jueves, 5 de septiembre de 2013

Juan Pablo II y la Biblia

“La Sagrada Escritura, la Biblia, es el libro de las obras de Dios y de las palabras del Dios vivo. Es un texto humano, pero escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. El Espíritu mismo es, por tanto, el primer autor de la Escritura.”
- Czestochowa, JMJ 1991 -
  
“La Constitución Dei Verbum, después de recordar que la palabra de Dios está presente tanto en los textos sagrados como en la Tradición, afirma claramente que: «La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica». La Sagrada Escritura, por tanto, no es solamente punto de referencia para la Iglesia. En efecto, la «suprema norma de su fe» proviene de la unidad que el Espíritu ha puesto entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente”
- Fides et ratio, 14 de Set. de 1998 -

domingo, 1 de septiembre de 2013

Juan Pablo II regaló su anillo a los pobres de Brasil

Un vecino de la favela de Vidigal cuenta cómo, en 1980, el entonces Papa Juan Pablo II regaló su anillo a dicha comunidad Poco después de la gran revolución de la fe que pasó por Rio de Janeiro con la visita del Papa Francisco, aún cientos de peregrinos alargan sus vacaciones para conocer mejor la ciudad y el país.

Quedará el legado de lo que pudieron ser los días que cambiaron la iglesia católica y de su huella, emocional y económica, en la ciudad. Sobre esta última, según se supo tras su marcha, el Pontífice dejó un cheque de 20.000 euros para el Hospital San Francisco y otro del mismo valor para la favela de Varginha que visitó. Pero no fue el primer Papa en dejar su visita y sus regalos inolvidables en una favela. Si Francisco rompe con sus predecesores por llevar el anillo papal, conocido como Anillo de Pescador, de plata y no de oro, Juan Pablo II dejó a medio mundo boquiabierto cuando en 1980 decidió regalárselo a la favela de Vidigal. "Desde entonces, nos convertimos en la favela del Papa, no podíamos tener protección mejor", cuenta Paulo Henrique Muniz, uno de los que formaban parte del comité joven de la Asociación de Moradores que ayudó a recibir a Juan Pablo y también uno de los impulsores del intento de erigir un memorial dedicado a aquel Papa a la entrada de la favela.

Un busto y un mural de fotos deberían ser inaugurados "antes de que Juan Pablo sea canonizado", explica Paulo Henrique Muniz. Poco antes de llegar el Papa, la comunidad de Vidigal –con unas espectaculares vistas que hoy atraen diariamente a centenares de turistas- se encontraba bajo amenaza de demolición para construir varios hoteles, premonición del fenómeno que se viene repitiendo en las comunidades de la Zona Sur después de la pacificación.

 "Nos querían llevar a una región muy lejana, sin infraestructura y sin lugares de trabajo, pero nuestra lucha consiguió pararla. Y la única institución en la que buscamos ayuda fue en la Iglesia católica, que fue muy importante y estaba creando una pastoral de favelas", recuerda Muniz, que asegura que cuando se empezó a correr la voz de que el Papa iba a visitar una favela, sabían que iba a ser Vidigal porque el obispo de Rio en la época, Eugenio Salles, conocía bien la situación de la comunidad. "Por aquel entonces, el obispo recibía llamadas de los militares, puesto era aún la época de la dictadura, advirtiéndole de que no se mezclara con nosotros, a los que nos llamaban comunistas. Pero nuestra lucha era tan inocente que ni siquiera tenía lazo con partidos políticos, nunca pudieron demostrar tal extremo porque no existía", explica Muniz.

Antes de la visita del entonces pontífice, en la comunidad se preocuparon por su seguridad. "No por parte de la gente de Vidigal, nadie de aquí le iba a hacer nada, pero si alguien de fuera se infiltraba y le sucedía algo al Papa en la favela sería horrible", refresca Paulo Henrique. Así que decidieron poner a un vecino como agente de seguridad por cada policía que destinaron las autoridades. Ya entonces, Karol Wojtyla habló en la favela de que "la Iglesia desea ser la Iglesia de los pobres" y dedicó reprimendas a quienes "viven en la abundancia y el lujo". "Deben sentir remordimientos de conciencia, puede ser que sean menos hombres".

