domingo, 30 de junio de 2024

Oración a María Madre de la Esperanza

María, Madre de la esperanza... ¡Camina con nosotros!
 
Enséñanos a proclamar al Dios vivo; ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador; haznos serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres, artífices de justicia, constructores apasionados de un mundo más justo; intercede por nosotros que actuamos en la historia, convencidos de que el designio del Padre se cumplirá.
 
Aurora de un mundo nuevo... ¡Muéstrate Madre de la esperanza y vela por nosotros!
 
Vela por la Iglesia en el mundo: que sea trasparencia del Evangelio; que sea auténtico lugar de comunión; que viva su misión de anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la esperanza para la paz y la alegría de todos.
 
Reina de la Paz... ¡Protege la humanidad del tercer milenio!
 
Vela por todos los cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad, como fermento para la concordia del todo el mundo.
 
Vela por los jóvenes, esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada de Jesús.
 
Vela por los responsables de las naciones: que se empeñen en construir una casa común, en la que se respeten la dignidad y los derechos de todos.
 
María, ¡Danos a Jesús! ¡Haz que lo sigamos y amemos! Él es la esperanza de la Iglesia, y de la humanidad. Él vive con nosotros, entre nosotros, en su Iglesia.
 
Contigo decimos «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20): Que la esperanza de la gloria infundida por Él en nuestros corazones dé frutos de justicia y de paz.
 
San Juan Pablo II
Ecclesia in Europa, 125

sábado, 22 de junio de 2024

San Juan Pablo II y la Cruz

En los últimos años de su pontificado, 
cuando su salud estaba muy deteriorada, 
varias veces le preguntaron al papa Juan Pablo II 
por qué no renunciaba... Y la respuesta de él siempre era la misma: 
"Si Cristo no se bajó de la Cruz, yo no me bajaré de la mía..."
El Papa Santo escribió:

Jamás un hombre ha sufrido tan intensamente, tan completamente, e este hombre es el Hijo de Dios. En su rostro humano se transparenta una nobleza superior. Cristo realiza el ideal del hombre que, a través del dolor, lleva el valor de la existencia al nivel más alto.

La Sangre de Cristo derramada en la Cruz, se ha transformado en fuente de salvación. Abrió a la humanidad el retorno a la morada del Padre, al Reino de los Cielos.

En la Cruz hemos conocido el amor, el amor hasta el extremo. Aquí, en la cruz, conocemos cuál es el poder, en el cielo y en la tierra, de Cristo crucificado; conocemos la fe, la conocemos con el corazón, aquí se nos revela el amor mayor que todo amor humano.

¡Ave Cruz de Cristo! En cualquier lugar donde se encuentre tu signo, Cristo de testimonio de su Pascua: del “paso de la muerte a la vida”. Y da testimonio del amor que es la potencia de la vida, del amor que vence a la muerte.

domingo, 2 de junio de 2024

Corpus Christi es la celebración de la Eucaristía, misterio de amor.

La presencia eucarística nos recuerda que el  Dios de nuestra fe, no es un Dios lejano, sino un Dios muy próximo cuyas delicias son estar con los hijos de los hombres. Un Padre que nos envía al Hijo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Un Hijo y hermano nuestro, que con su Encarnación se  ha hecho verdaderamente Hombre, sin dejar de ser Dios, y ha querido quedarse entre nosotros hasta la consumación del mundo. Se comprende por la fe que la sagrada Eucaristía constituye el don más grande que Cristo ha ofrecido y ofrece permanentemente a su Esposa. Es raíz y cumbre de toda vida cristiana y de toda acción en la Iglesia.

En la Hostia consagrada se compendian las palabras de Cristo, su vida ofrecida al Padre por nosotros y la gloria de su Cuerpo resucitado. Esta presencia del Emmanuel, Dios-con-nosotros, es a la vez un misterio de fe, una prenda de esperanza y la fuente de caridad con Dios y entre los hombres.

