy como un surco soleado, un campo sembrado,
como una arista joven y brusca de los Tatras rocosos.
Bendigo Tu sementera, en Oriente y en Occidente,
¡siembra, Labrador, tu tierra, con generosidad!
Que, por la nostalgia y la vida, la juventud incipiente
se vuelva un fecundo trigal, una luminosa ciudad.
Que te adore la felicidad, el misterio grandioso,
me hinchaste tanto el pecho con la voz cantante,
permitiste en el azul hundir mi pobre rostro
y mandaste a mis cuerdas melodías incesantes.
Porque en esta melodía, como Cristo has aparecido.
Mira delante –Eslavo– las luces sanjuaneras...
El santo roble no perdió las hojas, tu rey sigue vivo,
porque es amo de su pueblo y sacerdote, y así era.
Adora al Señor, alma mía, por la corazonada sigilosa,
por la primavera que entona los sentimientos góticos,
por la juventud ardiente, la copa de alegrías gozosas,
por el otoño similar a rastrojos y brezos melancólicos.
¡Adóralo por la poesía; por la alegría y el dolor!
La alegría de dominar el azul y el oro, la eterna morada,
porque en palabras se encarne el gozo, el gran ardor,
porque recoges esta madurez, esta cosecha segada.
El dolor es la tristeza vespertina de expresiones inefables,
cuando con el éxtasis ondeante nos abraza la Belleza,
Dios se inclina hacia el arpa –mas el rayo se quiebra
en la vertiente rocosa–, las palabras no tienen fuerza.
Faltan las palabras. Soy como un Ángel caído,
una figura en un pedregal, en un pedestal de mármol;
Tú le insuflaste nostalgia a la figura y brazos esculpidos,
por eso se alza, desea. De estos ángeles soy.
Y aún Te adoraré, porque en Ti está la hospitalidad,
premio por cada canto, el día de la idea santa
y la alegría –vuelta canto del himno a la maternidad,
y la palabra silenciosa de fidelidad–. ¡Elí más cabal!
Sé bendito, Padre, por la tristeza del ángel,
por la lucha del canto contra la mentira,
combate inspirado del alma
y aniquila en nosotros toda la mezquindad de la palabra,
quebrántala, y la forma,
como a un hombre mentecato que se jacta.
Ando por tus caminos –yo, el trovador eslavo–.
En solsticios toco música a muchachas y peones,
pero el canto de mi oración, con tonos modulados,
lo arrojo a Ti Único, a Ti en el trono de roble.
¡Sea bendito el cantar entre los cantares!
¡De mi alma y de la luz, benditos sean los sembrados!
¡Adora, alma mía, a Él, quien cubrió con creces
mi espalda con el terciopelo y el raso de los potentados!
Bendito tallador de santos, eslavo y profeta,
–apiádate de mí– soy recaudador de impuestos inspirado.
Adóralo, alma mía, con canto, cercana es la meta,
para que el himno quede sonoro y consumado.
Y que el himno sea: ¡Poesía! ¡Poesía!
La semilla añora como el alma que sufre brechas,
mis caminos sean sombreados de robles y acacias,
para que agraden a Dios las juveniles cosechas.
¡Libro Eslavo de Añoranzas! Al final sigue resonante,
como de coros de Resurrección, la primaveral música,
con el canto santo y virgen, con la poesía prosternante
y con el himno de humanidad, el Divino Magníficat.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Juan Pablo II y la Virgen de Fátima

El 13 de mayo de 1981, festividad de la Virgen de Fátima, a las 5:19 pm el Papa Juan Pablo II sufrió un atentado en Roma.

Juan Pablo II, el Grande por muchos motivos, subido en el papamóvil, recorría la plaza de San Pedro, saludando y bendiciendo a una multitud de veinte mil personas que le aclamaban. De pronto, sonaron los disparos del arma de fuego que impactaron en el cuerpo del pontífice, que fue rápidamente llevado al Policlínico Gemelli, donde llegó en estado gravísimo. El homicida, el turco Alí Agca, fue detenido con las manos en la masa.