La sorpresa fue mayúscula cuando Juan Pablo se quedó sin anillo al regalarla a los vecinos de Vidigal. La alegría traía consigo una gran responsabilidad. "Era el mejor título de propiedad que podíamos tener, convertirnos en la favela del Papa y tener su anillo", reconoce Muniz. En un inicio pensaron en vender el anillo para invertir en mejorías. "Pero sólo la urbanización de todas las favelas de Rio podría pagar el precio del anillo y eso no iba a suceder". Así que decidieron quedarse con el anillo en la favela, pero muy pronto la preocupación fue otra: podrían robar el anillo si se quedaba en la comunidad. Después de comprobar que no existía una aseguradora que pudiera garantizar que no robaran el anillo, lo donaron a la Archidiócesis de Rio de Janeiro, que estaba creando un museo con todo lo que el Papa usó en aquellos días y, a cambio de guardarlo en la Catedral, pidió una réplica exacta en oro para la favela y dejó abierta a los vecinos de la favela la oportunidad de usarlo en los eventos en los que lo creyeran conveniente. 

"La réplica se quedó en la Iglesia y a todo el mundo le gustaba explicar la historia del anillo que por allí andaba. Fuimos muy inocentes y lo guardamos en un cofrecito con un candado cualquiera", cuenta Paulo Henrique. "Un día alguien que estuvo bebiendo en un bar próximo a la iglesia y escuchó a la gente hablar del anillo entró en la Iglesia y robó el anillo", explica. El obispo Salles se entristeció cuando recibió la noticia pero mandó a una joyería hacer una nueva réplica. Hoy, ocho personas (entre las que se encuentra el propio Paulo Henrique) cuidan de esa réplica quedándosela en casa rotativamente sin una periodicidad fija. "Así el anillo está a salvo y tenemos una excusa para seguir encontrándonos", reconoce sonriente Paulo Henrique, uno de los ochos custodios del anillo.

[…] La lucha de las favelas, en nuestra época, era más fuerte, hoy es más dispersa", opina. Con todo, Francisco "ha llegado muy dentro de los moradores de Vidigal […] es de nuevo el Papa de los pobres y además parece decidido a revolucionar la Iglesia.

Foro Juan Pablo II

jueves, 29 de agosto de 2013

Juan Pablo II, el papa de los jóvenes

El próximo año tendrá lugar la canonización de Juan Pablo II. Haciendo un balance de los veintiséis años de su pontificado se puede asegurar que los jóvenes tuvieron un papel protagonista en el mismo. El día de su elección no solo se ganó la adhesión de los jóvenes que estaban en el recinto flanqueado por la columnata de Bernini, sino la de todos los jóvenes del mundo entero. A su entusiasmo, Juan Pablo II respondía con un cariñoso: "Vosotros sois el porvenir del mundo. Vosotros sois mi esperanza. El mañana depende de vosotros." Esos entusiastas jóvenes, capaces de esperar horas y horas bajo el frío nórdico o el calor mediterráneo, demuestran la total sintonía entre ambos. Creían en él porque los escuchaba y los entendía. Confiaban en él y él disfrutaba con ellos y participaba de su vitalidad y alegría.

Pero lo que más valoraban los jóvenes es que él los tomaba en serio. Se los ganaba de un modo natural –sin falsedades– y espiritual, proponiéndoles grandes retos e ideales capaces de cambiar el rumbo de sus vidas y, por ende, el de la humanidad.

"No habrá un mundo mejor, nada se arreglará en la vida social mientras no se dé preferencia a los valores del espíritu humano". Estas palabras, pronunciadas en 1979, siguen teniendo actualidad hoy más que ayer y urge llevarlas a la práctica para conseguir una sociedad mejor y más justa.