Es misterio de fe, porque el Señor crucificado y resucitado está realmente presente en la Eucaristía, no sólo durante la celebración del Santo Sacrificio, sino mientras subsisten las especies sacramentales. Nuestra alabanza, adoración, acción de gracias y petición a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se enraízan en este misterio de fe. Esa misma presencia del Cuerpo y Sangre de Cristo, bajo las especies de pan y vino, constituye una articulación  entre el tiempo y la eternidad, y nos proporciona una prenda de la esperanza que anima nuestro caminar.

La Sagrada Eucaristía, en efecto, es al mismo tiempo, un anuncio constante de su segunda venida al final de los tiempos. Prenda de la esperanza futura  y aliento, al mismo tiempo esperanzado, para nuestra marcha hacia la vida eterna.

Ante la Sagrada Hostia volvemos a escuchar las dulces palabras: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré”. La presencia sacramental de Cristo es también fuente de amor. Porque “amor con amor se paga”. Amor en primer lugar al propio Cristo. El encuentro eucarístico es un encuentro de amor. Amor también a nuestros hermanos.

(San Juan Pablo II)

martes, 14 de mayo de 2024

«La mano de Nuestra Señora desvió el curso de la bala» (Juan Pablo II)

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro de Roma, varios disparos alcanzaron al Soberano Pontífice polaco, Juan Pablo II, mientras se desplazaba entre la multitud de peregrinos que acudían a la Audiencia General.
 
El periodista Benedetto Nardacci testifica: “Por primera vez se puede hablar de terrorismo en el Vaticano, donde siempre se han difundido mensajes de amor, concordia y paz”. Él siguió en directo la Audiencia General para el programa italiano de Radio Vaticana y el 13 de mayo de 1981, a las 17:17 horas, fue testigo de lo inesperado: un intento de asesinato contra Juan Pablo II, quien entonces contaba 60 años. Su atacante, Mehmet Ali Agca, de 23 años, era un activista turco. Una religiosa franciscana, sor Letizia Giudici, consigue derribarlo cuando él acababa de tropezar y logra que se le caiga la pistola.
 
La multitud de 20.000 peregrinos que se había acercado a la Plaza de San Pedro quedó presa de un asombro mezclado con pánico. En las calles de Borgo, vecinas al lugar de la tragedia, se extendió un clamor: “Han matado al Papa. ¡El Papa está muerto!”. Y, sin embargo, el Sucesor de Pedro seguía vivo. De camino al hospital Gemelli, susurra el nombre de María en su lengua materna. La Iglesia celebra en este día a Nuestra Señora de Fátima.
 
Juan Pablo II, en estado crítico, fue operado durante más de cuatro horas. En Roma y en todo el mundo, millones de fieles rezan por él. Su clamor lleno de fervor y esperanza fue escuchado: cuatro días después, el Santo Padre les habló desde su cama de hospital. A la hora del rezo del Regina Coeli, oración de la que brota la fuerza del perdón y de la confianza filial en la Madre del Salvador, el Papa dice:
 
“¡Alabado sea Jesucristo! Queridos hermanos y hermanas, sé que en estos días y especialmente en esta hora del Regina Coeli, estáis unidos a mí. Os agradezco profundamente sus oraciones y os bendigo a todos. Estoy especialmente cerca de las dos personas heridas conmigo. Rezo por el hermano que me disparó y a quien he perdonado sinceramente. Unido a Cristo, sacerdote y víctima, ofrezco mis sufrimientos por la Iglesia y por el mundo. A ti, María, te repito: ‘Totus tuus ego sum’, soy todo tuyo”.
 
Un año después, Juan Pablo II fue a Fátima. Está convencido de ello: la mano de Nuestra Señora, quien se apareció seis décadas antes a los tres pastorcitos, desvió el curso de la bala. A Ella le debe su supervivencia.

miércoles, 8 de mayo de 2024

San Juan Pablo II en la Basílica de Nuestra Señora de Luján (1982)

En 1982, en pleno conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas, el papa Juan Pablo II visitó la República Argentina y se hizo presente en la Basílica de Nuestra Señora de Luján donde rezó por la paz.