El 14 de mayo, tras una intervención quirúrgica de cinco horas y veinte minutos en el Gemelli, su secretario y amigo Stanislaw Dziwisz velaba a la cabecera de su cama. Un día antes, le había dado al Papa la Unción de los Enfermos. Sabía que la vida de Juan Pablo II pendía de un hilo.

Cuando recobró el conocimiento, don Stanislaw le hizo el relato de los acontecimientos de la víspera, y subrayó el hecho de que la fecha coincidiera con la primera aparición de la Virgen en Fátima, Portugal, el 13 de mayo de 1917, o sea 64 años exactos antes. Inmediatamente, el Papa pidió que le trajeran al hospital toda la documentación referente a las apariciones de la Virgen de Fátima.

Desde entonces la imagen de la Virgen de Fátima tiene en su corona la bala que fue extraída del vientre de Juan Pablo II. El 13 de junio de 1994 el Papa, reunido en Roma con los Cardenales de todo el mundo, dijo: «A mí se me ha dado comprender, de modo especial, el mensaje de la Virgen de Fátima la primera vez el 13 de mayo de 1981 en el momento del atentado a mi vida, y después de nuevo hacia final de la década de los ochenta con ocasión del hundimiento del comunismo en los países del bloque soviético. Pienso que se trata de una experiencia bastante transparente para todos».

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sábado, 8 de mayo de 2010

Mayo mes de María

Mayo es el mes que la piedad popular ha consagrado de modo especial al culto de la Virgen María. Al hablar de San José y de la Casa de Nazaret, el pensamiento se dirige espontáneamente a Aquella que, en esa Casa, fue durante años la esposa afectuosa y madre tiernísima, ejemplo incomparable de serena fortaleza y de confiado abandono. ¿Cómo no desear que la Virgen Santa entre también en nuestras casas, obteniendo con la fuerza de su intercesión materna, como dije en la Exhortación Apostólica "Familiaris consortio", que "cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una 'pequeña Iglesia', en la que se refleje y reviva el misterio de la Iglesia de Cristo"? (n. 86)"

Para que esto suceda, es necesario que florezca nuevamente en las familias la devoción a María Santísima, especialmente mediante el rezo del Santo Rosario. El mes de mayo, puede ser la ocasión oportuna para reanudar esta hermosa práctica que tantos frutos de compromiso generoso y de consuelo espiritual ha dado a las generaciones cristianas, durante siglos.

Que el Rosario vuelva a las manos de los cristianos y se intensifique, con su ayuda, el diálogo entre la tierra y el Cielo, que es garantía de que persevere el diálogo entre los hombres mismos, hermanados bajo la mirada amorosa de la Madre común.

Juan Pablo II
en la meditación antes del rezo del Regina Caeli del 1 de mayo de 1982

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martes, 4 de mayo de 2010

Oración a María Madre del Redentor

Madre del Redentor
llenos de gozo
te proclamamos bienaventurada.
Dios Padre te eligió desde siempre
para realizar su designio de salvación.
Tú creíste en su amor
y obedeciste a su Palabra.
El Hijo de Dios te quiso como suya,
al hacerse hombre para salvar a la humanidad
Tú lo acogiste con solícita obediencia
y corazón indiviso.
El Espíritu Santo te amó
como a su esposa mística
y te colmó de dones singulares.
Tú te dejaste modelar dócil
a su acción escondida y poderosa.
Te confiamos la Iglesia
que te reconoce y te invoca como Madre.
Confórtala en las dificultades y en las pruebas.
A Ti, Madre del Redentor
encomendamos llenos de confianza
la humanidad entera con sus temores y esperanzas.
No permita que le falte la luz
de la verdadera sabiduría.
Guíala en la búsqueda de la libertad
y de la justicia para todos.
Dirige sus pasos por el camino de la paz.
Haz que todos encuentren a Cristo,
Camino, Verdad y Vida.
Sostén, oh Virgen María, nuestro caminar en la fe
y alcánzanos la gracia de la salvación eterna.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce
Madre de Dios y Madre nuestra, María!