Aunque el ambiente en el que se reunía con ellos era distendido y festivo, él no les ofrecía diversión, ni concesiones, sino un programa de vida atractivo, pero exigente. En esos encuentros multitudinarios con los jóvenes –entre ellos las Jornadas Mundiales de la Juventud que él creó– veíamos a jóvenes con su mochila y saco de dormir al hombro, alegres sin tomar alcohol, sin caprichos, que acudían a la llamada de un hombre mayor, de un anciano cada vez con más achaques físicos, pero con una capacidad de convocatoria jamás vista.

La fuerza de Juan Pablo II radicaba en su personalidad; no disfrazaba la verdad con su oratoria; ahí radicaba su secreto: en su honestidad y transparencia, a la vez que en su valentía para proclamar la verdad, fuera quien fuera el interlocutor.

"La verdad os hará libres". Él quería edificar una "civilización del amor", no del placer –que no es progreso, sino esclavitud–. "No grabéis un contenido deformado, empobrecido y falseado en el proyecto de vuestra vida: el amor se complace en la verdad. Buscadla donde se encuentre de veras. Si es necesario, sed decididos en ir contracorriente de las opiniones que circulan y de los eslóganes propagandísticos".

Hoy, nuestras calles, medios de comunicación, en definitiva, nuestra sociedad está llena de mensajes hedonistas y superficiales; el hombre solo será libre cuando descubra que la felicidad no está en el placer efímero sino en la vivencia de una vida auténtica, fundada sobre sólidos principios. "La raíz del mal está en el corazón del hombre. El remedio también está en el corazón".   

Foro Juan Pablo II

jueves, 22 de agosto de 2013

Festividad de María Reina

Catequesis de S.S. Juan Pablo II del 23 de julio de 1997:
La devoción popular invoca a María como Reina. El Concilio, después de recordar la asunción de la Virgen «en cuerpo y alma a la gloria del cielo», explica que fue «elevada (...) por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores (cf. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte» (Lumen gentium, 59).

En efecto, a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el concilio de Éfeso la proclama «Madre de Dios», se empieza a atribuir a María el título de Reina. El pueblo cristiano, con este reconocimiento ulterior de su excelsa dignidad, quiere ponerla por encima de todas las criaturas, exaltando su función y su importancia en la vida de cada persona y de todo el mundo.

Mi venerado predecesor Pío XII en la encíclica Ad coeli Reginam, a la que se refiere el texto de la constitución Lumen gentium, indica como fundamento de la realeza de María, además de su maternidad, su cooperación en la obra de la redención. La encíclica recuerda el texto litúrgico: «Santa María, Reina del cielo y Soberana del mundo, sufría junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (MS 46 [1954] 634). Establece, además, una analogía entre María y Cristo, que nos ayuda a comprender el significado de la realeza de la Virgen. Cristo es rey no sólo porque es Hijo de Dios, sino también porque es Redentor. María es reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque, asociada como nueva Eva al nuevo Adán, cooperó en la obra de la redención del género humano (MS 46 [1954] 635).

El título de Reina no sustituye, ciertamente, el de Madre: su realeza es un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le fue conferido para cumplir dicha misión.

Así pues, los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto no sólo no disminuye, sino que, por el contrario, exalta su abandono filial en aquella que es madre en el orden de la gracia.

Se puede concluir que la Asunción no sólo favorece la plena comunión de María con Cristo, sino también con cada uno de nosotros: está junto a nosotros, porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro itinerario terreno diario. También leemos en san Germán: «Tú moras espiritualmente con nosotros, y la grandeza de tu desvelo por nosotros manifiesta tu comunión de vida con nosotros» (Hom 1: PG 98, 344).

Por tanto, en vez de crear distancia entre nosotros y ella, el estado glorioso de María suscita una cercanía continua y solícita. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia, y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida.

Elevada a la gloria celestial, María se dedica totalmente a la obra de la salvación para comunicar a todo hombre la felicidad que le fue concedida. Es una Reina que da todo lo que posee compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo.

Beato Juan Pablo II

domingo, 18 de agosto de 2013

Benedicto XVI y Juan Pablo II, cara y sello de una misma moneda

Por: JUAN GOSSAÍN - 19 de Febrero del 2013

Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa Benedicto anunció su retiro. La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.