"Vengo a orar por todos aquellos que han perdido la vida: por las víctimas de ambas partes; por las familias que sufren, como lo hice igualmente en Gran Bretaña. Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto armado"

En la estación de ferrocarril, el Santo Padre fue recibido por el Obispo de Mercedes, Mons. Emilio Ogñenovich. Al aparecer el Santo Padre sobre la Avenida Nuestra Señora de Luján se estremeció la multitud y comenzaron a agitarse las banderas y banderines entre vítores y aplausos. Luego, Juan Pablo II fue a postrarse ante la Sagrada Imagen de Luján, bajada expresamente desde su Templete al altar Papal.

Su Santidad oró ante Ella. Luego se acercó a la bendita Imagen y le colocó el estuche abierto que contenía la Rosa de Oro que, con admiración inesperada de todos, como obsequio y distinción excepcional el Santo Padre ofrendaba a Nuestra Señora de Luján.

sábado, 27 de abril de 2024

Juan Pablo II: a 10 años de su canonización

Hoy, sábado 27 de abril, se cumplen diez años de la canonización de Juan Pablo II, elevado al rango de santo por el Papa Francisco al mismo tiempo que Juan XXIII.
 
Desde entonces, cada jueves por la mañana, exactamente a las 7h10 -para que pueda ser retransmitido por Radio Vaticano-, los polacos del Vaticano y los que peregrinan a Roma se reúnen para celebrar una Misa ante la tumba de Juan Pablo II, “su” Papa, el hombre que devolvió la dignidad a un pueblo aplastado por el yugo comunista.
 
Situar el legado de Juan Pablo II en Roma es, pues, ante todo reconocer las banderas rojas y blancas de los numerosos grupos polacos, visibles todos los días, y durante todos los Ángelus y audiencias generales. Para millones de polacos de todas las generaciones, la peregrinación a Roma es una experiencia ineludible, incluso para las personas de medios modestos que ahorran varios años para realizar este viaje tras las huellas de su Papa, que reinó durante más de un cuarto de siglo.
 
La Misa del jueves por la mañana ante la tumba de Juan Pablo II suele celebrarla el cardenal Konrad Krajewski, actual Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Sirvió íntimamente al Pontífice polaco como celebrante ceremonial papal durante los últimos años de su vida, cuando su enfermedad requería gran delicadeza e ingenio para ponerle los ornamentos litúrgicos y sostenerle físicamente durante las celebraciones. La mirada atenta y preocupada de monseñor Krajewski aún puede verse en muchas fotos de aquella época.
 
Juan Pablo II siguió siendo popular en el corazón de los romanos. En los alrededores del Vaticano y en la ciudad de Roma, el rostro de Juan Pablo II sigue apareciendo en muchas tiendas de recuerdos, comunidades religiosas y parroquias.
 
En abril de 2025, se celebrará el 20º aniversario de la muerte de Juan Pablo II. Esta conmemoración será sin duda la ocasión para que sus colaboradores más antiguos y el Papa le rindan un sentido homenaje al santo pontífice polaco.
 
Extractado de Aleteia. Autor Cyprien Viet

domingo, 21 de abril de 2024

Domingo del Buen Pastor y de las Vocaciones

“El Buen Pastor, según las palabras de Cristo, es precisamente el que "viendo venir al lobo", no huye, sino que está dispuesto a exponer la propia vida, luchando con el ladrón, para que ninguna de las ovejas se pierda. Si no estuviese dispuesto a esto, no sería digno del nombre de Buen Pastor. Sería mercenario, pero no pastor”
 
San Juan Pablo II
Audiencia General
Miércoles 9 de mayo de 1979
 
Coincidentemente con el Domingo del Buen Pastor, la Iglesia dedica este día a la Oración por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas. La siguiente es una oración compuesta por san Juan Pablo II:
 
Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.
 