Juan Pablo II


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sábado, 1 de mayo de 2010

Otro milagro de Juan Pablo II

Soy Claudia, de Mendoza, Argentina. Estoy casada con Pablo desde hace 17 años y tenemos 5 chicos, Agustín, Ignacio, Mariángeles, Juan Pablo y Felipe. Juan Pablo se llama así por Su Santidad y tiene 6 años, nació un año exacto antes que Juan Pablo II falleciera. A él le une un lazo especial al Papa, lo tiene muy presente en un cuadrito con su foto en la cabecera de su cama.

El pasado 28 de febrero de 2010, como Juan Pablo es muy inquieto, se trepó a unas rejas y se cayó. El golpe no tuvo señales de alarma (con 4 varones y las caídas que han tenido, ya sabemos reconocer si hay un problema), sólo hubo un pequeño llorido. Los días siguientes al golpe, Juan Pablo comenzó a tener cefaleas que se fueron intensificando en el tiempo.

El 19 de marzo se le hizo una tomografía computada y los resultados arrojaron que Juampi tiene un quiste aracnoideo congénito enorme, casi un tercio de su cabecita. El golpe hizo que se produjera un hematoma interno que comenzó a hacer presión sobre cerebro y sobre el quiste. Los resultados los obtuvimos el lunes 22 de marzo por la noche.

Juan Pablo se durmió a las 11.30 de la noche y mi esposo y yo en ese momento le encomendamos a Juan Pablo II la salud de Juampi. A las 11.33 hs. suena la Blackberry de mi marido con un mail con la foto de Juan Pablo II con la madre Teresa de Calcuta de la mano. Fue como una respuesta-señal de que su santidad nos había escuchado.

Comenzamos a controlar diariamente a Juampi con neurólogos, oftalmólogos, etc. hasta que la presión intracraneana comenzó a subir, a edematizar máculas. Les pedimos cadenas de oración de amigos, hermanos del movimiento de Schoenstatt, religiosas, sacerdotes, etc. contándoles a todos que estaba encomendado a Su Santidad.

Juampi fue operado el Jueves Santo pasado por el equipo de alta complejidad que acompaña al doctor Carlos Pesce del hospital Notti de Mendoza. Al abrir, salió un hematoma de 15 cms. de diámetro “encapsulado”, lo que hizo que la operación fuese muy rápida y para algunos un verdadero milagro. El quiste fue vaciado y quedó en su lugar, ya que no puede quedar una cavidad hueca en el cerebro. Luego de la operación Juampi estuvo 5 días en terapia intensiva y se recuperó tan rápido que de allí pasó directo a su casa, y luego de 20 días de reposo se ha reintegrado a sus actividades habituales incluído el colegio.

Cuando leí el testimonio que aparece en tu Blog del ex-peluquero de Juan Pablo, me estremeció saber que su milagro también fue a partir de la misma foto de su santidad con la Madre Teresa.

Un saludo grande

Claudia Gómez de Pérez Burgos
Godoy Cruz – Mendoza – Argentina

sábado, 24 de abril de 2010

Juan Pablo II, un Pastor Santo

Juan Pablo II pasará a la historia por muchos motivos. Fue el primer Papa que visitó una iglesia luterana y la Sinagoga en Roma, el primero que pisó una mezquita, la de Damasco, y oró en ella, el que creó las Jornadas Mundiales de la Familia y de la Juventud, el que promovió la Jornada Mundial de la oración por la paz en Asís. Pasará también como el Papa que ha batido todas las marcas: 104 viajes apostólicos fuera de Italia, 14 encíclicas, 11 constituciones apostólicas, 14 exhortaciones apostólicas, 6 sínodos celebrados, 740 visitas a la diócesis de Roma, 1060 audiencias públicas y 2.412 discursos.