"El problema se inició hace diez años", me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes. Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

"Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo.

Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio".

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. "Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario".

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. ("¿Cómo se explica usted", pregunta Escobar, "que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente". Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa).

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

"Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: '¿Usted por aquí, cardenal? ¿Ustedes dos no son enemigos? Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: 'No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio' ".

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, "que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno".

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, "pero le respondió con otra belleza. 'Si usted observa un pájaro detenidamente' -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón' ".

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama: "Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro".

domingo, 11 de agosto de 2013

La Iglesia, pueblo de Dios

"...Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz; ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios; ustedes que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado..."  (1ra. carta de San Pedro, capítulo 2, versículos 9-10)

"...El Concilio saca principalmente de la primera Carta de Pedro su enseñanza sobre el Pueblo de Dios de la Nueva Alianza, heredero de la Antigua Alianza. «Quienes creen en Cristo, renacidos no de un germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la Palabra de Dios vivo (cf. 1 P 1, 23), no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 5-6), pasan, finalmente, a constituir un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición (...), que en un tiempo no era pueblo y ahora es Pueblo de Dios» (Lumen gentium, 9). Como se ve, esta doctrina conciliar subraya, con San Pedro, la continuidad del Pueblo de Dios con el de la Antigua Alianza, pero destaca asimismo la novedad, en cierto sentido absoluta, del nuevo pueblo instituido en virtud de la Redención de Cristo, salvado (=adquirido) por la Sangre del Cordero."

"El Concilio describe la novedad de «este pueblo mesiánico» que «tiene por cabeza a Cristo, que "fue entregado por nuestros pecado y resucitó para nuestra salvación" (Rm 4, 25) (...). La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros (cf. Jn 13, 34). Y tiene en último lugar, como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos él mismo también lo consume, cuando se manifieste Cristo, vida nuestra (cf. Col 3, 4), y "la misma criatura sea libertada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de los hijos de Dios" (Rm 8, 21)» (Lumen gentium, 9)."

"Se trata de la descripción de la Iglesia como Pueblo de Dios de la Nueva Alianza (cf. Lumen gentium, 9), núcleo central de la humanidad nueva llamada en su totalidad a formar parte del nuevo pueblo. En efecto, el Concilio añade que «el pueblo mesiánico (...) aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación. Cristo, que lo instituyó para ser comunión de vida, de caridad y de verdad, se sirve también de Él como de instrumento de la redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16)» (Lumen gentium, 9)..."

Beato Juan Pablo II
Audiencia 6 de noviembre de 1991

jueves, 8 de agosto de 2013

Cristo Rey o Domingo de la Misericordia para canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII

El Papa Francisco reveló a los periodistas a bordo del avión que lo llevó desde Rio de Janeiro a Roma, que aún no se ha decidido la fecha en que se celebrará la ceremonia de canonización de sus antecesores Juan Pablo II y Juan XXIII pero adelantó que podría ser en la Solemnidad de Cristo Rey que se celebra en noviembre, o el próximo 27 de abril de 2014, Domingo de la Misericordia.

Al ser consultado sobre el modelo de santidad que para él representan los dos Pontífices, el Papa Francisco aseguró que Juan Pablo II “fue un gran visionario de la Iglesia. Un hombre que ha llevado el Evangelio a todos. Es un san Pablo. Un grande. Hacer la ceremonia de canonización juntas es un mensaje a la Iglesia: estos dos son buenos”.

Tras recordar que “siguen su curso las causas de Pablo VI y Juan Pablo I”, explicó que pensaba realizar la canonización en diciembre próximo “pero hay un gran problema: los pobres que tienen que venir de Polonia”.

“Los que tienen dinero pueden venir en avión, pero para los pobres que tengan que venir en autobús el viaje en diciembre es muy duro. Creo que habrá que repensar la fecha. Hemos visto dos posibilidades, o Cristo Rey de este año o el domingo de la Misericordia del próximo año. Creo que es poco tiempo el Cristo Rey de este año”, sostuvo.