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.
 
Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.
 
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad.
 
¡Amén!

domingo, 14 de abril de 2024

Año 1944: Karol Wojtyla Salvado de un accidente

Era el 29 de febrero de 1944. Karol Wojtyła, estudiante de segundo año en un seminario secreto de la Facultad de Teología, regresaba de la fábrica Solvay después de un doble turno, de día y de noche.
 
Caminaba por la acera, cerca de la terminal del tranvía «3». Estaba cansado y no vio el camión alemán. Entonces se produjo un accidente. El auto lo enganchó con el guardabarros, pero el conductor no se dio cuenta de la situación y siguió adelante.
 
El hecho fue presenciado por una señora, Józefa Florek, que en ese momento viajaba en un tranvía.  Al principio, pensó que el golpe que estaba escuchando lo provocó algo que había caído del camión en movimiento. Pero no estaba segura.
 
Se bajó del tranvía y caminó hacia el lugar. Era temprano en la tarde en Cracovia, alrededor de las 3:00 pm.  En la calle entre Borek Fałęcki y Mateczny, vio a un joven que yacía en el suelo, con ropa de trabajador y zuecos. No se movía, no mostraba signos de vida.
 
Józefa se quedó sin saber qué hacer y lo único que le vino a la mente fue pararse entre los autos tirados y los autos que iban a toda velocidad por la carretera. Así que se colocó ahí de pie y lo protegió con su propio cuerpo. No sabía quién era ni qué había pasado.
 
Al poco tiempo, otro automóvil alemán, esta vez un automóvil de pasajeros, se detuvo en la calle. Ella se asustó porque de salió de él un oficial uniformado. Le ordenó que trajera agua de deshielo de la zanja. Ella trajo agua mezclada con lodo, y trataron de humedecer la boca del hombre que yacía allí y refrescarle la cabeza.
 
Al cabo de un rato, el oficial comprobó que el joven estaba vivo. Detuvo a un camión que transportaba madera y ordenó al conductor que llevara a la víctima al hospital. En efecto, en el libro de admisiones de la Clínica de Cirugía, con fecha 29 de febrero de 1944, se ingresa un paciente. «Wojtyla Karol b. 1920 residente en Cracovia, ul. Tyniecka 40».
 
Y aunque hubo un error en la dirección de la nota, el resto de los datos son ciertos. Józefa Florek y un oficial alemán desconocido salvaron al futuro Papa. También consta que el paciente padecía heridas en la cabeza y conmociones cerebrales.
 
El paciente pasó menos de dos semanas en el hospital, se registró el alta el 12 de marzo de 1944. Tras el accidente, Karol Wojtyła se recuperaba en casa de una familia escocesa de buenos amigos. Józefa guardó unas cartas en las que Wojtyła le agradecía haberle salvado la vida .
 
Muchos años después, cuando Karol Wojtyła era arzobispo en Cracovia, Franciszek Wójcik, un colega de trabajo en la fábrica de productos químicos Solvay, agregó algunos detalles del momento del accidente. Él escribió:
 
“Realicé las mismas funciones en Solvay que el arzobispo, solo que en un turno diferente. A menudo nos sustituíamos unos a otros, y el trabajo de algunos días lo hacía uno y luego el otro. Mientras tanto, yo ayudaba trabajando en casa y él necesitaba ese tiempo para estudiar. Estuve en el hospital, lo visité cuando estaba acostado en un accidente. Iba caminando del trabajo y un automóvil lo atropelló cerca de Mateczny. Después del hospital, volvió al trabajo. La comida era escasa, solo había rebanadas de pan secas. Pero él no se avergonzó, trajo café de la cocina y tomaba eso. En ese momento, la sala de calderas estaba bajo la supervisión del capataz Czaja. Recuerdo hasta el día de hoy que le debo al arzobispo el salario de un día, que él trabajó para mí…”
 
(Agmoesja Bugala en Aleteia - Imagen SobreHistoria.com)

domingo, 31 de marzo de 2024

La Virgen María en la Resurrección de Jesús

Es legítimo pensar que verosímilmente Jesús Resucitado se apareció a su Madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (ver Mc 16,1; Mt 28,1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de que Ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que las primeras testigos de la Resurrección, por Voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe.
 