Pero pasará también como el Papa que se había consagrado en cuerpo y alma a Jesucristo, como Buen Pastor. Más aún, será esta consagración la que encierre la clave de comprensión de su ingente actividad pastoral.

Hay una anécdota en su vida que lo explica muy bien. Cuando el cardenal Primado de Polonia le comunicó que el Papa Pío XII le había nombrado obispo, la noticia le cogió de sorpresa, pero aceptó. Inmediatamente cruzó la calle, llamó al convento de las Ursulinas y preguntó si podría entrar a rezar. Las hermanas no lo conocían, pero su sotana era suficiente pasaporte. Le guiaron a la capilla y le dejaron a solas. Al cabo de un tiempo prudencial, las religiosas comenzaron a inquietarse y abrieron en silencio la puerta de la capilla para ver qué ocurría. Wojtyla estaba postrado en el suelo frente al sagrario. Las hermanas marcharon, pensando que quizás se trataba de un penitente. Volvieron varias horas más tarde y el sacerdote desconocido seguía postrado ante el Santísimo. Como ya era tarde, una de las monjas se acercó y le dijo: «Quizás el padre desearía venir a cenar». El extraño respondió: «Mi tren no sale hacia Cracovia hasta pasada la medianoche. Por favor, dejadme quedar aquí. Tengo un montón de cosas que hablarle al Señor».

Al poco de graduarse en Teología en la Universidad de Santo Tomás de Roma, comenzó su ministerio pastoral como coadjutor de un pueblo de montaña, a unos 20 kilómetros de Cracovia. Al llegar al territorio de la parroquia, se arrodilló y besó la tierra, en un gesto que había aprendido del santo Cura de Ars. Inmediatamente comenzó a poner en práctica la promesa hecha durante su visita a Ars, de que se convertiría en un “prisionero del confesonario”. Como le comentaría a un amigo que acudió a visitarle, estaba convencido de que si los sacerdotes dejaban de atender a la gente en el confesonario, se convertirían en oficinistas o burócratas.

Siendo ya arzobispo de Cracovia se encontró con que todas las actividades caritativas estaban prohibidas por el régimen comunista. Él decidió convertir la prohibición en oportunidad y mandó que en todas las parroquias se crease un «Equipo caritativo parroquial». Su labor era identificar y velar por los enfermos y necesitados en el territorio geográfico de la parroquia. Los equipos proporcionaban comida, medicinas y ropa a los necesitados, cuidaban a los enfermos confinados en sus casas y desarrollaban un extenso programa de visitas a domicilio. En 1965 creó la sección encargada del Ministerio de la Caridad en la Curia Metropolitana. Esta oficina central coordinaba ejercicios espirituales para enfermos y niños minusválidos, y se preocupaba de la atención de los sordos y ciegos. Más aún, instaba a que cada parroquia desarrollase un programa de formación que ayudara a profundizar en la vida espiritual a los que ya estaban comprometidos en la labor caritativa y estimulara la incorporasen de otros a tales actividades.

Al recordar la muerte de Juan Pablo II hay que rendir homenaje a su inmensa y variadísima actividad pastoral. Pero no podemos confundirle con un activista. Fue un sacerdote, un obispo y un Papa que puso a Jesucristo en el centro de su vida.


Escrito por Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Abril de 2010

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miércoles, 21 de abril de 2010

Oración por la Paz del Papa Juan Pablo II

- Pronunciada en ocasión de su último viaje a Siria y Tierra Santa -

Dios de infinita misericordia y bondad, con corazón agradecido te invocamos hoy en esta tierra que en otros tiempos recorrió San Pablo y proclamó a las naciones la verdad de que en Cristo Dios reconcilió al mundo consigo.