Juan XXIII, un cura de pueblo

Sobre el Papa Bueno, Francisco consideró que “Juan XXIII es un poco la figura del cura de pueblo. El cura que ama a cada uno de sus fieles y sabe cuidar a sus fieles. Y esto lo ha hecho como arzobispo, como nuncio... Es un cura de pueblo bueno, y con un sentido del humor muy grande y una gran santidad”.

El Papa recordó que cuando Mons. Ángelo Giusseppe Roncalli  - luego Juan XXIII -  era nuncio, “algunos no lo querían mucho en el Vaticano y cuando llegaba a llevar cosas o a pedir alguna cosa en las oficinas, lo hacían esperar. Nunca se quejaba. Rezaba el rosario, leía el breviario. Era un hombre humilde. Y también alguien que se preocupaba por los pobres”.

Además, relató que “una vez, el cardenal Casaroli volvió de una misión creo que en Turquía o en la antigua Checoslovaquia y fue a verlo para informarle de la misión, en aquellos tiempos de la diplomacia de pequeños pasos. Cuando Casaroli se iba, lo paró y le dijo: excelencia, una pregunta: ¿usted continúa yendo a visitar a aquellos jóvenes presos la cárcel de menores de Casal del Marmo? El cardenal le dijo que sí y Juan XXIII le pidió: no los abandone nunca”.

Juan XXIII “era un grande. Un hombre que se dejaba guiar por el Señor”, dijo Francisco.

Fuente: ACIprensa

domingo, 4 de agosto de 2013

Oración de Juan Pablo II por los sacerdotes

Oh María,
Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.

Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,
oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,
que estuviste con Él al comienzo de su vida
y de su misión,
lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en la cruz,
exhausto por el sacrificio único y eterno,
y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:
acoge desde el principio
a los llamados al sacerdocio,
protégelos en su formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su ministerio,
oh Madre de los sacerdotes.
Amén

Exhortación Apóstolica Postsinodal "Pastores Dabo Vobis" 25-III-1992 . 

miércoles, 24 de julio de 2013

Juan Pablo II y la JMJ

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una celebración de la fe. Es un gran acontecimiento, en el que fiesta y fe se unen inseparablemente y al que el Papa invita a jóvenes de todo el mundo a un lugar concreto. La Jornada Mundial de la Juventud es internacional: llegan jóvenes de más de 180 naciones. Su objetivo común: conocerse entre sí, compartir experiencias y celebrar una gran fiesta ante la presencia del Papa.

¿Cuál es el origen de las jornadas mundiales de la juventud?

En 1984 más de 300.000 jóvenes de todo el mundo acudieron a Roma para el Jubileo Internacional de la Juventud el domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro. Estaban respondiendo así a la invitación del Papa de celebrar el Año Santo de la Redención en 1983 /1984, marcando el 1950 aniversario de la de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Abrumado por el gran número de personas, la noche antes del domingo de Ramos, el Papa Juan Pablo II dijo a los jóvenes: "¡Que fantástico espectáculo veros todos aquí hoy! ¿Quién dijo que los jóvenes de hoy en día habían perdido sus valores? ¿Quién dice que no se puede contar con ellos?"

En ese momento, Juan Pablo II confió a los jóvenes del mundo un símbolo del amor de Cristo por la humanidad "para que fuese llevado a todo el mundo": una enorme cruz de madera, conocida ahora como la "Cruz de los Jóvenes" Y así empezó la búsqueda personal del Papa para que este magnífico encuentro de fe de los jóvenes se convirtiese en algo más permanente.

Un año después, la Organización de las Naciones Unidas proclamaron 1985 como el "Año Internacional de la Juventud". El Papa vio en esa ocasión una maravillosa oportunidad para organizar otro gran encuentro de jóvenes para ese año e invitó a los jóvenes del mundo a celebrar con él el domingo de Ramos en Roma; más de 250.000 jóvenes respondieron a su llamada.