La Virgen santísima, presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el cenáculo en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada también de la resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.
 
En el tiempo pascual la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: «Regina caeli, laetare. Alleluia». «¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!». Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el «¡Alégrate!» que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en «causa de alegría» para la humanidad entera.
 
San Juan Pablo II
21 de mayo de 1997

domingo, 24 de marzo de 2024

Vía Crucis escrito por San Juan Pablo II

San Juan Pablo II escribió de su puño y letra las meditaciones del Vía Crucis para Semana Santa en ocasión del Jubileo del año 2000.
 
El texto completo lo pueden leer y/o imprimir desde la siguiente dirección:
http://www.santorosario.info/Cuaresma/ViaCrucis-JuanPabloII.htm
 
Oración:
Señor Jesucristo, Tú que en el momento de la agonía no has permanecido indiferente a la suerte del hombre y con tu último respiro has confiado con Amor a la Misericordia del Padre a los hombres y mujeres de todos los tiempos, con sus debilidades y pecados, llénanos a nosotros y a las generaciones futuras de tu Espíritu de Amor, para que nuestra indiferencia no haga vanos en nosotros los frutos de tu Muerte.
A Ti, Jesús Crucificado, Sabiduría y Poder de Dios, Honor y Gloria por los siglos de los siglos. Amén.
 
San Juan Pablo II

sábado, 16 de marzo de 2024

Oración a San Juan Pablo II

¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición! Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús. Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.
 
Bendice las familias, ¡bendice cada familia! Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.
 
Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.
 
Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.
 
Cardenal Ángelo Comastri

domingo, 3 de marzo de 2024

San Juan Pablo II, un enamorado del Santo Rosario

San Juan Pablo II fue un gran enamorado del Rosario. Toda la vida lo promocionó de la mejor manera: “rezándolo” en público, en privado, en los grandes acontecimientos, sobre todos aquellos en los que se debía, por las malas circunstancias, invocar la paz.
 
Gracias a él, hoy miles de personas rezan el Rosario con frecuencia, quizás porque ha demostrado y enseñado cuánto hace bien tener esta buena práctica.
 
Lo podemos ver en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, enteramente dedicada a esta oración, y en donde agregó los “Misterios de la luz”.
 
“Tenemos que redescubrir la profundidad mística encerrada en la sencillez de esta oración, tan querida por la tradición popular”, anunció el 16 de octubre del 2002 al presentar la carta.
 
De esta carta y de otras intervenciones del santo padre a los fieles, hemos extraídos algunas de las frases más significativas sobre esta estimada oración del santo Rosario:
 
“El Rosario es la oración más sencilla a la Virgen, pero la más llena de contenidos bíblicos”.
 
“Recorrer con María las decenas del Rosario, es como ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender sus mensajes”.
“En el Rosario hacemos lo que hace María, meditamos en nuestro corazón los misterios de Cristo”.
 
“El Rosario es la oración en la que, con la repetición del saludo del Ángel a María, tratamos de sacar nuestras consideraciones sobre el misterio de la redención  partiendo de la meditación de la Virgen”.
 
“En la oración del Rosario nos unimos a la Virgen como los Apóstoles congregados en el cenáculo después de la ascensión de Cristo”.
 
“La plegaria del Rosario es oración del hombre en favor del hombre: es la oración de la solidaridad humana, oración colegial de los redimidos, que refleja el espíritu y las intenciones de la primera redimida: María”.
 
“El Rosario es la oración que indica la perspectiva del reino de Dios y orienta a los hombres para recibir los frutos de la redención”.
 
“En los misterios del santo Rosario contemplamos y revivimos los gozos, dolores y gloria de Cristo y su Madre Santa, que pasan a ser gozos, dolores y esperanzas del hombre”.
 