Que tu voz resuene en el corazón de todos los hombres y mujeres, cuando los llames a seguir el camino de reconciliación y paz, y a ser misericordiosos como Tú.

Señor, Tú diriges palabras de paz a tu pueblo y a todos los que se convierten a Tí de corazón.

Te pedimos por los pueblos de Oriente Próximo. Ayúdales a derribar las barreras de la hostilidad y de la división y a construir juntos un mundo de justicia y solidaridad.

Señor, tú creas cielos nuevos y una tierra nueva.

Te encomendamos a los jóvenes de estas tierras. En su corazón aspiran a un futuro más luminoso; fortalece su decisión de ser hombres y mujeres de paz y heraldos de una nueva esperanza para sus pueblos.

Padre, tú haces germinar la justicia en la tierra.

Te pedimos por las autoridades civiles de esta región, para que se esfuercen por satisfacer las justas aspiraciones de sus pueblos y eduquen a los jóvenes en la justicia y en la paz.

Impúlsalos a trabajar generosamente por el bien común y a respetar la dignidad inalienable de toda persona y los derechos fundamentales que derivan de la imagen y semejanza del Creador impresa en todo ser humano.

Te pedimos de modo especial por las autoridades de esta noble tierra de Siria. Concédeles sabiduría, clarividencia y perseverancia; no permitas que se desanimen en su ardua tarea de construir la paz duradera, que anhelan todos los pueblos.

Padre celestial, en este lugar donde se produjo la conversión del apóstol San Pablo, te pedimos por todos los que creen en el evangelio de Jesucristo.

Guía sus pasos en la verdad y en el amor. Haz que sean uno, como tú eres uno con el Hijo y el Espíritu Santo. Que testimonien la paz que supera todo conocimiento y la luz que triunfa sobre las tinieblas de la hostilidad, del pecado y de la muerte.

Señor del cielo y de la tierra, Creador de la única familia humana, te pedimos por los seguidores de todas las religiones.

Que busquen tu voluntad en la oración y en la pureza del corazón, y te adoren y glorifiquen tu santo nombre. Ayúdales a encontrar en Tí la fuerza para superar el miedo y la desconfianza, para que crezca la amistad y vivan juntos en armonía.

Padre misericordioso, que todos los creyentes encuentren la valentía de perdonarse unos a otros, a fin de que se curen las heridas del pasado y no sean un pretexto para nuevos sufrimientos en el presente.

Concédenos que esto se realice sobre todo en Tierra Santa, esta tierra que bendijiste con tantos signos de tu Providencia y donde te revelaste como Dios de amor.

A la Madre de Jesús, la bienaventurada siempre Virgen María, le encomendamos a los hombres y a las mujeres que viven en la tierra donde vivió Jesús. Que, al seguir su ejemplo, escuchen la palabra de Dios y tengan respeto y compasión por lo demás, especialmente por los que son diversos de ellos.

Que, con un solo corazón y una sola mente, trabajen para que todo el mundo sea una verdadera casa para todos sus pueblos.

¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!

Amén.

Juan Pablo II

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sábado, 17 de abril de 2010

Juan Pablo II destaca el heroísmo del cardenal Van Thuan

CIUDAD DEL VATICANO, 15 septiembre 2002 (ZENIT.org)

Juan Pablo II ha destacado el heroísmo del cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan, fallecido el 16 de Setiembre de 2002 a los 74 años, en varios mensajes, uno de ellos enviado a la anciana madre del purpurado vietnamita.

Monseñor Van Thuan, que había nacido el 17 de Abril de 1928, pasó trece años en las cárceles comunistas (nueve en régimen de aislamiento), después de que Pablo VI le nombrara arzobispo coadjutor de Ho Chi Minh (la antigua Saigón) en 1975.