Inspirado por esos dos grandes eventos, el Papa Juan Pablo II deseó que los jóvenes del mundo pudiesen celebrar y aprender de forma continuada más cosas sobre la fe. Una semana después de la celebración con los jóvenes, el Papa Juan Pablo II anunció la creación de la Jornada Mundial de la Juventud:

"El Señor nos ha dado sus bendiciones especiales para este encuentro (el Domingo de Ramos), así en los años venideros, la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud tendrá lugar todos los domingos de Ramos conjuntamente con el Consejo de los Laicos".

Así nació la Jornada Mundial de la Juventud. Se convirtió en una de las principales características que definieron del papado de Juan Pablo II, vista como una forma de acercarse a la próxima generación de católicos, demostrando tener confianza en ellos, rejuveneciendo la iglesia y llevando a cabo sus enseñanzas.

Los principios básicos de la Jornada Mundial de la Juventud son:

- Una expresión de la Iglesia universal
- Un instrumento de evangelización de los jóvenes
- Una "Epifanía" de los jóvenes de la Iglesia
- Un símbolo efectivo de la Unión Eclesial
- Un peregrinaje de fe, ambos espiritual y practico

¿Cuántas jornadas mundiales de la juventud se han celebrado hasta el momento?

Hasta ahora ha habido 28 Jornadas Mundiales de la Juventud, y de ellas 12 como encuentros internacionales: en 1987 en Buenos Aires (Argentina), en 1989 en Santiago de Compostela (España), en 1991 en Czestochowa (Polonia), en 1993 en Denver (EEUU), en 1995 en Manila (Filipinas), en 1997 en París (Francia), en 2000 en Roma (Italia), en 2002 en Toronto (Canadá), en 2005 en Colonia (Alemania), 2008 en Sydney, 2011 en Madrid y 2013 en Río de Janeiro.

Fuente: Web Católico de Javier

domingo, 21 de julio de 2013

Juan Pablo II y la juventud

¿Por qué Juan Pablo II atrajo a tantos jóvenes a pesar de que el mensaje cristiano es exigente, sobre todo en materia sexual? A nadie le ha sido velado que ese mensaje siempre ha sido riguroso, como tampoco se le ha ocultado que también es fuente de alegría. Es duro vivirlo no sólo en el campo sexual sino en todas las realidades de la vida. Nada auténtico, coherente y duradero se construye sin dificultad. Juan Pablo II lo sabía y por eso presentó a los jóvenes el camino cristiano desde la óptica del amor de Dios; un amor que es buscar el bien y la vida para sí mismo y para los demás.

Los jóvenes fueron sensibles a ese lenguaje y a la persona de Juan Pablo II. Les habló de la vida allí donde no escuchaban otra cosa que muerte, droga y suicidio; de fracasos en el campo afectivos con el divorcio, las relaciones precoces y demás plagas sociales. El Papa de la sonrisa siempre nueva tuvo fe en ellos y a la vez les regaló fe en la vida. Les dijo que era posible vivir y triunfar en ella y les explicó incluso cómo hacerlo.

Si las generaciones precedentes no les ofrecieron convicciones firmes ni les enseñaron a vivir con un bagaje de valores que no fueran los del consumo, ¿qué iban a hacer los jóvenes? Se dirigieron, en ejemplar actitud de apertura, a los mayores, a los ancianos, para obtener lo que no tenían. Juan Pablo II fue el punto de referencia, el enlace con la historia y la memoria cultural y religiosa. Los jóvenes percibieron en él palabras auténticas, se sintieron respetados, valorizados y tomados en serio: «él sí tiene fe en nosotros», decían.

El Papa polaco tuvo confianza en ellos y muestra de esto fue el espectáculo de fe que ofreció al mundo con esa dimensión hasta entonces desconocida de «click» religioso-juvenil: las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).

Cada una fue una etapa histórica para los jóvenes participantes. A partir de las jornadas mundiales ya no se pudo hablar del mismo modo de religión. La inteligencia de la fe se nutrió en las almas de los asistentes que fueron irradiando ese fuego al regresar a sus lugares de origen.