“El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana”.
 
“El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo” 

domingo, 25 de febrero de 2024

San Juan Pablo II explica la Transfiguración del Señor

Los Evangelios -y todo el Nuevo Testamento- dan testimonio de Jesucristo como Hijo de Dios. Es ésta una verdad central de la fe cristiana. Al confesar a Cristo como Hijo “de la misma naturaleza” que el Padre, la Iglesia continúa fielmente este testimonio evangélico. Jesucristo es el Hijo de Dios en el sentido estricto y preciso de esta palabra. Ha sido, por consiguiente, “engendrado” en Dios, y no “creado” por Dios y “aceptado” luego como Hijo, es decir, “adoptado”. Este testimonio del Evangelio (y de todo el Nuevo Testamento), en el que se funda la fe de todos los cristianos, tiene su fuente definitiva en Dios-Padre, que da testimonio de Cristo como Hijo suyo.
 
Este testimonio único y fundamental, que surge del misterio eterno de la vida trinitaria, encuentra expresión particular en los Evangelios sinópticos, primero en la narración del Bautismo de Jesús en el Jordán y luego en el relato de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor. Estos dos acontecimientos merecen una atenta consideración. 
 
La teofanía de la Transfiguración se refiere sólo a algunas personas escogidas: ni siquiera se introduce a todos los Apóstoles en cuanto grupo, sino sólo a tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan. “Pasados seis días Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte alto y apartado y se transfiguró ante ellos...”.  Esta transfiguración va acompañada de la “aparición de Elías con Moisés hablando con Jesús”. Y cuando, superado el “susto” ante tal acontecimiento, los tres Apóstoles expresan el deseo de prolongarlo y fijarlo (“bueno es estarnos aquí”), “se formó una nube... y se dejó oír desde la nube una voz: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle” (Mt 17, 5).
 
La voz que escuchan los tres Apóstoles durante la Transfiguración en el monte Tabor, confirma la convicción expresada por Simón Pedro en las cercanías de Cesarea (según Mt 16, 16). Confirma en cierto modo “desde el exterior” lo que el Padre había ya “revelado desde el interior”. Y el Padre, al confirmar ahora la revelación interior sobre la filiación divina de Cristo -“Este es mi Hijo amado: escuchadle”-, parece como si quisiera preparar a quienes ya han creído en Él para los acontecimientos de la Pascua que se acerca: para su muerte humillante en la cruz. Es significativo que “mientras bajaban del monte” Jesús les ordenará: “No deis a conocer a nadie esta visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos” (Mt 17, 9). La teofanía en el monte de la Transfiguración del Señor se halla así relacionada con el conjunto del misterio pascual de Cristo.
 
El Hijo del Hombre que se acerca a su “hora” pascual, es Aquel de quien la voz de lo alto proclamaba en el bautismo y en la transfiguración: “Mi Hijo... amado... en quien tengo mis complacencias... el elegido”. En esta voz se contenía el testimonio del Padre sobre el Hijo. El autor de la segunda Carta de Pedro, recogiendo el testimonio ocular del Jefe de los Apóstoles, escribe pasa consolar a los cristianos en un momento de dura persecución: “(Jesucristo)... al recibir de Dios Padre honor y gloria, de la majestuosa gloria le sobrevino una voz (que hablaba) en estos términos: 'Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias'. Y esta voz bajada del Cielo la oímos los que con Él estábamos en el monte santo” (2 Pe 1, 16-18).
 
San Juan Pablo II
Audiencia General. 27 de mayo de 1987

domingo, 21 de enero de 2024

El santo favorito de San Juan Pablo II

Fueron muchos los santos que tuvieron influencia en la vida de san Juan Pablo II, pero uno de ellos tenía un lugar especial en su corazón...
 
San Juan Pablo II es un santo actual y muy querido en todo el mundo. Durante su vida, si bien fue influenciado por muchos santos, hubo uno que tenía un lugar especial en su corazón. Seguramente no adivinarás de quién se trata.
 