Van Thuan fue deportado en 1991. Juan Pablo II le acogió en Roma. Desde entonces el gobierno vietnamita lo declaró «persona non grata». Nunca más pudo regresar a su patria.

El Papa le acogió en la Curia Romana, donde llegaría a ser creado cardenal y presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y Paz.

Al conocer la noticia del fallecimiento del cardenal a causa del cáncer, el Papa envió un telegrama a su madre, la señor Ngo Dinh Thi Hiep, para manifestarle su pésame.

«La Iglesia reconoce en su hijo -asegura el Papa- a un testigo fiel y valiente del Evangelio, al que ha sido fiel en las pruebas por amor a Cristo y a la Virgen María».

El pontífice ha transmitido también sus condolencias a los católicos vietnamitas, enviando un mensaje al obispo de Nha Trang y presidente de la Conferencia Episcopal de Vietnam, monseñor Paul Ngûyen Van Hoa.

El telegrama recuerda «esta gran figura sacerdotal y episcopal de su país, que con una fidelidad y una valentía ejemplares, ha dado testimonio de su fe en Cristo, estando estrechamente asociado a su misión a través de su ministerio y su pasión por los sufrimientos que ha padecido».

Por último, el obispo de Roma ha enviado también un telegrama al obispo Giampaolo Crepaldi, secretario del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, y a los miembros de ese organismo vaticano que presidía el purpurado.

«El querido hermano difunto deja el recuerdo indeleble de una vida gastada en la adhesión coherente y heroica a la propia vocación, como sacerdote atento a las necesidades del pueblo cristiano y pastor lleno de celo por el Evangelio, siempre fiel a la Iglesia incluso en el duro tiempo de la persecución», constata el mensaje pontificio.

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El Cardenal van Thuan se encuentra actualmente en proceso de beatificación abierto por el Papa Benedicto XVI.

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miércoles, 14 de abril de 2010

Dos nuevos milagros para acercarlo aún más a los altares.

«Miré la imagen de Juan Pablo II y, simplemente, me puse de pie». La frase no tendría mayor misterio si no fuera porque el que la pronunció, Joe Amaral, era paralítico desde hacía 30 años. Su historia la recogía el pasado miércoles la cadena norteamericana ABC News y se trata de uno de los dos posibles milagros atribuidos al anterior pontífice que han aparecido en la última semana.

Vamos al caso. Feligrés asiduo de la parroquia de San Antonio de Padua, en New Bedford, arrastraba una parálisis desde su juventud. «Recuerdo verle con frecuencia con sus muletas, tratando de subir las escaleras de granito de la iglesia», ha explicado a ABC News su párroco, el padre Roger Landry. «Me conmovía al ver la gran fe que poseía», agrega.

Un sábado del año 2008, Amaral fue a confesarse con el sacerdote. «Algo ocurrió», rememora el feligrés. «El domingo por la mañana me desperté y me sentía diferente», explica. Físicamente se encontraba igual, «pero estaba lleno de una gran paz». «Sentí que, en ese momento, necesitaba rezarle a Juan Pablo II», añade. Cuando terminó, encendió la televisión y apareció un documental sobre el anterior pontífice. Nada más verle, sus 30 años de parálisis quedaron para el recuerdo. Fue inmediatamente a visitar a su médico. «Me puse frente a él y le entregué mis muletas. Durante cinco minutos permaneció mudo», afirma. El médico, que conocía perfectamente su historial, musitó: «No hay ninguna razón médica para explicarlo».


El otro es el caso del antiguo peluquero de Juan Pablo II cuando éste era aún cardenal. Gianni Vecchio se declaraba comunista confeso, algo que no impresionaba al Papa polaco. «No pasa nada, no te preocupes. Se ve que eres una persona buena», le contestaba. «Cuando entraba en la peluquería, siempre decía: “¿Cómo está mi comunista?”. En otras ocasiones hablábamos de mi familia, de mis hijas», rememora Vecchio.