El hecho religioso es un hecho social y permanece inscrito en el ritmo del calendario. A la privatización de la vida religiosa, los jóvenes, impulsados por la confianza del «Papa amigo», respondieron con un no contundente. Percibieron, en la fuerza y nobleza de las palabras del «Papa siempre joven», que la vida espiritual es una exigencia humana que el poder público debe reconocer, respetar y honrar porque califica a cada ser humano y constituye uno de los componentes esenciales de la realidad cotidiana.

No fue raro, aunque no deje de maravillar, que en la víspera de la muerte del «Papa Magno», se agolparan las multitudes de rostros lozanos y almas renovadas por la escucha de la palabra de Dios transmitida por aquel hombre venido de una tierra golpeada por el látigo del comunismo. «La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador», había escrito el Santo Padre en su mensaje para la jornada mundial de la juventud 2003.

Fuente: Catholic.net

miércoles, 17 de julio de 2013

Cómo llega Juan Pablo II a la santidad

El papa Francisco anunció la canonización de dos de sus predecesores: el papa Juan Pablo II (sumo pontífice entre 1978 y 2005) y el papa Juan XXIII (1958-1963). No debería sorprendernos que Juan Pablo II, cuyo pontificado predominó a finales del siglo XX, esté en la vía rápida a la santidad.

Cuando murió en 2005, la multitud coreaba: "¡Santo, súbito!" (¡Santo, ya!). El Vaticano verificó su primer milagro: haber curado el Parkinson de una monja francesa. Él también padeció esa enfermedad un par de meses antes de morir. Lo beatificaron en 2011 y su segundo milagro —una mujer costarricense que tenía un aneurisma se curó luego de haber orado en uno de sus santuarios— fue ratificado ese mismo año.

Por otra parte, la canonización de Juan XXIII fue inesperada, pero tiene sentido. Juan presidió el Segundo Concilio Vaticano, la gran reunión fue celebrada a mediados del siglo pasado con la que transformó completamente el catolicismo moderno y que ahora cumple cincuenta años.

El papa Francisco ha enfatizado la naturaleza divina de la labor de este concilio durante los últimos meses y omitió el requisito de acreditar dos milagros de su autoría.

Un vocero del Vaticano subrayó que "como nadie duda" de la santidad de Juan, el papa Francisco decidió seguir adelante con la doble canonización. (Los primeros reportes procedentes de Italia indican que el 8 de diciembre —que este año cae en domingo— y la fiesta de la Inmaculada Concepción son las fechas más probables).

¿Por qué se canoniza a un papa? Esencialmente, los católicos creen que un santo es una persona divina ya fallecida a través de la cual Dios interviene para ayudar a los vivos. Durante los primeros 1,500 años de la historia del catolicismo, la proclamación de un santo ocurría por votación popular y no por medio de un procedimiento papal formal. Aunque había algunos santos celebrados en todo el mundo cristiano, la gran mayoría solo gozaba de veneración local o regional.

Como ocurrió con muchos otros procedimientos católicos, los movimientos de reforma del papado medieval llevaron gradualmente al control del proceso de canonización. En 1588, el papa Sixto V implementó la "Sagrada Congregación de Ritos", un órgano que debía asumir el control total de todos los procedimientos de beatificación y canonización.

Sin embargo, las comunidades locales y los líderes religiosos siempre han pretendido promover a sus santos locales y a veces empiezan a venerar a algunas personas sin contar con la aprobación oficial del Vaticano. De hecho, el papa Juan Pablo II supervisó la canonización de más personas (483) de las que habían sido proclamadas en los 500 años anteriores, en parte para dar el respaldo del Vaticano a los santos que habían surgido en todo el mundo católico.

De los 256 papas, 78 fueron canonizados. Esta podría parecer una cifra importante, pero incluye a 52 de los primeros 54 papas. Luego del siglo VI, el proceso decreció rápidamente. Para la época de los grandes movimientos en la reforma del Medievo, la mayoría de los papas no eran proclamados santos ni era necesario que ocurriera, ya que la santidad era reservada para aquellas personas que no estaban tan profundamente envueltas en los asuntos mundanos.