El joven Karol Wojtyla
Durante su juventud, cuando aún no era sacerdote, conoció las obras de san Juan de la Cruz. Un hombre muy piadoso, llamado Jan Tyranowski, fue el responsable de mostrar al joven Karol las numerosas obras del santo.
 
Después, ya ordenado sacerdote, fue enviado a Roma para seguir estudiando. Su tesis doctoral fue, precisamente, sobre las obras del reformador del Carmelo
 
Más datos interesantes en este video: https://dai.ly/x8riyqw

Fuente: Aleteia

sábado, 6 de enero de 2024

Fiesta de la Epifanía del Señor


«La luz brilla en las tinieblas, 
pero las tinieblas no la acogieron» 
(Jn 1, 5).

Toda la liturgia habla hoy de la luz de Cristo, de la luz que se encendió en la noche santa. La misma luz que guió a los pastores hasta el portal de Belén indicó el camino, el día de la Epifanía, a los Magos que fueron desde Oriente para adorar al Rey de los judíos, y resplandece para todos los hombres y todos los pueblos que anhelan encontrar a Dios.

En su búsqueda espiritual, el ser humano ya dispone naturalmente de una luz que lo guía: es la razón, gracias a la cual puede orientarse, aunque a tientas (cf. Hch 17, 27), hacia su Creador. Pero, dado que es fácil perder el camino, Dios mismo vino en su ayuda con la luz de la revelación, que alcanzó su plenitud en la encarnación del Verbo, Palabra eterna de verdad.

La Epifanía celebra la aparición en el mundo de esta luz divina, con la que Dios salió al encuentro de la débil luz de la razón humana. Así, en la solemnidad de hoy, se propone la íntima relación que existe entre la razón y la fe, las dos alas de que dispone el espíritu humano para elevarse hacia la contemplación de la verdad, como recordé en la reciente encíclica Fides et ratio.

Cristo no es sólo luz que ilumina el camino del hombre. También se ha hecho camino para sus pasos inciertos hacia Dios, fuente de vida. Un día dijo a los Apóstoles: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» (Jn 14, 6-7). Y ante la objeción de Felipe añadió: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre. (...) Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14, 9.1 1). La epifanía del Hijo es la epifanía del Padre.

¿No es éste, en definitiva, el objetivo de la venida de Cristo al mundo? El mismo afirmó que había venido para «dar a conocer al Padre», para «explicar» a los hombres quién es Dios y para revelar su rostro, su «nombre» (cf. Jn 17, 6). La vida eterna consiste en el encuentro con el Padre (cf. Jn 17, 3). Por eso ¡cuán oportuna es esta reflexión, especialmente durante el año dedicado al Padre!

La Iglesia prolonga en los siglos la misión de su Señor: su compromiso principal consiste en dar a conocer a todos los hombres el rostro del Padre, reflejando la luz de Cristo, Lumen gentium, luz de amor, de verdad y de paz. Para esto el divino Maestro envió al mundo a los Apóstoles, y envía continuamente, con el mismo Espíritu, a los obispos, sus sucesores.

Conscientes de esta tarea apostólica y misionera, que compete a todo el pueblo cristiano, pero especialmente a cuantos el Espíritu Santo ha puesto como obispos para pastorear la Iglesia de Dios (cf. Hch 20, 28), vamos como peregrinos a Belén, a fin de unirnos a los Magos de Oriente, mientras ofrecen dones al Rey recién nacido.

Pero el verdadero don es él: Jesús, el don de Dios al mundo. Debemos acogerlo a él, para llevarlo a cuantos encontremos en nuestro camino. Él es para todos la epifanía, la manifestación de Dios, esperanza del hombre, de Dios, liberación del hombre, de Dios, salvación del hombre.

Cristo nació en Belén por nosotros. Venid, adorémoslo. Amén.

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad de la Epifanía del Señor
6 de enero de 1999