El caso de Gianni Vecchio ha ocupado muchas páginas de los rotativos italianos. En los años 70, uno de los asiduos clientes de su peluquería, ubicada cerca del Vaticano, era el cardenal Karol Wojtyla. Tras la muerte de Juan Pablo I, durante la elección del nuevo Papa, Gianni se encontraba en la plaza de San Pedro cuando el nuevo Papa salió al balcón de la basílica. Entonces reconoció la voz de uno de sus clientes. «Cuando le vi, grité: “¡Yo le conozco, le he cortado el pelo!”. Fue un día muy alegre para mí».Hace unos meses, a Vecchio le diagnosticaron una hernia discal. «Cuando entré en el hospital vi una foto de Juan Pablo II y Madre Teresa. Durante meses había sufrido dolores muy fuertes. Cuando me dieron los resultados, compararon dos resonancias y la hernia había desaparecido», ha explicado a Rome Reports.

Fuente: Fluvium

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sábado, 10 de abril de 2010

Juan Pablo II, Apóstol de la Divina Misericordia

Oración a la Divina Misericordia

Oración a la Divina Misericordia pronunciada por Juan Pablo II para confiar el mundo a la Divina Misericordia, en el Santuario de la Misericordia Divina, Cracovia, el sábado 17 de agosto de 2002.


Dios, Padre Misericordioso, que has revelado Tu Amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo: Te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre. Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten Tu Misericordia, para que en Ti, Dios Uno y Trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza. Padre Eterno, por la Dolorosa Pasión y Resurrección de Tu Hijo, Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

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Texto completo de la homilía:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/2002/documents/hf_jp-ii_hom_20020817_shrine-divine-mercy_sp.html#top

Tomado de :
http://www.juanpablomagno.org/DivinaMisericordia


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martes, 6 de abril de 2010

«Karol Wojtyla me salvó la vida en 1945»

«Me acuerdo perfectamente. Me encontraba allí, era una niña de trece años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán, a punto de morir. Y Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo: me dio de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación»


Agencia Zenit. Año 2004

Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos de un sacerdote de 25 años, alto, fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo de esperanza.

Hoy aquel sacerdote, según ella, es el obispo de Roma. Edith querría agradecer finalmente aquel gesto. «Sólo un pequeño ‘gracias’ en polaco por aquello que hizo, por la manera en que lo hizo, para decirle que nunca me olvidé de él», dice desde su hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa.

Edith tiene 66 años y dos hijos. Reconstruyó su vida en Israel, donde llegó en 1951, cuando todavía padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

Durante todo este tiempo se ha guardado esta historia. Cuando en 1978, Karol Wojtyla subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien, de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar segura de que aquel sacerdote es el Papa? ¿Por qué ha esperado tanto? Estos interrogantes se los han planteado también los periodistas de «Kolbo», el semanario de Haifa que publica un artículo sobre este asunto. «El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que ofrece parecen creíbles», dicen los redactores. Tan convincentes que la embajada israelí ante la Santa Sede ya está moviéndose para tratar de poner en contacto a la señora Zirer con la secretaría del Papa.

La narración habla por sí misma. «El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones -explica Edith, quien entonces tenía trece años-. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad. Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia». Precisamente en Cracovia, Wojtyla acababa de ser ordenado sacerdote. «Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en un rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó. Después me dijo que tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria».

Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: «Atenta, los curas tratan de convertir a los niños hebreos». Ella tuvo miedo y se escondió. «Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme. Y quisiera decírselo personalmente».

...Edith Zirer, casada hoy y con 2 hijos, que vive en Haifa, en una colina del Monte Carmelo, quiso estar con el Papa (59 años después de lo ocurrido) en su histórico viaje a Tierra Santa para darle personalmente las gracias justamente en el Memorial del Holocausto Yad Vashem. Fue un día inolvidable para ella y para toda la población judía, así como una lección universal de humanidad...".


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