El papa Celestino V, por ejemplo, podría haberse vuelto santo, pero era más reconocido por su discreta vida como ermitaño que por su breve papado (también representó una fuente de inspiración para el retiro del papa Benedicto XVI). Durante la era moderna, ha sido más probable que se reconozca como santos a los líderes piadosos de algunas comunidades como la Madre Teresa y otros personajes que no pertenecían a la élite de la jerarquía católica. Así, la incipiente canonización de estos dos papas resulta inusual.

¿Qué sucede en Roma? Hay que remitirse a los pasajes de la historia: para decidir quién puede ser santo casi siempre se toma en cuenta el contexto local y las necesidades contemporáneas. Muchos de los elementos más conservadores del mundo católico han promovido la santidad de Juan Pablo II. Sin embargo, Juan XXIII es una especie de héroe para los grupos más liberales por su apoyo al Concilio Vaticano II.

Tal vez, al relacionar a estos dos papas, Francisco quiere hacer algo más para enfatizar la continuidad y las relaciones que existen entre los católicos de todas clases, un tema que ha predominado hasta ahora en su papado.

Por David M. Perry, especial para CNN
David M. Perry es profesor adjunto de Historia 
en la Universidad Dominica en River Forest, Illinois.

miércoles, 10 de julio de 2013

Juan Pablo II y el ave mensajera

La recogió un día, moribunda, en los yermos campos de la guerra. Iba herida por una bala. Entonces vio que en sus patas llevaba un mensaje de amor de su Señor.

Transido de dolor, Juan Pablo la abrazó contra su pecho, diciéndole: "Muere tranquila, herida viajera del amor, que diste -como Él- tu vida por un sueño. Yo llevaré tu mensaje a todos los rincones de la tierra. Tan sólo dame para llegar tus alas en el viento, tu vuelo de un solo amanecer, tu anhelo infinito… Al fin, tú y yo teníamos el mismo Señor y el mismo destino. Yo seguiré el camino, hasta donde alcancen mis días".

Así, el peregrino de tanto andar y andar se convirtió en paloma. Y en tímida aurora, la noche de la vida. Y fue por todos los rumbos del planeta, sembrando su paz. Diciendo a los pueblos y al viento huracanado las nuevas de esperanza. Después se perdió en el horizonte. Como todo pasa. Como pasa el sueño de un ave mensajera. Así empezó a clarear el nuevo día sobre el mundo. En algún lugar floreció la esperanza.

Así pasaron por la vida Juan Pablo y la paloma, en el camino largo de una estrella…  

Por Carlos Balaguer

jueves, 4 de julio de 2013

Juan Pablo II a un paso de la canonización

03/07/2013 - Juan Pablo II está cada vez más cerca de ser santo. La comisión de cardenales de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano aprobó la atribución de un segundo milagro a Karol Wojtyla, paso clave para su canonización. Aprobado el supuesto milagro por la comisión médica y por la comisión de Cardenales y obispos, ahora sólo falta que el papa Francisco promulgue el decreto a través del cual se reconoce el milagro y fije la fecha para su canonización, que podría ser a finales de este año.

Si bien todavía no hubo información específica sobre los detalles del milagro, en abril pasado, una comisión de siete médicos consultada por la Congregación reconoció la curación inexplicable de una mujer. Se trataría de un suceso ocurrido la noche de su beatificación en mayo del 2011. Hasta ahora se desconoce el nombre y el lugar en donde fue realizado el milagro por intercesión del pontífice polaco.

Según trascendió, el Papa Francisco podría proclamar santos en una única ceremonia a Juan Pablo II y a Juan XXIII, a quien considera "modelo de santidad", por su sencillez y bondad. La ceremonia para tal fin podría concretarse entre el mes de octubre y diciembre de este año.   Monseñor Santiago Olivera, Obispo de Cruz del Eje y delegado del episcopado argentino para las Causas de los Santos dialogó con María Fernanda Maurutto y le dejaba su parecer respecto a esta buena noticia. Mons. Olivera, en relación a los santos dijo que "Cuando la Iglesia los propone lo hace como faro de luz y modelo a imitar para cada uno de nosotros".

Fuente: Radio María Argentina